Los 5 salpicaderos más locos de la historia

Los 5 salpicaderos más locos de la historia

Te presentamos una selección con cinco de los cuadros de instrumentos más radicales de la historia. Todos ellos pretendieron ser un anticipo del futuro y en cierto modo lo fueron, aunque en su tiempo su acogida no fue muy favorable... demasiado avanzados para su época.

Hemos tardado más de un siglo en empezar a aceptar que nuestro coche tenga un cuadro de instrumentos en el que la información no se muestre con relojes clásicos. A lo largo de la historia han sido muchos los intentos de los fabricantes por diferenciarse de los demás con salpicaderos de lo más llamativos. Algunos, como del Renault 21 TXE o el Fiat Tempra casi logran que los cuadros digitales se extendiesen, pero no convencieron del todo.

En la actualidad parece que los relojes analógicos son ya algo a extinguir en un mercado que pide pantallas digitales y quien nos ha convencido de ello no han sido las marcas de coches sino la telefonía móvil.

Vamos a dar un repaso a 5 salpicaderos que en su momento se presentaron con la intención de revolucionar el concepto de cuadro de instrumentos, pero que se dieron de bruces contra la realidad. En algunos casos por sus frecuentes y costosas averías y en otros porque su lectura era casi imposible.

El cuadro con satélites del Citroën GSA

El Citroën GSA se presentó con un cuadro de instrumentos que parecía salido de una película de Star Wars.
El Citroën GSA se presentó con un cuadro de instrumentos que parecía salido de una película de Star Wars.
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En 1979 se presentaba una evolución del Citroën GS que añadía un práctico portón trasero y un aspecto más moderno. En el interior, además de un rediseño general, lo que más llamaba la atención era el nuevo cuadro de instrumentos. Mantenía las características “lupas” para los marcadores como el velocímetro ya presentes en el GS y el CX, pero el GSA añadía un arsenal de luces de alerta y dos singulares piñas con todos los mandos agrupados en ellas, los famosos “satélites de Citroën” heredados del Citroën CX presentado en 1974.

Probablemente, Citroën sea la marca que más haya arriesgado en el diseño de sus cuadros de instrumentos, sobre todo desde el lanzamiento del primer DS19 en 1955 hasta los años noventa del siglo pasado. Los salpicaderos de las dos primeras etapas de mítico “Tiburón”, el GS y GSA, el CX, el BX e incluso los primeros Visa se salían totalmente de lo corriente.

El salpicadero del Chevrolet Corvette C4

El Corvette C4 sorprendió en 1983 con un cuadro de mandos completamente digital.
El Corvette C4 sorprendió en 1983 con un cuadro de mandos completamente digital.
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Los años ochenta supusieron la explosión de lo digital, sobre todo en los EE.UU., donde empezaron a presentarse varios modelos con tableros de instrumentos digitales. Seguro que te viene a la mente el salpicadero del mítico “Coche Fantástico”, KITT, pero aquello era ficción.

El cuadro de mandos del Chevrolet Corvette C4 parecía que iba a suponer una nueva era en materia de información al conductor. Todos los datos se mostraban de manera digital y la información era muy completa y legible, con grandes dígitos.

Por desgracia, la instrumentación digital del Corvette C4 resultó más impresionante que práctica y el público lo aplaudió pero no lo adoptó. Además, resultó ser una verdadera pesadilla para sus usuarios, que tenían que padecer frecuentes averías, “apagones” y asumir unas reparaciones muy costosas.

La pesadilla digital del Aston Martin Lagonda

Si por fuera es extravagante, el salpicadero lo es todavía más.
Si por fuera es extravagante, el salpicadero lo es todavía más.
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En 1974 se presentó al público el coche más caro del mundo en su momento: el Aston Martin Lagonda. Todo en este coche era excesivo, desde su descomunal V12, su afiladísimo frontal o el grosor del cuero que cubre cada milímetro de su lujoso interior.

Una de sus señas de identidad era su cuadro de mandos, considerado como el primero táctil de la historia. Sí, como lo lees, sus pulsadores eran táctiles hace ya 44 años. Por desgracia, los más ricos de la época no veían con buenos ojos cambiar sus Rolex de oro por unos Casio digitales aunque fuesen mucho más precisos. El experimento no gustó y en poco tiempo se cambió el diseño del salpicadero. Además, tampoco fue un ejemplo de fiabilidad, más bien todo lo contrario. Es el precio que se suele pagar cuando uno se adelanta demasiado a su tiempo.

La instrumentación concéntrica del Maserati Boomerang

A subasta el único Maserati Boomerang
Esta pieza única sale ahora a subasta en Bonhams.
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En 1968 Citroën se hizo con el control de Maserati y esto se notó en el diseño de algunos modelos como el Merak, el Bora, el Khamsin… Antes decíamos que la marca de los chevrones es una de las que más audacia ha mostrado a la hora de crear salpicaderos, y en aquellos años estaba en plena explosión creativa.

En 1971 se presentó en el Salón de Turín el Maserati Boomerang Concept con un peculiar cuadro de instrumentos en el que se tomaban algunos elementos de Citroën SM, pero que rompía moldes con todos los mandos integrados dentro de la circunferencia que formaba su volante.

Con la llegada del Citroën C5, la marca francesa tomó prestado un detalle de la instrumentación del Boomerang: que el centro del volante no giraba con el aro. La diferencia entre el volante del C5 (y el primer C4 Picasso) y el del Boomerang es que, en el Boomerang, el centro fijo integraba la instrumentación y los mandos, mientras que, en los modelos de Citroën, la parte fija del cubo del volante se aprovechaba para montar el airbag y los mandos suplementarios, pero no la instrumentación.

El salpicadero del futuro del Phantom Corsair

El Phantom Corsair parecía el coche del futuro hace casi 100 años y todavía hoy es sorprendente.
El Phantom Corsair parecía el coche del futuro hace casi 100 años y todavía hoy es sorprendente.
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Aunque no te lo creas, el coche de esta imagen fue diseñado hace la friolera de 80 años. El Phantom Corsair se presentó en 1938 y se anunció como “el coche del futuro” y la verdad es que no iba nada desencaminado.

Tomaba prestado el grupo propulsor de Cord, el más avanzado en su época, con un potente motor Lycoming V8, tracción delantera y cambio secuencial electromagnético Cotal semiautomático. Su carrocería era muy aerodinámica y con unas proporciones que hacían que pareciese un platillo volante con sus casi 2 metros de ancho, 6 de largo y sólo 1,4 de alto.

El coche causó furor e incluso se rodó una película con él en un papel destacado, pero con el nombre de “Wombat”. El diseño de Rust Heinz fue todo un acierto y, aunque su precio era desorbitado en la época (13.000 dólares en 1938, lo que equivaldría a unos 250.000 euros al cambio actual), estaba previsto comercializarlo en serie.

Por desgracia, Rust Heinz falleció en un accidente pocos meses después de presentar el Corsair y el proyecto quedó huérfano.

Su interior era tan espectacular como el exterior, con capacidad para 6 pasajeros y medidas de seguridad muy avanzadas para la época, como unos paneles completamente acolchados. Entre sus singularidades está su cuadro de instrumentos con un total de 12 diales en los que se mostraba toda la información a los dos pasajeros delanteros.

Para el rodaje de la película se añadió un llamativo dial que iba de un extremo al otro del salpicadero para que fuese más visible ante la cámara la formidable velocidad que este fantástico automóvil era capaz de desarrollar, además, con un comportamiento en carretera destacable.

Vídeo del Phantom Corsair

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