Qué significa el logo de Skoda

16 Enero, 2017, modificada el 8 Febrero, 2017 por

¿Qué significa el logo de Skoda? El logo de Skoda es uno de esos que resultan difíciles de identificar. Para muchos es un pájaro volando, para otros un gallo… pero no tiene nada que ver con un animal. Si quieres saber qué es el logo de Skoda, su significado y curiosidades sobre su historia, sigue leyendo.

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Es probable que para muchos Skoda sólo exista desde que ha pasado a formar parte del grupo Volkswagen en 1991, pero en realidad se trata del cuarto fabricante de automóviles más antiguo del mundo y sus orígenes se remontan a 1895, aunque algunos años antes ya se habían lanzado a fabricar bicicletas, al igual que Peugeot y otras muchas fábricas de automóviles.

Como dirían los teleñecos, el logo de Skoda no es ni un pájaro ni un avión, es… es una flecha alada, y no fue la primera imagen que identificó a los modelos de la marca checa.

La verdad es que el nacimiento de Skoda es muy parecido al de Lamborghini, ambas surgieron porque un cliente fue mal atendido y decidió convertirse en un competidor en lugar de seguir intentando hacer entrar en razón a los causantes del problema. Pongamos el nombre de Václav Klement en lugar del de Ferruccio Lamborghini y una bicicleta alemana en lugar de un Ferrari. Cuando Vaclav (Checo) escribió una carta quejándose por los defectos de su bicicleta al fabricante, éste le respondió en alemán que, antes de quejarse, se dignase a escribir la carta en un idioma inteligible.

La reacción de Václav Klement fue la de abrir su propia fábrica de bicicletas, pero él sólo tenía el capital y ningún conocimiento técnico, por lo que decidió asociarse con otra persona que aportase la técnica a la sociedad: Václav Laurin.

Ambos fundaron su fábrica de bicicletas en 1895 y 3 años más tarde decidieron dar un paso más y fabricar motos, pero la primera fue un desastre. Tenía el motor en la horquilla delantera y tracción a esta rueda. El peso sobre la rueda directriz y los fallos de encendido de su arcaico motor provocaban bruscos cambios de dirección con cada petardazo del motor. El propio Václav Klement se rompió la dentadura probando este engendro.

Esta vez buscaron ayuda en Robert Bosch, principal productor de magnetos y sistemas de encendido, y con su ayuda desarrollaron un nuevo modelo que se convirtió en un éxito inmediato, hasta el punto de poder ser considerados como los primeros fabricantes en serie de motocicletas en Europa.

Por ahora los productos de la compañía de los Václav Klement y Laurin se llamaban como sus apellidos -Laurin & Klement- y sus iniciales L&K presidían sus creaciones. En 1926 se empezó a utilizar sobre el radiador de sus coches una flecha alada como la que ves encabezando este reportaje.

A partir de los años ’30, su diseño se fue simplificando y comenzó a aparecer sólo su silueta encerrada en un círculo, como el actual, aunque con otros colores.

El porqué de una flecha alada no se conoce, tampoco de quién fue obra la escultura original ni por qué tiene un agujero en las alas esta flecha, algo que ha sido objeto de burlas (que si es un pollo con un tiro en la cabeza y cosas similares). La mayoría de las teorías hacen referencia a que la flecha indica velocidad, las alas progreso (estamos en los años en los que volar era lo más puntero de la tecnología) y el agujero representa el ojo atento de la compañía Skoda. Personalmente me parece algo demasiado rebuscado; lo más probable es que un día Laurin o Klement o algún otro empleado apareciese en la oficina con un boceto de formas similares y ambos se pusieran de acuerdo para adoptarlo como logo.

Laurin & Klement, los más exclusivos

Los modelos con los nombres de los fundadores son los más exclusivos y equipados de Skoda.16
Los modelos con los nombres de los fundadores son los más exclusivos y equipados de Skoda.

Hubo un tiempo en el que todos los modelos de la compañía lucían las iniciales de sus fundadores, L & K, pero desde los años ’20 esto dejó de ser así. En los años ’30 y tras la Segunda Guera Mundial se olvidaron las iniciales originales. La actual República Checa quedó al otro lado del “Telón de Acero” tras la guerra, bajo el régimen comunista, y Skoda con ella.

Los productos de Skoda contaban con un diseño muy sencillo y pocas complicaciones técnicas, pero su calidad constructiva estaba fuera de toda duda y se ganaron una buena reputación de coches fiables. Coches sencillos, de mantenimiento económico y robustos, justo lo que necesitaba una Europa que se recuperaba de una situación económica catastrófica. Gracias a ello, Skoda consiguió mantener un cierto volumen de exportaciones al otro lado del muro político, lo cual fue un catalizador para que, años más tarde, pudiera llegar a ser absorbida por el grupo Volkswagen y llegar hasta nuestros días.

Poco a poco, los modelos de Skoda fueron abandonando su concepción vetusta y su aspecto poco atractivo, y sus buenas ventas empezaron a crear cierto optimismo como para volver a lanzar modelos con ciertos remilgos. Llegó el momento de recuperar el nombre y las siglas de los fundadores de la compañía, que servirían para denominar a estas versiones tope de gama de la familia Skoda, un merecido tributo a dos hombres que con su trabajo y capacidad de adaptación a las necesidades lograron fundar una de las pocas compañías de automóviles que puede presumir de tener más de un siglo de vida.

