Quién inventó los radares de velocidad

23 Marzo, 2016, modificada el 29 Marzo, 2016 por

Maurice Gatsonides, así se llama el que podría ser considerado el enemigo número uno de la mayoría de los conductores actuales. Sin embargo, la primera cámara de control de velocidad inventada por él (el Gatsometer) tenía una finalidad muy distinta a la de servir de prueba para sancionar a los conductores.

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A lo largo de la historia es frecuente ver cómo infinidad de inventos que se crean con una finalidad acaban por tener otra bien distinta. En algunos casos es por simple casualiad o accidente, como ocurre con la Viagra, que comenzó siendo un medicamento para prevenir los infartos y acabó siendo un éxito de ventas por sus efectos secundarios en lugar de por el fin principal para el que se estaba investigando. Sin embargo, en el caso del invento de Maurice Gatsonides, su finalidad siempre fue la de medir con precisión la velocidad y la posición de un objeto en movimiento y capturar ese instante. Otra cosa, claro, es con qué fin interesa tener esa información…

Maurice Gatsonides (apodado “Maus” en el mundo de la competición) fue un prolífico inventor y un gran apasionado por el automóvil. Aunque nació en Indonesia en 1911, era de nacionalidad holandesa, pues por aquella época era una colonia de dicho país.

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Maurice regresa victorioso con el Ford Zephyr del Rally Montecarlo de 1953.

Además de tener una habilidad natural para conducir, Gatsonides siempre destacó por ser un tipo muy técnico al que le gustaba estudiar y ensayar las cosas una y otra vez. De ese modo, afinaba sus tiempos y llegó incluso a vencer en el mítico Rally de Montecarlo en la edición de 1953 (a los mandos de un Ford Zephyr).

Una de las obsesiones de Maus Gatsonides era poder medir de manera precisa la velocidad con la que llegaba a un punto concreto del trazado y, para ello, empezó a desarrollar la primera cámara de control de velocidad del mundo. Tras varios intentos, decidió que lo ideal era aprovecharse del efecto Doppler (ése que hace que percibamos de distinta manera el sonido de una sirena cuando se acerca y cuando se aleja, pese a que siempre emite el mismo sonido) y para ello debía servirse de un radar, algo que ya existía desde hacía tiempo (Heindrich Rudolf Hertz ya estableció su base de funcionamiento, se crearon los primeros en 1904 y Nikola Tesla los perfeccionó en 1917, aunque muchos atribuyen su invención a Robert Watson).

Las pistolas para medir la velocidad eran una realidad desde 1954, pero Gatsonides quería algo más que un cacharro que le dijese la velocidad de un objeto en movimiento.

Conectando una cámara fotográfica a un radar y disparándola en un punto concreto, Maurice quería comprobar cuál era la velocidad máxima a la que era capaz de trazar una curva para mejorar sus tiempos en competición. Necesitaba saber la velocidad y el punto de entrada (así como la postura del vehículo) para determinar cuál era la trayectoria más rápida en cada momento.

Tras muchas pruebas, por fin logra que la primera cámara de velocidad funcione y la patenta, fundando en 1958 la compañía Gatsometer BV.

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Saber cómo trazar más rápido cada curva fue la principal intención de Gatsonides para inventar el rádar de velocidad.

No deja de ser irónico que un invento creado para poder aumentar la velocidad de paso por curva de un conductor acabase por ser un “éxito de ventas” precisamente para todo lo contrario. El propio Maus fue víctima de su invento en más de una ocasión, algo que no le importaba demasiado, porque, además de un apasionado por la velocidad, por cada multa que le llegase por exceso de velocidad le llegaban más beneficios por el aumento de ventas de su invento, con cada vez más controles de velocidad instalados.

Maurice Gatsonides no sólo inventó la primera cámara de control de velocidad,sino que también desarrolló su propio automóvil, con soluciones aerodinámicas pioneras en su día, el “Kwik” (un juego fonético que en inglés quiere decir “rápido”). También ideó un curioso remolque que generaba gas y alimentaba el motor del coche en una época en la que la carestía de combustible tras la guerra era evidente y había varios coches preparados para funcionar con el llamado “gasógeno“.

Es llamativo que uno de los hombres más adictos a la velocidad (es considerado el primer piloto profesional de la historia) haya sido también el que más ha logrado reducir la velocidad del tráfico en las carreteras.

Como anécdota, una de las fotos más carismáticas que hay del bueno de Maus en competición es una en la que él y su copiloto están parados junto a un charco en plena carrera para echar agua a los frenos de su coche y enfriarlos después de un tramo “a tumba abierta” en el que los tambores delanteros de su Ford Zephyr acabaron al rojo vivo. Poco después se proclamaron vencedores de la prueba (el citado Rally de Montecarlo de 1953).

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Rubén Fidalgo

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