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Qué significa el logo de Mitsubishi

10 Octubre, 2016, modificada el 8 Febrero, 2017 por

¿Qué significa el logo de Mitsubishi? Los tres rombos que forman el logo de Mitsubishi representan tres diamantes, pero, ¿por qué esos elementos? ¿Qué significa Mitsubishi? Estas y muchas otras curiosidades te las aclaramos en este reportaje sobre la historia de la marca japonesa.

Qué significa el logo de Mitsubishi7

Pocas veces es tan sencillo explicar el origen del nombre y el logo de una marca de coches como en el caso de Mitsubishi. Cualquiera que juegue al póquer reconocerá que su emblema son tres diamantes, y eso es precisamente lo que significa su nombre en japonés: tres diamantes.

Aunque en nuestro mercado la consideramos una marca pequeña de coches, la realidad es que Mitsubishi es uno de los mayores imperios económicos e industriales de Japón y todo a partir del descendiente de un samurai, Yataro Iwasaki. El escudo de armas de este samurai eran 3 hojas de roble formando una estrella de tres puntas. Cuando hace 102 años se definió este logo (aunque el consorcio se fundó en 1870, el logo se registró en 1914), los descendientes de Iwasaki consideraron oportuno mantener este esquema estético, pero emplear un elemento más valioso que las hojas de roble, y no hay nada más valioso que un diamante.

Mitsubishi es un consorcio empresarial que tiene 3 ramas principales:

  • Mitsubishi Bank, que es nada más y nada menos que el más grande de Japón.
  • Mitsubishi Corporation, la rama financiera del grupo.
  • Mitsubishi Heavy Industries, formado a su vez por tres divisiones: Mitsubishi Chemical, Mitsubishi Atomic Industry y Mitsubishi Motors.

Precisamente esta última rama es de la que hablaremos en este reportaje sobre el logo de la compañía, que, como veremos más adelante, estuvo prohibido por motivos políticos durante algunos años.

 

Mitsubishi Zero y Howard Huges

Mitsubishi Zero foto de Tom-Zwika7
El Mitsubisho A6M2 fue uno de los mejores cazas durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1935, Howard Hughes realizó el primer vuelo con su avión Hughes H1 Racer, una aeronave diseñada para batir los récords de velocidad en el aire. Un peso mínimo, un motor potente y una estudiada aerodinámica- para la que se desarrollaron los primeros remaches completamente enrasados para reducir la resistencia al avance- eran las claves para que este avión se convirtiese en un ganador con 566 km/h de velocidad máxima.

Poco más de 3 años después de esta proeza, la compañía Mitsubishi presentaba su aeronave Mitsubishi AM6 Zero, que iría añadiendo más números conforme se iba evolucionando, pero que es popularmente conocida como “Zero” a secas.

Este caza japonés tenía unas prestaciones excepcionales gracias a su formidable relación peso potencia. O bien los japoneses no tenían el menor respeto por la vida de sus pilotos o bien confiaban en que estos aviones serían más rápidos que las balas, el caso es que estaba completamente desprovisto del menor blindaje en la carlinga y tampoco sus depósitos de combustible eran autosellantes. Gracias a ello su peso era mínimo, y sus motores radiales (especialmente las últimas unidades Nakayima de casi 1.300 CV) y su aerodinámica dotaban a este caza de una maniobrabilidad asombrosa, lo que lo convertía en un arma ideal para despegues cortos en portaaviones.

Su supremacía en el aire hasta el lanzamiento de los Grumman F6F Hellcat y los Vought F4F Corsair por parte de los aliados lo convirtieron en una de las armas más eficaces de la marina imperial, siendo el gran protagonista del controvertido ataque a Pearl Harbour.

Para el ejército americano el Mitsubishi A6M fue un verdadero quebradero de cabeza. Subestimaron la capacidad técnica japonesa y trataron de justificar la eficacia de este avión de combate aludiendo a que los nipones habían copiado modelos americanos, entre otros el Hughes H1 Racer. Por este motivo, el propio Howard Hughes fue puesto en duda. Sin embargo, a finales de 1942 el ejército americano se hizo con un ejemplar en buen estado para su estudio y llegaron a la conclusión de que su diseño era original y se dio la vuelta a la tortilla: fueron los propios estadounidenses los que copiaron soluciones del “Zero” y, curiosamente, pocos meses después aparecieron los citados aviones aliados que acabaron con la supremacía del japonés.

