Reportaje

VÍDEO| Prueba del Porsche 911 Targa 2.0T de 1969: el primero con pecera de serie

VÍDEO| Prueba del Porsche 911 Targa 2.0T de 1969: el primero con pecera de serie

14 de abril, 2022

Esta vez el clásico que probamos apenas necesita presentación, y es que se trata de uno de los coches más conocidos por todos en todo el mundo: el Porsche 911. Esta versión es una de las primeras con el chasis ya alargado y el cristal trasero de serie, uno de los 911 más auténticos que puedas encontrar.

Porsche es una de esas marcas que no necesita presentación y dentro de ella, uno de los modelos más característicos probablemente sea el Porsche 911 Targa, un concepto de coche que se sacaron de la manga los de Stuttgart para salvarse de una posible prohibición en los EE.UU. y que se ha convertido en todo un icono para los aficionados. En esta vídeo prueba de un clásico os muestro uno de los primeros Porsche 911 Targa, es cierto que ya con una carrocería de batalla larga, pero todavía con el motor original de 2 litros con el que se presentó el modelo.

Este Porsche 911 Targa 2.0 T de 1969 es una de las primeras unidades en montar de serie el característico cristal trasero que se convirtió en una seña de identidad del modelo que se ha recuperado recientemente con los 991 Targa y se mantiene también en los 992. Ha sido sometido a un laborioso trabajo de restauración en el que se le ha devuelto su color original, los acabados y el esplendor con el que salió de fábrica hace más de medio siglo.

Con un motor de 110 CV, sus prestaciones son inferiores a las de otro clásico de su misma época y que también os trajimos en esta vídeo prueba del Alfa Romeo GTV 2000, también su conducción es más delicada y exige más dominio del volante, pero este 911 Targa añade la posibilidad de disfrutar al aire libre de un clásico muy exclusivo y con una personalidad única que ha forjado en gran medida la fama actual de Porsche como fabricante de coches de altas prestaciones.

Porsche 911 Targa 2.0T: auténtico

Ojos saltones y cara sonriente.

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Sin lugar a dudas, las primeras generaciones de los Porsche 911 son las más auténticas. Sus líneas son las originales, más sutiles y elegantes que en las sucesivas evoluciones en las que se cambiaron los cromados por plásticos negros, parachoques cada vez más grandes y un aspecto más pesado y recargado hasta acabar por cambiar radicalmente de estilo con la llegada del 996  y su refrigeración líquida.

El modelo que he probado es de los primeros con batalla alargada, un cambio que apenas se nota estéticamente ya que básicamente lo que se hizo fue desplazar ligeramente hacia atrás las ruedas traseras, lo bastante como para hacer su conducción más estable y sencilla, pero no tanto como para que se aprecie un cambio en sus proporciones visualmente. Las rejillas cromadas junto a los pilotos delanteros (recordando a las de los 356), el capó afiladísimo rematando sobre un paragolpes también muy estilizado, los marcos cromados de los pilotos traseros, la rejilla brillante en el capó trasero para refrigerar la mecánica… es la esencia del diseño que Butzy Porsche se sacó de la manga y que se ha convertido en una de las siluetas más reconocibles del mundo del automóvil.

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El ejemplar probado ha sido sometido a una restauración integral que se ha prolongado durante 3 años en los que nada ha sido fácil, pero ha merecido la pena. He tenido la suerte de vivirla de cerca y te la cuento con todo detalle y muchas imágenes en este reportaje sobre la restauración del Porsche 911 Targa 2.oT.

Está claro que el resultado ha merecido la pena ahora que está acabado y como puedes disfrutar en esta galería fotográfica y en el vídeo.

Porsche 911 Targa 2.0T: hijo de una histeria

El 911 es ya una leyenda.

