Qué significa el logo de Citroën

15 Diciembre, 2015, modificada el 8 Febrero, 2017 por

¿Qué significa el logo de Citroën? Aunque han cambiado de estilo a lo largo de los años y se han ido suavizando y redondeando, los famosos chevrones de Citroën siempre han estado presentes en los modelos franceses desde 1919. Si quieres saber cuál es el origen de este característico símbolo, sigue leyendo.

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En esta ocasión en “Qué significa el logo de…” es el momento de explicar el origen de uno de los símbolos más peculiares del mundo del automóvil: los chevrones de Citroën, los “circunflejos“, como alguna vez los he oído llamar.

En efecto, este símbolo con dos ángulos se asemeja al signo diacrítico tan común en el idioma francés, pero no tiene nada que ver con él, ni con los galones del rango militar o algún escudo heráldico, no; su origen es fruto de una patente que hizo millonario al fundador de la compañía: André Citroën.

Debido a la mala calidad de los aceros a principios de siglo, la resistencia de dicho material no era como la actual, por lo que, a la hora de diseñar grandes engranajes, se buscaba que éstos tuviesen la máxima superficie de contacto. De esta forma se reparte entre más material la fuerza que debe soportar cada diente del piñón.

En un viaje a Polonia en 1900, André Citroën coincide con un pariente que se dedica a la talla de ruedas dentadas de madera para molinos y observa cómo el dentado de éstas va formando una especie de espiga. Se da cuenta de que este tipo de geometría aumenta la superficie y reparte mejor el esfuerzo, por lo que decide copiar la idea para plasmarla sobre engranes de acero para la industria, no de madera. De esta forma, abre las puertas de su primera compañía, la Citroën Hinstin, Cie, dedicada a la producción de engranajes.

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Los engranes con la doble helicoidal eran más robustos y silenciosos.

La idea resulta ser un éxito y los engranes de Citroën rompen el mercado. Soportan mucho más esfuerzo, son más fiables y, además, mucho más silenciosos y seguros. En un momento en el que la industria crece rápidamente, el negocio va viento en popa, pero la guerra se ve en el horizonte. Como tantas otras industrias, la compañía Citroën centra sus esfuerzos en la fabricación de obuses para proyectiles y, también como otros muchos, tras la guerra ve la necesidad de reconvertir su factoría a otros fines.

Citroën siempre fue un visionario y supo anticiparse a los tiempos, por lo que ya tenía claro -antes del final de la guerra- cuál será su objetivo. Pocos meses después del fin de la Primera Guerra Mundial, André Citroën se hace con el control de la compañía Mors (de la que ya había formado parte con anterioridad y en la que tomó contacto con el mundo de la automoción) y la rebautizó como Citroën en 1919. Como logo para su compañía eligió, precisamente, la forma de los engranes con los que hizo fortuna, los dos chevrones.

La personalidad de Citroën era algo compulsiva. Si viviese hoy en día, sería el típico que haría cola desde la semana anterior para poder comprar el primer último modelo de smartphone, una especie de “early adopter“. Sus fábricas siempre tenían la maquinaria más moderna y él estaba obsesionado con la tecnología. Resulta irónico que a un hombre tan derrochador se le encargase la misión -entre otras- de administrar las cartillas de racionamiento del pan en París entre 1917 y 1918. Tal vez esa labor de contención marcó su carácter aún más. El caso es que su afición al juego y su personalidad derrochadora acabaron arruinando su propia empresa, de la que perdió el control en 1934. En 1935 abandona por completo el comité de gestión, ya aquejado de un cáncer de estómago que acabaría con su vida el 3 de julio de 1935 con solo 57 años de edad.

André Citroën, un visionario de la publicidad

Rótulo luminoso Citroën Torre Eiffel10
Citroën siempre supo impactar con su publicidad.

Antes comentaba la mentalidad pionera, visionaria y compulsiva de André Citroën. Obsesionado con dotar a sus factorías de la última tecnología, también apadrinó en numerosas ocasiones los “delirios” de sus ingenieros. Donde otros fabricantes habrían respondido con un rotundo “NO, ESO ES DEMASIADO CARO“, Citroën ponía a su disposición todos los fondos. La historia ha evidenciado que esta actitud es un error desde el punto de vista económico, pero, gracias a ella, André conrtibuyó de una forma  impresionante a hacer avanzar el automóvil. Como muestra de ello, vamos con algunas “efemérides”:

1920: implanta la producción en serie de automóviles en Europa con el Citroën Type A.

1926: primer coche fabricado íntegramente en acero. Hasta entonces, las carrocerías eran de madera forrada de chapa.

1934: primer automóvil de producción masiva con tracción delantera. Otros fabricantes como Bucciali o Latil (también franceses) ya fabricaban modelos de tracción delantera, pero de forma casi artesanal.

1955: primer automóvil con suspensión hidroneumática y frenos de alta presión, el mítico Citroën DS.

1956: primer automóvil con cambio de marchas con embrague robotizado.

1967: primer automóvil con faros direccionales y corrección de altura automática de producción en serie.

1970: primer automóvil con limpiaparabrisas automático en función de la lluvia, el Citroën SM.

1970: primer automóvil con dirección de asistencia variable en función de la velocidad, el Citroën SM.

1988: primer automóvil con estabilizadoras activas capaz de girar sin el menor balanceo de la carrocería.

Además de estos alardes tecnológicos (obviamente los posteriores al fallecimiento de André Citroën no son atribuibles a él, pero sí a su legado), Citroën destacó antes que ningún otro fabricante de automóviles por sus efectistas campañas publicitarias.

Por primera vez, un aeroplano sobrevuela París con una enorme pancarta publicitando los automóviles Citroën en 1923. Dos años más tarde, 250.000 bombillas iluminan la Torre Eiffel con el famoso apellido. Fue el primer rótulo luminoso de la historia y el más grande durante varias décadas. La instalación eléctrica de este cartel publicitario supuso todo un alarde técnico.

Para demostrar la robustez de sus automóviles, entre diciembre de 1922 y febrero de 1923 organizó la travesía del Sahara, surcando el desierto con automóviles con orugas de patente Kégresse, todo un éxito que se repitió en 1924 con el “Crucero Negro” atravesando África ,el “Crucero Amarillo” de 1931 atravesando toda Asia y el “Crucero Blanco” de 1934 a través de Alaska.

Citroën también fue pionero en la apertura de servicios de recambios, reparación y postventa, así como en la posibilidad de ofrecer a sus clientes la compra a crédito.

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Rubén Fidalgo

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