Qué significa el logo de Fiat

25 Enero, 2016, modificada el 8 Febrero, 2017 por

¿Qué significa el logo de Fiat? El logotipo de Fiat es de los más sencillos, aunque ha variado de formas y tipografía para adaptarse a los tiempos. Ha estado coronado por laureles e incluso de luto, recuperando el rojo Italia en sus últimos años.

Qué significa el logo de Fiat25

Fundada en 1899, Fiat es una de las marcas de coches más antiguas del mundo y es la protagonista de hoy de nuestra saga “Qué significa el logo de…“. Aunque su diseño es muy sencillo y no tiene grandes misterios, lo cierto es que es uno de los que más variaciones ha sufrido a lo largo de los años. Desde 1899 (el primer automóvil fue el Fiat de 3,5 CV fiscales) hasta el 2006 (cuando se presentó la imagen de marca actual), Fiat ha cambiado su enseña nada menos que 17 veces.

A estas alturas todo el mundo (o al menos la mayoría) sabe qué significa el nombre de esta compañía, que es el mayor grupo industrial italiano. Fabrica Italiana Automobili Torino (Fábrica Italiana de Automóviles de Turín), cuyo acróstico es Fiat, cuatro letras que siempre han estado presentes salvo en la década de los 90 en los que cinco sencillas líneas inclinadas hacia la derecha representaban a la marca italiana.

Entre 1921 y 1968 el logo de Fiat estuvo bordeado por una corona de laurel por sus gestas deportivas. Del fondo rojo (era el color oficial de los coches italianos en las competiciones deportivas de los comienzos del automovilismo) se pasó al negro y al azul hasta volver en 2006 al fondo rojo y, de nuevo, en un escudo redondo con un contorno grueso que pretende evocar robustez y modernidad.

Como no hay mucho que contar sobre estas 4 letras, me centraré en algunas particularidades poco conocidas de una marca que está entre las más importantes del mundo.

Fiat Mefistofele de 1923, el bramido del demonio

Fiat Mephistopheles Eldridge Record 192325
En 1924 este automóvil logró batir el récord de velocidad sobre la tierra.

Mefistófeles o Mefisto es un demonio de la cultura germana, uno de los subordinados de Satanás encargado de capturar almas para el averno. Su nombre significa “embaucador”, pero, en el caso del coche bautizado con este pintoresco sustantivo, lo que se pretendía era describir la abrumadora sensación que provocaba ver aparecer por la recta del circuito su atronadora mecánica de 21,7 litros de cilindrada (no, no me he equivocado poniendo la coma). Con una salida de escape libre, este brutal motor de 6 cilindros y 318 CV hacía tal ruido en su enfurecida búsqueda por lograr la máxima velocidad (234,98 km/h), que parecía que se abrían las puertas del infierno a su paso.

En la época de los pioneros del automóvil había una verdadera fiebre por la velocidad y abundaban los personajes empeñados en batir nuevas marcas. En 1923, Sir Ernest A.D. Eldridge adquiere un viejo bastidor de un Fiat SB4 de 1908, un modelo de carreras de la marca italiana, y lo transforma en un mutante acoplándole un descomunal motor de aviación, también fabricado por Fiat. Con esta mecánica, convenientemente adaptada para nueva finalidad, se pretendía batir el récord de velocidad.

Colocar este motor en el Fiat SB4 fue muy complejo. Su tamaño y su peso eran excesivos para el bastidor, de modo que se tuvo que alargar y reforzar el viejo SB4 tomando prestados algunos componentes de un viejo autobús londinense.

Una vez acomodado en el enorme capó delantero, el motor Fiat A 12 6 de 4 válvulas por cilindro y encendido cuádruple (4 bujías por cilindro) fue puesto a punto para llegar a rozar los 350 CV a un régimen de solo 1.800 rpm, absolutamente brutal.

El primer intento para batir el récord de velocidad en 1924 fue un éxito amargo. El coche logró superar la cifra de los 230 km/h, pero su victoria fue impugnada por carecer de marcha atrás y no cumplir con las normas de homologación del récord que exigen dos pasadas, una en cada sentido. Apenas 6 días después de este varapalo, Eldridge hace las modificaciones oportunas para cumplir con el reglamento y el 12 de julio de 1924 fija el nuevo récord de velocidad en los 234,97 km/h.

Hasta 1962, este cazarecords permanece en estado de semiabandono en la campiña inglesa. En ese año, Fiat lo adquiere y lo restaura, permaneciendo en su museo en perfecto estado desde entonces, aunque le falta un detalle: la marcha atrás. Por desgracia el invento de Eldridge para lograr homologar el récord se fue con él a la tumba y no queda ni rastro del mismo. Actualmente posee la configuración original, sin marcha atrás.

