Reportaje

Los 5 mejores deportivos japoneses de la historia

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29 de julio, 2019

Japón es un país donde conviven tradiciones milenarias con la sociedad más avanzada del mundo y este contraste se nota claramente en su industria automotriz. La mayoría de sus productos son eficientes máquinas destinadas a ser eficaces prestando un servicio de movilidad, pero también han sido capaces de crear deportivos que se han convertido en mitos y objetos de culto como éstos.

Los gallegos solemos decir como frase hecha que «menos mal que nos queda Portugal» y creo que para los aficionados a los deportivos se podría decir «menos mal que nos queda Japón». Ellos no inventaron el coche sport, pero en la actualidad nadie como ellos lo ha mantenido vivo y, aunque en Europa se fabrican formidables deportivos con prestaciones y cifras que marean, luego resulta que te subes en un «sencillo» deportivo japonés y disfrutas como un cerdo en una charca de barro… y no hace falta irse a un Nissan GT-R, en un Suzuki Swift Sport ya disfrutas como un niño y es que en Europa nos pasamos con el peso en los coches deportivos y un Porsche 911 actual es un elefante que roza las 2 toneladas en las versiones más potentes.

Japón nos sigue regalando coches para conducir como los «Toyobaru» o «Subayota» GT86 y BRZ, el Mazda MX-5… coches ligeros y muy divertidos que nos sacan una sonrisa de oreja a oreja desde que nos abrochamos el cinturón.

Cuando me pidieron que hiciese una lista con los 5 mejores deportivos japoneses, me metieron en un compromiso porque hay decenas de ellos que podría poner en la lista. En realidad sólo hay uno sobre el que no tengo dudas y es el Toyota 2000 GT, que desde que lo pude ver en directo hace años en una exhibición en Portugal me quedé loco con él. El resto, sinceramente me ha costado mucho decidirme por ellos y donde está el Mazda RX-7 podría estar el formidable Honda S2000, el Mitsubishi 3000 GT en lugar del Supra biturbo, el Mitsubishi Lancer en el del Impreza 22B,… en fin, es que los japoneses puede que no hayan hecho tantos deportivos como los europeos o americanos, pero prácticamente todos los que han hecho son unos aparatos formidables, así de claro. Nos hemos dejado fuera el fabuloso Honda NSX porque ya la hemos dedicado este reportaje sobre la historia del Honda NSX.

Dicho esto, aquí va la selección con los que probablemente sean los 5 mejores deportivos japoneses de la historia, con todo nuestro respeto a los 240 y 300 Z, Silvia, Celica, Lanzer, S2000, CRX…

Toyota 2000GT (1967-1970): en directo es todavía mejor

El Toyota 2000 GT es el modelo más cotizado de la marca en la actualidad.

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Su motor de 6 cilindros de 150 CV con bloque de camión y culata afinada por los músicos de Yamaha no le otorgaba unas prestaciones estratosféricas pero dinámicamente recibió excelentes críticas (salvo por la falta de potencia) en su día y de lo que no cabe duda es de que está en otra liga estéticamente. En directo te sorprende lo pequeño que es y pese a ello que sus proporciones sean perfectas. Cada detalle está cuidado al máximo y su calidad de fabricación deja en ridículo a los europeos y americanos de su época… y posteriores.

Es el coche japonés más cotizado y por él las pujas ya superan el millón de euros, merecidos hasta el último céntimo. Sólo se fabricaron 300 unidades con la intención de dejar claro de lo que era capaz Toyota en la segunda mitad de los años sesenta, sobre todo a los americanos, a los que les permitieron disfrutar de sólo 62 ejemplares que dejaron con la miel en los labios a muchos más aficionados.

Un verdadero objeto de culto para cualquiera, el Toyota 2000 GT pone los pelos de punta en cuanto lo ves aparcado, rozando el suelo y repleto de curvas y detalles de estilo.

Nissan Skyline GT-R (1957-2019): la bestia

El Skyline es uno de esos modelos que sigue vivo tras varias generaciones rompiendo corazones.

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Si el anterior elegido destacaba por su imagen y equilibrio más que por sus prestaciones, el Nissan Skyline GT-R está en el otro extremo, es todo corazón y velocidad. La primera vez que Nissan empleó el nombre de Skyline fue ya en 1957, pero el mito empezaría a forjarse algunos años más tarde con el lanzamiento de las versiones coupé GT-R en 1969, una época en la que sus 160 CV eran muchos para mover su carrocería de apenas una tonelada.

