Reportaje

Studebaker gigantes: los coches más grandes de la historia

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31 de marzo, 2020

Studebaker tuvo una idea muy llamativa de llamar la atención del público: construir el coche más grande de la historia. No fue su único coche gigante, pero sí el que más tiempo permaneció. Ésta es su historia y su triste final.

Hace un siglo el coche era una máquina fascinante, todo un símbolo de una nueva era y de modernidad. Pronto surgieron muchos fabricantes y la publicidad empezó a ser fundamental para destacar unos sobre otros. Citroën fue pionero iluminando la torre Eiffel con su apellido en letras gigantes y escribiendo enormes letras de humo en el cielo con avionetas, pero no fue el único en recurrir al tamaño para llamar la atención.

En 1930 se construyó un coche gigante, dos veces y media más grande que un coche normal y replicando hasta el más mínimo detalle al nuevo Studebaker Roadster President que llegaría al mercado pocos meses después. Esta mole de más de cinco toneladas de peso, más de 12 metros de largo y con unas ruedas de más de dos metros de diámetro (fabricadas por Firestone, que quiso también que su nombre apareciese en unas enormes letras blancas) se plantó al lado de la fábrica de Studebaker en South Bend (EE.UU.).

Para su construcción, un equipo de 60 hombres trabajó sin descanso durante tres meses, empleando madera y acero, además de los enormes neumáticos de caucho fabricados por Firestone.

Aunque siempre se tuvo claro que sería un perfecto cartel publicitario para Studebaker, este enorme coche construido con paneles de madera de pino se creó en un principio como un decorado para un cortometraje, y luego se aprovechó para dejarlo como reclamo.

Junto al paragolpes delantero se hizo una silueta de un hombre a escala real y con un cartel que decía «este hombre mide 2 metros de alto) para dejar claras las enormes proporciones del Studebaker gigante.

Obviamente, este Studebaker Roadster President de más de 12 metros de largo se convirtió poco menos que en un parque de atracciones y miles de personas se acercaban a él para hacerse fotografías y admirar el que era el coche más grande del mundo.

El coche más grande de la historia: un triste final

Víctima del vandalismo y para evitar accidentes, el coche gigante fue reducido a cenizas por personal de Studebaker.

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Por desgracia, no todos los curiosos iban con buenas intenciones y el vandalismo y el clima fueron haciendo mella en el portentoso Studebaker. Para evitar que aquella mole se desvencijase completamente y pudiera acabar provocando algún herido que demandase a la compañía, su director ordenó a sus empleados que lo destruyesen.

En la primavera de 1936, antes de que el calor del verano pudiera hacer peligrosa la tarea, un grupo de empleados desmontó algunos elementos como los tapacubos y otras piezas metálicas más valiosas, así como dos de los neumáticos que Firestone había fabricado en exclusiva. Después, rociaron el Studebaker con un producto inflamable y le prendieron fuego. En menos de 10 minutos el coche más grande del mundo quedó reducido a cenizas y ya no queda ni el menor atisbo de su existencia, salvo estas fotos del museo Studebaker.

Studebaker Land Cruiser: el coche de 25 metros

Para la Feria Mundial de 1934, Studebaker volvió a hacer un coche gigante, esta vez, de 25 metros.

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Con motivo de la Feria Mundial de 1934 que se celebraría en Chicago, Studebaker volvió a plantearse el construir un nuevo coche gigante. El modelo elegido esta vez sería su flamante Studebaker Land Cruiser President y la apuesta se dobló.

Los empleados de Studebaker tuvieron que construir un armazón de madera para poderlo forrar de yeso y recrear a la perfección cada detalle de la carrocería de nuevo modelo y que aquel decorado pareciese realmente de acero.

Este Studebaker gigante era casi un edificio en sí mismo. Medía 25 metros de largo, 10 metros de ancho y nada menos que 8,5 metros de alto. Se podía acceder a él a través de una puerta y una escalerilla camuflada bajo el estribo del coche, donde se encontraban con un auditorio con 80 personas de aforo en el que se daban conferencias sobre el modelo.

Por si su tamaño no fuese ya lo bastante llamativo, esta mole se pintó en color amarillo, el color más caro de la lista de opciones del Studebaker Land Cruiser, un coche que destacaba por sus líneas aerodinámicas y moderno diseño.

Dentro del mismo proyecto publicitario de promoción del modelo, y copiando la idea de André Citroën de que los niños serían compradores de coches (por eso Citroën fue la primera marca en hacer coches a escala de sus modelos), Studebaker ofrecía a los asistentes que accedían al auditorio bajo el Land Cruiser y que eran clientes potenciales unos modelos a escala del coche real. En la actualidad esos modelos son muy codiciados por los coleccionistas.

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