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El diseño Targa de Porsche fue una reacción bastante inteligente y previsora por parte de la marca alemana frente a la amenaza de la prohibición en los EE.UU. de los coches descapotables por su falta de seguridad en caso de vuelco. El mercado americano era vital para Porsche y para muchas marcas europeas a las que el interesante personaje de Max Hoffman abrió los ojos. Sin él y su capacidad para abrir las puertas del mercado americano es probable que Porsche, Volkswagen o Mercedes no se hubiesen convertido jamás en lo que son ahora.

Para eludir la posible prohibición de los descapotables por motivos de seguridad, los diseñadores de Stuttgart presentaron en 1965 un nuevo concepto de coche para disfrutar al aire libre pero protegidos en caso de vuelco, el nuevo Porsche 911 Targa, una denominación que rendía culto a las victorias de Porsche en la mítica Targa-Florio. Para garantizar la integridad de los ocupantes en caso de vuelco, la idea de Porsche fue mantener un arco en la estructura trasera del coche. Ese grueso arco trasero se convertiría en una de las señas de identidad más llamativas del modelo, que con el techo practicable desmontado y la lona trasera plegada parecía una especie de cesta de picnic con un gran asa.

El diseño fue bien aceptado y las ventas no fueron nada mal. Finalmente lo de prohibir los descapotables en los Estados Unidos no se llevó a cabo, pero Porsche mantuvo ese arco en sus «descapotables» durante más de una década antes de ofrecer el primer 911 realmente descapotable, que llegaría con la generación de los SC y Carrera 3.2. La primera carrocería completamente descapotable del 911 se presentaría en un concept car con tracción total en el Salón de Frankfurt de 1981, pero a los concesionarios no llegaría hasta 1983 (sin la tracción total).

Sin embargo, el hecho de que apareciese una carrocería completamente descapotable no hizo desaparecer a los Targa, que se mantuvieron en catálogo. Con la llegada de los 993 Porsche reinventó el concepto de Targa y abandonó la característica zaga y el techo practicable, convirtiéndolo en un modelo con un techo de cristal deslizante que tenía la particularidad de contar con una luneta abrible que añadía mucha versatilidad al 911.

Esta idea se mantuvo en los Porsche 911 Targa de las generaciones 996 y 997, pero con la llegada del 991 se volvió al concepto original.

Porsche 911 Targa 2.0T: de opcional a única opción

La luna trasera de vidrio empezó siendo una opción, pero se volvió la única opción.

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Tras el arco de seguridad del Targa de 1965 se montaba una pieza de lona abatible con una luneta de material plástico. Desmontando el techo plegable y abatiendo esa lona se conseguía una sensación prácticamente idéntica a la de ir en un verdadero descapotable. Sin embargo, los clientes se quejaban del mal ajuste de esta parte y de la escasa visibilidad que proporcionaba. Por este motivo Porsche empezó a ofrecer como opción un acabado en el que la lona escamoteable daba paso a una luneta de vidrio templado completamente panorámica. Estéticamente era más limpio el diseño, ya que parecía que el coche estaba siempre descapotado, dentro aportaba mucha luminosidad, como si fuésemos con el techo abierto siempre y, además aislaba mucho mejor de las inclemencias a los pasajeros, que gozaban de muchísima más visibilidad y también contaban con una resistencia eléctrica para su desempañado.

La idea de la luneta trasera de vidrio en los Targa fue tan buena que pronto se convirtió en la opción más demandada, de modo que con el cambio de año modelo del Porsche 911 en verano de 1968 dejó de ofrecerse la lona plegable en la zaga del Targa, aprovechando que también se añadían unos centímetros a la batalla del 911 para acallar las críticas sobre su nervioso comportamiento.

El protagonista de esta prueba es uno de los primerísimos Porsche 911 Targa con el cristal trasero ya de serie y con la distancia entre ejes aumentada, lo que lo convierte en un ejemplar muy exclusivo y uno de los pocos «nueveonce» de batalla larga con el motor original de 2 litros de carburación con el que nació el mito del Porsche 911.