Los Fiat más frívolos

Fiat 8V 1952-195425
Aunque muchos lo desconcen, Fiat tiene una importante tradición en la fabricación de bonitos deportivos.

Fiat es una de esas marcas que uno asocia de manera automática con modelos prácticos, utilitarios con cierto encanto y estilo, pero para muchos ha sido una sopresa que la marca italiana lanzase un modelo como el Fiat 124 Spider, un roadster deportivo. Cierto que los modelos que realmente han hecho popular a la marca y han calado más hondo entre el público son los más modestos, como el Fiat 500 Topolino, el Fiat 600 Multipla, el incombustible Fiat Panda, etc., pero también ha contado entre sus filas con coches muy exclusivos que creo que merecen ser desempolvados:

1.- Fiat Dino: tanto con carrocería Spider como Coupé, el Fiat Dino es un coche formidable. Su motor V6  de 2,4 litros de cilindrada y 180 CV (que da nombre al modelo) tiene unas prestaciones excelentes y su calidad de fabricación es buena. Pininfarina y Bertone fueron los sastres elegidos para vestir ambas carrocerías y el resultado es formidable. El Spider tiene unas formas algo más originales, con un frontal muy sinuoso y formas redondeadas frente a los trazos rectos del Coupé de Bertone, también muy elegante, pero más similar a otros modelos contemporáneos como el Audi 100 Coupé, Jensen Interceptor, etc. Aunque sus cotizaciones están muy lejos de las de su primo-hermano (el Ferrari Dino), sus precios están claramente en alza y son, por ahora, los Fiat con más glamour de la historia reciente (se fabricaron entre 1966 y 1973) de la marca.

2.- Fiat 130 Coupé: tomando la base de la berlina 130 con motor V6, en 1971 Pininfarina cambió los anodinos trazos del modelo de 4 puertas por una silueta muy estilizada de 2 puertas en los que su anchura y su escasa altura otorgaban una imagen al modelo muy sugerente. Pese a que sus 160 CV proporcionaban unas excelentes prestaciones y su comportamiento en carretera era el de un auténtico gran turismo de lujo, el Fiat 130 Coupé fue un fracaso comercial. Nació en un mal momento, con la crisis del petróleo asfixiando sus tragones carburadores. En 1977 se cesó su producción con menos de 5.000 unidades fabricadas. A día de hoy sigue siendo un incomprendido, pero poco a poco sus precios repuntan. Un consejo, si se te presenta la oportunidad de hacerte con uno, no lo dudes, es un coche extraordinario del que apenas quedan ejemplares y sus precios siguen siendo razonables.

3.- Fiat 850 Spider: el pequeño 850 tuvo su versión coupé y también un precioso descapotable de líneas muy proporcionadas. Aunque su mecánica era modesta, su coqueta carrocería no tiene nada que envidiar a la de los descapotables más llamativos de su época. Una curiosidad: sus pilotos traseros son los mismos que monta el Lamborghini Miura, lo que hace que sea una pesadilla para sus propietarios conseguir este elemento como recambio, a precio de Lamborghini y no de Fiat.

4.- Fiat X1/9: las futuristas líneas de este coupé biplaza de motor central lo mantuvieron vigente desde 1972 hasta 1989 y fueron obra de Marcello Gandini, jefe de diseño del proyecto en Bertone. Pese a sus líneas deportivas, las prestaciones de este modelo eran más bien modestas, con mecánicas entre 75 y 85 CV, suficientes para disfrutar a sus mandos con un peso reducido y una distribución de masas casi perfecta gracias a su mecánica central. Toyota se inspiró en este modelo para el desarrollo del MR2, presentado en 1984.

5.- Fiat 8V: pese a su corta existencia (apenas se fabricó dos años entre 1952 y 1954),este coupé fue toda una sensación en su época. Su lanzamiento fue controvertido porque Fiat quería denominarlo Fiat V8, pero Ford tenía registrada esa denominación, así que los italianos optaron por la versión disléxica para bautizar a este precioso deportivo. El Fiat 8V tenía un motor de sólo 2 litros de cilindrada y 8 cilindros en V que rendía 105 CV, suficientes para lanzar su aerodinámica carrocería hasta los 190 km/h, una velocidad que hace 60 años era formidable. Pese a que sus frenos de tambor eran algo arcaicos para estas velocidades, sus suspensiones (independientes en las 4 ruedas) eran muy avanzadas y lograban una estabilidad en carretera sobresaliente. Gracias a ello, este modelo permaneció invicto en el campeonato italiano de GT de menos de hasta 2 litros de cilindrada incluso 5 años después de dejarse de fabricar, en 1959.

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Rubén Fidalgo

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