Skoda 130 RS, el 911 checo

Que no te engañe su tamaño, es un verdadero coche de competición.16
Que no te engañe su tamaño, es un verdadero coche de competición.

Aunque el 911 es el “todo atrás” más conocido del planeta, no ha sido el único deportivo con esta configuración mecánica, ni tampoco imbatible, aunque sea el que más victorias acumula en su palmarés. El modesto modelo que ves encabezando este apartado fue un verdadero matagigantes, al igual que en su día lo fue el Alpine A110.

Durante nada menos que 17 años, el equipo de competición de Skoda fue el dominador absoluto en su categoría de las pruebas del campeonato británico de rallys, pero también lograron victorias tan mediáticas como el Rally Montecarlo de 1977 (nada menos que con un doblete) o el Campeonato Europeo de Turismos de 1981.

Tomando como punto de partida la carrocería del Skoda Rapid Coupé y su motor trasero de 4 cilindros, el RS 130 exprimía al máximo el rendimiento de este bloque casi irrompible. Con 1,3 litros de cilindrada, sólo 8 válvulas y un único árbol de levas, este motor era capaz de dar 140 CV de potencia y girar a un régimen de 8.000 rpm durante horas sin desintegrarse.

Con esta potencia y una carrocería que no alcanzaba los 800 kg de peso, el Skoda RS 130 fue un verdadero bólido capaz de alcanzar los 220 km/h.

Las prestaciones no lo son todo, también hace falta que el coche sea rápido en curva. Su motor trasero le garantizaba una buena tracción, pero su distribución de pesos no es la ideal para soportar bruscos cambios de trayectoria, especialmente en un coche con tan poca distancia entre ejes.

Para mejorar su comportamiento en carretera, los ingenieros de Skoda eliminaron el cárter del motor, lo que permitió bajar la mecánica casi hasta ir rozando con el asfalto. Se trasladó a la parte delantera toda la refrigeración de la mecánica, tanto del refrigerante como del aceite, y el reparto de pesos se acercó al máximo al ideal del 50% sobre cada eje.

La dirección era muy precisa y el sistema de frenos de doble circuito se mostró muy eficaz y, sobre todo, robusto, capaz de aguantar un trato infernal en los tramos más retorcidos.

Desde luego no hicieron el coche de competición más bonito del mundo, pero lograron una máquina increíble que doblegó a rivales con presupuestos que multiplicaban al del equipo Skoda en más del doble o triple.

Estos éxitos hicieron que en su época se le conociese con frecuencia como “el Porsche del Este” y que incluso en algunos comunicados de la BBC afirmasen que el hecho de que se bromease sobre el aspecto de los Skoda se debía a que la marca había hecho algo bueno… Y tanto:  pocos años después de esas declaraciones, ya no quedaba ninguna marca británica de automóviles realmente activa, pasando a manos extranjeras las pocas que no cerraron sus puertas definitivamente.

Del Simple al Simply Clever

Los modelos de Skoda de los años setenta y ochenta eran coches muy sencillos y robustos.16
Los modelos de Skoda de los años setenta y ochenta eran coches muy sencillos y robustos.

Aunque los primeros modelos de Skoda fueron coches excelentes, lo cierto es que, tras la Segunda Guerra Mundial, su producción se centró en modelos más bien modestos, bien fabricados, pero muy básicos. Los modelos Octavia y Felicia de los años cincuenta y sesenta eran compactos y robustos y sentaron las bases para los MB 1000 de motor trasero que darían lugar a las sagas Skoda 120 y 130 de los años setenta y ochenta.

Estos coches se caracterizaban por un habitáculo amplio, con unos asientos confortables y con un maletero de buena capacidad en la parte delantera. Pese a su sencillez, estos coches estaban bien pensados, con soluciones prácticas como, por ejemplo, que el capó delantero se levantase lateralmente para facilitar su carga desde la acera. También contaban con doble circuito en paralelo para el sistema de frenos, llegando dos latiguillos a cada pinza de freno, una solución heredada de competición y que dejaba clara su preocupación en materia de seguridad activa.

Sus motores traseros eran muy sencillos y de prestaciones modestas, pero suficientemente duros y de bajo mantenimiento. En una palabra, eran coches simples.

El último Skoda Felicia supuso el regreso del motor y la tracción delantera a los modelos de Skoda en 1994, tres años después de la adquisición de la marca por parte del grupo Volkswagen. Con este modelo comenzó la revolución de la compañía checa, que también ha sabido ganarse el beneplácito de sus nuevos propietarios, quienes rápidamente vieron el potencial y apostaron fuertemente por ella.

Tras la entrada en el nuevo milenio, los modelos de Skoda destacaron por la robustez y fiabilidad que siempre los ha caracterizado y que los había mantenido vivos hasta entonces, pero añadieron otras cualidades, entre ellas lo que se conoce como “Simply Clever”. Se trata de soluciones sencillas, que no implican un incremento de costes importante pero que son realmente prácticas y apreciadas por sus propietarios y que van desde una rasqueta para eliminar el hielo del parabrisas hasta unos huecos en los que alojar unos paraguas en los paneles de las puertas.

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Rubén Fidalgo

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