Porsche 911 Targa 2.0 T: con T de tranquilo

El 911 fue el primer coche con limpialuneta.

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Llama la atención que el Porsche 911 presentado en 1963 ofreciese una cifra de potencia claramente superior a la de nuestro protagonista (130 frente a 110 caballos), nacido seis años más tarde. Lo cierto es que esos 110 CV tenían su razón de ser. Porsche introdujo la denominación T en sus modelos para denominar a las versiones «Touring», pensadas para conductores tranquilos que quisieran un coche de aspecto deportivo pero les gustase una conducción más relajada gracias a una puesta a punto del motor en la que la potencia no se lograse a altas revoluciones y la entrega de par fuese más lineal y constante. Esto hacía más fácil a muchos conductores disfrutar de su 911, que no tenían que exprimir tanto las marchas para moverse con agilidad.

Visto con perspectiva y con el uso que se suele dar en la actualidad a estos clásicos, tal vez sea la opción más razonable y, desde luego, la más coherente con el espíritu de los Targa. Con una carrocería mucho menos rígida que la de los coupé, el Porsche 911 Targa no es el ideal para buscar la trazada perfecta en cada curva y sacar partido de los impresionantes 170 CV de las versiones S del Porsche 911 2.0, que lograban esa cifra espectacular a base de girar arriba como molinillos, al límite de las 7.000 rpm.

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Mientras que un 911 2.0 S daba 170 CV a 6.800 rpm y 185 Nm a 5.500 rpm, los 2.0 T eran mucho más percherones con sus 110 CV a 5.800 rpm y 157 Nm de par a 4.200 rpm, ideales para disfrutar de una carretera secundaria al aire libre y con la sinfonía del 6 cilindros trotando alrededor de las cuatro mil vueltas.

Un buen ejemplo de que los T más que ser un modelo básico lo que buscaban era otro perfil de cliente está en la unidad probada, que está muy lejos de ser un modelo básico y está mejor equipada que muchos S de la época, repleta de extras como: faros con doble parábola para largo alcance, faros antiniebla, caja de cambios de 5 marchas, diferencial autoblocante, depósito de gasolina de 100 litros, limpialuneta, etc.

Porsche 911 Targa 2.0T: en pleno apogeo

El color granate le sienta genial.

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Hasta no hace mucho los Porsche 911 Targa vivían a la sombra de los coupé por parte de los aficionados. La mala fama de su falta de rigidez y los defectos de ajuste y sellado del techo central desmontable tenían gran parte de la culpa. Lo cierto es que conducir un Targa con el techo cerrado es claramente más incómodo que hacerlo en un coupé. Se nota de forma muy evidente que el chasis se retuerce, es menos preciso, más ruidoso y son pocos los Targa en los que no entre aire o agua por alguna de las juntas.

Esto puede ser un incordio en un coche para usar a diario, pero en un clásico, que lo sacas cuando te apetece, es innegable que el Targa se puede disfrutar de una forma que el coupé no puede jamás, quitando el techo plegable y sintiendo el aire, el sonido, los olores, las estrellas o los rayos de sol de una forma imposible en un coupé.

Por otro lado, la resurrección que ha hecho Porsche del concepto original de Targa en los 991 y 992 ha vuelto a poner de moda ese arco central tan característico, acabado en metal cepillado y con las míticas letras de Targa. Después de décadas a la sombra de los coupés y con cotizaciones mucho más bajas, los Targa están resurgiendo y en pleno auge. Es cierto que no hay versiones Targa de series exclusivas como los RS Cola de Pato, que siempre valdrán más que los Targa, pero las diferencias con los coupé equiparables han pasado de ser notables a prácticamente desaparecer e incluso a darse la vuelta en algunos casos.

Para terminar de remachar este auge de los Targa, Porsche ha presentado una reedición de un 911 Targa muy parecido a nuestro protagonista para conmemorar el aniversario del modelo con este 50 aniversario del Porsche 911 Targa 2.4.

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