Una vez rendido Japón tras los salvajes bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, el General McArthur es el gobernador del país asiático. Entre las represalias tomadas por los ganadores está el desmantelamiento de los grandes consorcios empresariales, pues eran considerados los principales instigadores para que Japón se lanzase a la guerra. Entre estos grandes imperios empresariales estaba Mitsubishi, a la que tenían especial inquina tras el bombardeo de sus aviones a Pearl Harbour.

En 1946, los EE.UU. despedazan el gigante Mitsubishi y se prohíbe su reunificación, así como el uso de su logotipo de tres diamantes, aunque este último volvería a salir a la luz a medida que las heridas se fueron cerrando.

 

Un Mitsubishi en tu coche

Turbo Mitsubishi7
Aunque no lo sepamos, es probable que en nuestro coche tengamos un componente vital fabricado por Mitsubishi.

Tal vez no lo sepas, pero es muy probable que, aunque tu coche no sea un Mitsubishi, sí tengas una pieza fundamental en él que está fabricada por esta compañía. El 99% de los turbos montados en los motores de los automóviles son fabricados por 4 compañías: KKK (actualmente BorgWarner), Garret, IHI y Mitsubishi.

Aunque el turbo es un elemento mecánico con un principio de funcionamiento muy sencillo, se trata de una máquina que requiere de una calidad y precisión de fabricación asombrosas. Los elevados regímenes de giro y temperaturas a las que trabaja lo convierten en una obra de arte mecánica. Si bien su introducción en el mundo del automóvil ha sido tardía (proviene del mundo de la aviación), en la actualidad todos los motores diésel que se comercializan lo equipan y poco a poco también se ha convertido en un elemento imprescindible en las mecánicas de gasolina.

Un Montero muy Pajero

Mitsubishi Montero Pajero7
El Pajero cambió de nombre en los países de habla hispana para evitar malos entendidos.

A lo largo de la historia del automóvil han existido varios nombres de modelos poco afortunados: Suzuki Laputa, Opel Cascada, Seat Mii Mango, los Audi Q3… Salvo el caso del Seat (que es española y ya suena mal en español) el resto no son más que malentendidos debidos a que se trata de modelos creados en países con otro idioma en el que Laputa o Cascada no tienen ninguna connotación.

Entre estos casos de nombres desafortunados está el emblemático Mitsubishi Pajero, comercializado en España como Mitsubishi Montero para evitar risas maliciosas.

Pese a que su denominación no fuese muy acertada, las excelentes cualidades de este 4×4 lo convirtieron en un éxito de ventas instantáneo, y eso que hablamos de una época en la que los todo terreno no eran algo de moda como en la actualidad.

Presentado en 1982, el Mitsubishi Montero llegó a un mercado en el que apenas tenía rivales directos, siendo su principal adversario el Nissan Patrol. Ambos destacaron por sus coloridas carrocerías decoradas con adhesivos en sus costados, algo revolucionario estéticamente en la época, pero, sobre todo, por sus cualidades camperas y un rodar mucho más agradable en carretera de lo que hasta esa fecha era costumbre para los conductores de un todo terreno.

Para ponernos en contexto, en 1982 el 4×4 por antonomasia era el Land Rover Santana, un vehículo con un vetusto motor de apenas 65 CV con el que era muy difícil alcanzar los 100 km/h, con unos frenos muy limitados y un interior que era un auténtico potro de tortura, algunos incluso sin dirección asistida. La llegada de modelos como el Mitsubishi Montero, con una mecánica moderna, mucho más silenciosa, un interior confortable y bien cuidado, buenos frenos y unas cualidades todo terreno que no envidiaban demasiado al modelo hispano-británico, lo convirtieron en un artículo de lo más deseable.

Desde 1982 hasta la actualidad se han lanzado al mercado 4 generaciones del Mitsubishi Montero/Pajero y en todas ellas ha destacado por su versatilidad dentro y fuera del asfalto.

En la actualidad, con el mercado totalmente volcado hacia modelos de aspecto 4×4 pero claramente enfocados a su uso en carretera, las ventas del Montero son mucho menores que las de sus hermanos más urbanitas, los Mitsubishi ASX y Mitsubishi Outlander, que se han convertido en los diamantes de la marca.

 

 

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Rubén Fidalgo

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