Reportaje

Las modas en los tubos de escape: ahora se ven, ahora no se ven

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24 de mayo, 2019

Grandes, pequeños, visibles, ocultos, dobles, triples… Damos un repaso a la evolución estética de los tubos de escape. ¿Sabías que en los 70 un Ferrari lucía hasta seis salidas de escape?

La necesidad de expulsar los gases procedentes de la combustión hizo que, junto al motor, se desarrollase el sistema de escape. Estos tubos, sin variar su función, no han sido ajenos a las modas de los tiempos.

Ahora se ven, ahora no se ven. Ahora son proscritos, ahora son elemento indispensable de una zaga. De verdad o de pega. Grandes o pequeños. A un lado, en el centro o a los dos lados. Gordos, pequeños, enmarcados, integrados, retorcidos… merece la pena pararse a echar un vistazo a la evolución estética de un elemento en principio tan sencillo.

Porque en su inicio no era más que una cañería fijada al colector de escape del bloque motor. Un tubo que muchas veces era recto y recorría los bajos del coche hasta acabar justo debajo del paragolpes trasero. Y así fue hasta los años 30 en los que todo tenía que tener una función estética. Así nos encontramos con ejemplos de lo más rococó en forma de mangueras flexibles que salían a ambos lados de los largos capos (Auburn Speedster, por ejemplo) y remates en forma de aleta de tiburón, de concha, de plafón, de alcachofa… Era una década “loca” que dio lugar a algunos de los coches más bellos a un y otro lado del atlántico.

Años de postguerra: Europa no está para alardes

Las dos salidas del Porsche 356 son una excepción y se deben a necesidades técnicas.

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Tras la Segunda Guerra Mundial la cosa se tranquilizó y, de nuevo, la función prevaleció sobre la forma hasta que a finales de los años 50 los norteamericanos redescubrieron el gusto por “rematar” bien sus coches, sobre todo los más lúdicos. Integraban los escapes en el mismo paragolpes, lo ocultaban con destreza, lo sacaban por un lado, duplicaban su número y su grosor, cromaban su tubo… Thunderbird, Corvette, Bel Air, Fairlane… Los europeos, sin embargo, apostaban por la discreción a menos que hablásemos de deportivos. Ahí sí que se orgullecían de sacar a relucir sus tubos. Una excepción era el Porsche 356 cuya doble salida central era más una necesidad dada su disposición mecánica que un aditamento estético. Quien lo dude que mire el Volkswagen Beetle de la época. Exacto, los mismos dos tubitos en el mismo sitio.

En los años 60 el asunto de lo tubos al aire quedó asociado a los coches de carácter más deportivo, “pony cars” y alguna berlina de lujo comenzando a disimular las salidas, por poco trabajadas, en el resto de utilitarios.

La tendencia se mantuvo en los años setenta. Mientras los deportivos exhibían dos, cuatro y hasta seis salidas a la vista (Ferrari 365 GT4 BB) el resto se conformaba con disimular lo suyo en los bajos, de manera más o menos lograda y/o deliberada. Hasta que llegó el plástico en los años 80.

Años 80: el Ferrari F40 sorprende con tres salidas de escape centrales

Las tres salidas de escape del Ferrari F40 eran, por aquella época, una excentricidad.

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Los fabricantes se volvieron locos con los paragolpes envolventes. Todo debía quedar “recogido” tras ellos. Era “lo más de lo más”. Incluso grandes marcas con impresionantes motores sucumbieron a la moda. Hicieron un churro con sus tubos y los escondieron en el faldón. Una pena. A mí me tocó vivir como niño aquella transición y recuerdo ir con lo amigos por la calle y tirarnos debajo de un coche para ver “cuántos escapes” tenía, si uno o dos.

Como excepción a la norma estaban los coches japoneses. Utilizaban tubos de un diámetro equivalente a un rotulador actual y los ponían al lado contrario de lo normal, pero oye, tenían dos escapes plateados que “molaban mil”. Recuerdo un Honda Prelude a la salida del colegio… No sé que me gustaban más, si sus salidas o sus faros escamoteables.

También en esa década, Ferrari, para no perder comba, presento su F40 con tres salidas de escape centrales. Una excentricidad… que, ahora, ha recuperado Honda para su flamante Civic Type R.

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Los 90 fueron un erial. Así como lo digo. “Coches bola” y el invento de ese nuevo concepto diabólico que fueron los “monovolúmenes”. Con eso está dicho todo. Las marcas premium sí que comenzaron a hacer asomar sus tubos por detrás tímidamente hasta que con el cambio de siglo, reaparecieron sin disimulo. El escape había vuelto. No en todas las marcas (los franceses fueron de lo más reticentes a incorporar de nuevo la moda) ni en todos los modelos (se reservaban a aquellos con un “toque deportivo”) pero habían vuelto.

Otra vez se podían contemplar dobles salidas cromadas, ovaladas, cuadradas, trapezoidales, centrales, en acabados pulidos, mate, brillantes… el consumidor miraba hacia el lado “sporty” de la vida y el fabricante se lo quería dar, aunque muchas veces fuera más una ilusión que otra cosa.

Falsas salidas de escape: la moda actual

En las versiones diésel, las salidas de escape del Clase E son falsas.

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Tras superar la crisis, los fabricantes se dieron cuenta que salía mucho mejor, económicamente, fingir efectivamente unas buenas salidas de escape antes que fabricarlas. Y en eso estamos ahora, en fingir lo que no es.

Desde un Renault Espace con esos embellecedores en los extremos del paragolpes hasta todo un Mercedes de la Clase E, que esconde dos tubos bajo el paragolpes para enseñar dos falsas salidas ovaladas. Al igual que hay cuádruples salidas que en realidad son dos o embellecedores del tamaño de posavasos que esconden tubos de sección más bien discreta y acabado paupérrimo (Alfa Stelvio). Claro que también hay otros que dotan de una salida para cada cilindro de unos motores más bien pequeños (Abarth 500).

Lo que indudablemente se ha trabajado bastante, es el sonido. Y es lógico, los nuevos propulsores “downsized” no suenan igual de bien que los de antaño, lo que obliga a los fabricantes a generar unos departamentos de “maestros de tubos de órgano de iglesia” que hacen que 6 cilindros diesel resuenen a V8 de gasolina (Audi A6 BiTDi) o petardeén pareciendo que de un momento a otro van a escupir una llamarada de fuego como los coches de rally de los 80. A mí eso no me gusta mucho (he tenido uno de esos y reconozco que llega a cansar) pero todo sea por añadir algo de pimienta a la conducción de unos modelos algo descafeinados.

Ahora llegamos a la era de los híbridos y eléctricos, con lo que puede que perdamos de vista de nuevo ese elemento de diseño en la zaga aunque… el reciente Toyota RAV4 Hybrid ha preferido contar con ellas… aunque antes no las llevara.

Está muy bien. Es una manera de satisfacer a todos.

Echa un vistazo a la web del autor de este reportaje, Curro San Miguel.

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