En 1989 llega la generación R32 y aquí sí que es donde el Nissan Skyline GT-R se ganará ya un hueco para siempre en el corazón de los conductores más sport. Sus prestaciones eran formidables, su chasis una maravilla capaz de hacerlo competitivo en las competiciones más duras y desde entonces hasta ahora podría decirse que Skyline GT-R es una marca en sí misma.

El modelo de la imagen se corresponde con la generación R34 en la que se llegó a la mítica cifra de los 500 CV en las 20 unidades fabricadas por Nismo bajo el código Z-Tune, una letra con mucha simbología en Nissan.

Mazda RX-7 turbo (1978-2002): el rey del drifting

El Mazda RX-7 Turbo llevó a lo máximo las prestaciones del Wankel.

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Aunque se presentó en 1978 y llegó a montar ya turbo en la segunda generación lanzada en los años ochenta con un estilo muy parecido al de los Porsche 924 y 944, la verdadera obra maestra del Mazda RX-7 llegaría con la tercera generación, conocida como FD.

En ella, sus dos rotores Wankel rendían 255 CV (280 en los últimos producidos) gracias a una nueva gestión y a un turbo de mayores dimensiones. Su escaso peso, su excelente equilibrio y la robustez del resto del coche lo convirtieron pronto en una máquina muy cotizada por los apasionados del drifting, que podían convivir con un motor al que era necesario abrirle las tripas con cierta frecuencia para cambiar los segmentos de sus rotores.

Mad Mike, un ídolo del mundo del drifting, ha sido fiel a este modelo durante muchos años y sus coches son un verdadero escándalo, protagonizando impresionantes gymkanas para RedBull,

En la actualidad es uno de los deportivos japoneses más cotizados. El motor Wankel es bastante más fiable de lo que su mala fama dice y, además, las reparaciones son relativamente económicas y sencillas debido a la simplicidad de esta mecánica. Quienes lo han probado dicen que es adictivo.

Subaru Impreza 22B STi (1998): 555, el número de la bestia

El Impreza 22B STi con su carrocería de 2 puertas es sublime.

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De todas las generaciones del Impreza ésta es la más mítica de todas, hasta el punto de que incluso hay decenas de mitos sobre el porqué de ese nombre 22B, donde los expertos afirman que en hexadecimal, 22B equivaldría al número 555, una cifra mítica que los apasionados al mundo de los rallys recordarán perfectamente por la publicidad que patrocinaba estos bólidos y que fue prohibida por ser de una marca de tabaco.

Esta carrocería de 2 puertas del Subaru Impreza con sus pasos de rueda ensanchados, su enorme alerón y repleto de entradas de aire para refrigerar el motor, los frenos, el intercooler del turbo y el gas de los amortiguadores se ha convertido en un icono, tanto como el color azul con las llantas doradas.

Las 400 unidades previstas se vendieron el mismo día que se hizo público su lanzamiento con motivo del 40 aniversario de Toyota y finalmente se fabricaron 426 ejemplares del Subaru Impreza 22B con el motor 2.2 litros de casi 300 CV. Hoy en día es un mirlo azul para los coleccionistas.

Toyota Supra biturbo (1979-2002-2019): antes que BMW

Las prestaciones y aceleraciones del Supra Biturbo eran descomunales.

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El Toyota Supra se presentó en 1979 como una versión superior del Celica (su nombre completo era Celica Supra) y en su cuarta generación presentada en 1994 se convirtió en una auténtica bestia parda gracias a su motor de 6 cilindros en línea con dos turbos en casacada, una tecnología de la que ahora presumen como modernidad fabricantes como BMW, pero que Toyota ya dominaba a la perfección hace más de un cuarto de siglo, como deja claro el Supra Biturbo.

Un turbo pequeño con una respuesta instantánea a bajas revoluciones y otro de camión para mantener la presión suficiente cuando el motor necesita mucho caudal de aire a altas revoluciones hacían de este coche una de las máquinas para adelantar más eficaces del planeta. Sus aceleraciones y recuperaciones eran fulgurantes y sus 326 CV y 431 Nm de par humillaban a la mayoría de sus rivales.

Precisamente su brutal aceleración era una de las cosas más criticadas debido a que hacía complicada su conducción en una época en la que los controles de estabilidad no estaban para salvar los errores de los manazas.

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