Reportaje

Mazda es sinónimo de aventura

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14 de junio, 2020

Desde hace más de 90 años la firma nipona lleva promocionando sus productos a través de exigentes expediciones que hoy pasan a denominarse Epic Drive.

Cien años de vida dan para mucho, incluso para reinventarse. Porque lo que comenzó como una fábrica de corcho ha terminado por convertirse en uno de los fabricantes de automóviles más importantes del mundo y el primero en emplear su materia máter en un vehículo. Nos referimos, claro está, a Mazda y en el caso particular del corcho, al MX-30 el cual se convertirá, además, en el primer eléctrico de su historia. La firma nipona nunca ha tenido reparos en demostrar su capacidad técnica exponiendo sus productos al examen del público o sometiéndolos a las pruebas más exigentes en los lugares más extremos del planeta. Todo con un objetivo, demostrar la fiabilidad de sus vehículos.

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Una tradición de romper con lo establecido que empezó en 1931 con su primer vehículo, un motocarro bautizado con el nombre de Mazda-Go, que supo cumplir con la creciente demanda de utilitarios de tres ruedas provocada por el auge económico de Japón. Ese Mazda-Go que salió de la planta de Toyo Kogyo (como se llamaba Mazda por aquel entonces) llevaba impreso el germen innovador de la marca pues, a diferencia de sus competidores, contaba con un revolucionario diferencial trasero y tenía marcha atrás.

Montaba un motor monocilíndrico de desarrollo propio, con 482 cm3, 9,4 CV y refrigerado por aire. El nombre “Mazda” hacía alusión tanto al apellido Matsuda como a Ahura Mazda, el dios persa de la luz, la sabiduría, la inteligencia y la armonía. Fue un gran éxito de ventas y, a esta primera versión, le siguieron las variantes DB, DC y KC, más potentes.

Pasión por las expediciones

El Mazda-Go fue el primer Mazda de la historia.

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En lo que sería un ejemplo temprano de su pasión por los grandes raids, Mazda organizó en 1936 un tour promocional cross-country con cinco modelos Mazda-Go de los tipos KC y DC. La expedición partió de Kagoshima, cerca del extremo más meridional de la cadena de islas principales de Japón. Su objetivo era demostrar la solidez de sus motocarros, con un recorrido de 2.700 kilómetros por pistas polvorientas, embarradas y llenas de baches. Su entrada en Tokio se realizó 25 días después sin contrariedades. La publicidad generada y, sobre todo, la fiabilidad y robustez mostrada contribuyeron de forma notable a incrementar las ventas y elevar el perfil de la marca.

Una expedición que sirvió como catapulta para que el fabricante de Hiroshima iniciase una llamativa tradición. Treinta años después la empresa eligió una de las citas más duras e imponentes del calendario automovilístico para dar a conocer el revolucionario Cosmo 110S de 1967, el primer coche de producción en serie con un motor rotativo de doble rotor: el Marathon de la Route. A ella le siguieron, en 1968 Las 84 horas de Nürburgring (en el trazado de 28 kilómetros) o en 1977 los 15.000 kilómetros que separaban Horishima de Alemania con motivo de la presentación del Mazda 323 (dos unidades emprendieron dicho viaje hasta el Salón del Automóvil de Fráncfort).

Epic Drive: pensado para los periodistas

Las Epic Drive de Mazda llegan a los rincones más llamativos del planeta.

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Aquella famosa expedición de finales de los 70 tuvo una secuela en 1990, donde seis unidades de los modelos 626, 323 y la furgoneta E2200 viajaron desde Hiroshima hasta la sede alemana de Mazda en Leverkusen; y otra en 2013, esta vez con periodistas al volante quienes, a los mandos del Mazda3 de tercera generación, fueron desde Japón hasta la cita alemana.

Hoy día, inspirándose en aquellos raids, expediciones y pruebas de vehículos que jalonan el pasado de la marca, se siguen organizando una serie de eventos para medios, denominados Mazda Epic Drive. En ellos, los periodistas del motor pueden conducir por carreteras imposibles y vivir aventura únicas en entornos increíbles al volante de un Mazda. Por ejemplo, dar la vuelta a Islandia en un Mazda MX-5, ser el primer fabricante que recibe permiso para cruzar el lago Baikal, en Siberia, para abrir una nueva ruta a través de su superficie helada a bordo de varios Mazda CX-5, saborear las sinuosas carreteras y la belleza volcánica de las islas Azores al volante de un Mazda2 o explorar prodigios extremos de ingeniería en los túneles, puentes y pasos de montaña de Noruega y a las que próximamente se le unirá Kazajistán.

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