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Por qué provocan tantos accidentes las tormentas de verano

11 Julio, 2017 por

¿Por qué provocan tantos accidentes las tormentas de verano? Las lluvias veraniegas suelen ser mucho más peligrosas que en invierno. En gran medida es porque, aunque no llueve muchos días en esta época del año, cuando lo hace suele ser de manera torrencial, pero hay más razones. Verás por qué.

Por qué provocan tantos accidentes las tormentas de verano

Seguro que más de una vez has oído decir a alguien que es muy peligroso conducir con las primeras gotas de agua. En verano esto se hace patente con el enorme incremento de accidentes en cuanto llueve, y no sólo en los desplazamientos en carretera, también los “golpes tontos” en ciudad se disparan.

En España los veranos suelen ser bastante secos, pero también hay días de lluvia en esta época del año (afortunadamente, aunque sea un incordio para muchos veraneantes) y es bueno ser conscientes de que no es un mito, sino una realidad, que los días de lluvia en verano son especialmente peligrosos para conducir. Vamos a ver por qué.

Por qué es peligrosa para el tráfico la lluvia en verano

Cuidado al arrancar: pasar sobre hojas húmedas es tan peligroso como hacerlo sobre agua estancada.
La suciedad que se acumula en el asfalto y la contaminación del aire forman una capa muy deslizante sobre la calzada.

Cuando nos hablan de tormenta veraniega nos imaginamos la típica lluvia torrencial, con enormes gotas de agua que caen copiosamente y provocan inundaciones y riadas de forma sorpresiva. Efectivamente, éste es uno de los motivos por los que las lluvias veraniegas son peligrosas para el tráfico -porque suelen ser torrenciales- pero no es necesario que “el cielo se caiga” (como decían los galos de Asterix) para que sea peligroso conducir cuando llueve en verano.

En esta época se juntan una serie de factores que hacen que sea especialmente peligroso conducir cuando caen las primeras gotas; vamos a verlos punto por punto para tenerlos en cuenta y mejorar nuestra seguridad en los viajes:

  • Ya las cambiaré en invierno: creo que aquí nos veremos reflejados una mayoría. Tenemos las ruedas del coche gastadas y lo sabemos, pero decidimos esperar “a la extra de navidad” para cambiarlas y nos consolamos con la idea de que en verano tampoco llueve mucho y no hacen falta unas ruedas con más profundidad de dibujo. Como dicen en el anuncio de la tele… “ERROR”. Para la mayoría, el verano es la época del año en la que más viajes hacemos y, además, con el coche más cargado y con toda la familia. Es el momento de llevarlo en las mejores condiciones que podamos permitirnos.
  • Suciedad sobre el asfalto: como en verano las lluvias no son frecuentes, el polvo del aire, los restos de accidentes de tráfico, las pequeñas fugas de fluidos (principalmente aceites y gasóleo) que van vertiendo sobre la calzada, se acumulan en las grietas y rugosidades del asfalto. Mientras está seco no suponen demasiados inconvenientes, pero, en cuanto eso se moja, se forma una emulsión que reduce la adherencia drásticamente al salir a flote toda esa suciedad. Son especialmente peligrosos los tramos de asfalto bajo puentes y en la entrada y salida de los túneles, como puedes ver en los reportajes indicados en los enlaces anteriores.
  • Lluvia contaminada: no sólo hay suciedad sobre el asfalto. La sequedad del suelo, el ciclo de vida de las plantas, la recolección de cereales, los propios vientos cíclicos que traen arena del Sáhara… todo esto hace que haya mucho polvo y contaminación en el aire que, al llover, se precipita sobre la calzada. Tras varias horas lloviendo ya se ha limpiado el aire, pero toda esa porquería sigue sobre el asfalto.
  • Chaparrones cortos: el verano no es una época lluviosa en nuestro país. Llueve, sí, pero de forma esporádica. Esto potencia los efectos negativos de los dos puntos anteriores. Llueve lo suficiente como para mojar la suciedad que ya hay sobre el asfalto y, además, añadir un poco más de suciedad arrastrando la contaminación del aire. Pero para antes de que el agua de lluvia se aclare y limpie la calzada.
  • Tormentas torrenciales: por suerte no son muy comunes en la mayoría de España, pero todos los veranos hay alguna tormenta en la que parece que, en vez de llover, nos estuviesen sobrevolando hidroaviones lanzando su carga de agua para apagar un incendio. Millones de litros en tan poco tiempo que los desagües no dan abasto, se desbordan las alcantarillas y las carreteras no son capaces de evacuar esa manta de agua. El asfalto mojado y sucio tiene poca adherencia, pero es que una capa de uno o dos milímetros de agua sobre el asfalto hacen que el coche flote, literalmente.
Prueba del Mercedes GLC 220d 4Matic 2016, Rubén Fidalgo
Conociendo los riesgos está en nuestra mano minimizarlos.

Conociendo estas causas podremos mejorar nuestra seguridad si llevamos los neumáticos en buen estado y con las presiones correctas y reduciendo la velocidad tanto como aumentamos nuestra precaución cuando conducimos con la calzada mojada en verano o tras una temporada sin lluvias. Te lo resumiremos en tres sencillas frases:

  • Ruedas en buen estado y con las presiones correctas
  • Reduce la velocidad
  • Aumenta la distancia de seguridad

Otra cosa que debemos tener absolutamente clara es que los coches flotan. Por desgracia, el automóvil genera una falsa sensación de seguridad a la gente y todos los años fallece alguien arrastrado por un torrente de agua en su coche. Si te encuentras con una lluvia torrencial hay que evitar circular cerca de cauces que se puedan desbordar, atravesar pasos subterráneos o intentar vadear calles anegadas y, sobre todo, si nos coge la corriente, abandonar el coche cuanto antes.

 

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Rubén Fidalgo

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