Reportaje

Lancia y sus 4 leyendas de los Rallys

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22 de noviembre, 2022

Lancia es una de las marcas con mejor palmarés en competición, además, con coches que se han convertido en verdaderas leyendas y que cada vez están siendo mejor valorados. Damos un repaso a estos tres inconos irrepetibles.

A lo largo de su dilatada historia, Lancia nos ha dejado algunos de los automóviles más bellos y también revolucionarios. La marca que inventó los chasis autoportantes, la suspensión independiente, los motores V6 o las mecánicas en V estrecha parece tener ante sí un nuevo futuro después de años arrinconada. Sus nuevos amos parecen tener claro que algunos de sus mejores años tuvieron mucho que ver con sus éxitos en competición y tiran de nostalgia para revitalizar a una de las marcas a las que más debemos los aficionados al automóvil. Para colmo, este año hay muchos modelos que están de aniversario. El Lancia Lambda cumple un siglo, el Lancia Beta medio siglo y el formidable 037 sopla 40 velas, así que vamos a dar un repaso a estas 4 leyendas de la competición con el emblema de Lancia.

Lancia Fulvia: la base

El Lancia Fulvia gracias a su ligereza y buen comportamiento arrasó en el Mundial de Rallys.

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En 1963 Lancia presentaba su nueva berlina media, el Lancia Fulvia, que contaría con una ligera y ágil version coupé de 2 puertas a partir de 1965. En una marca acostumbrada a romper moldes, el Fulvia sobresalía por su esquema técnico, con tracción delantera y unos revolucinarios motores de 4 cilindros ultra compactos que permitían un reparto de pesos más equilibrado que los motores en línea. Con los cilindros formando una V estrecha, la longitud total del motor del Fulvia era prácticamente la mitad de lo habitual y no necesitaba dos culatas como sucedía con los motores en V tradicionales. Volkswagen resucitaría esta idea años más tarde e incluso los Bugatti Veyron y Chiron sacan partido de esta idea de Lancia.

Los motores disponibles para el Fulvia tenían varias potencias, desde los básicos 1.1 hasta los potentes 1.6 HF, que llegaban a unos respetables 136 CV, una cifra muy elevada para un motor atmosférico de 2 válvulas por cilindro y sin ningún tipo de ayuda electrónica para el encendido o la inyección.

Con un peso de menos de una tonelada, la excelente motricidad que proporcionaba el tener el motor sobre el eje motriz y un chasis muy bien equilibrado, el Lancia Fulvia empezó a dejar claro en los rallys que era una herramienta muy eficaz. En 1972 el Lancia Fulvia se convirtió en el primer Lancia campeón del Mundial de Rallys. Casi al final de su vida comercial el Fulvia era un coche que empezaba a estar anticuado, así que en la marca no se durmieron y, pese a su competitividad y habiendo ganado el título, de inmediato se pusieron a trabajar duro en su reemplazo.

Lancia Stratos: el primero realmente profesional

El Stratos parecía más un coche de circuito, pero demostró ser el mejor en rallys.

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El nuevo Mundial de Rallys surgido en los años setenta empezaba a dejar claro que era un terreno ideal para promocionar la imagen de las marcas. Aquellos campeonatos locales y europeos se unificaban en una competición mucho más exigente, profesional y cara. Las marcas comenzaron a apostar realmente fuerte y el desarrollo de los coches evolucionó muchísimo. Hasta la llegada del Lancia Stratos, los coches de competición tenían mucho en común con los modelos de calle, con unas mejoras mínimas. Lo que se solía hacer era coger una buena base como un Alpine A110 o un Ford Escort, potenciarlo, mejorar las suspensiones y los frenos, aligerarlo… y a correr.

Lancia cambió las reglas del juego en 1972 al presentar el Stratos. En lugar de adaptar un coche de calle para la competición, diseñaron un coche de competición que dispondría de unas versiones de calle. El Stratos nació por y para la competición. Su carrocería, inspirada en el concept Stratos Zero que Gandini había diseñado para Bertone, estaba pensada para ser aerodinámica y dejar el acceso más cómodo posible a la mecánica. El capó delantero y el trasero dejan completamente al descubierto las entrañas del Stratos, de forma que las reparaciones en carrera se simplificaban muchísimo.

El motor elegido para propulsar al nuevo modelo era el V6 desarrollado por Ferrari para el Dino, un motor ligero, muy compacto (lo que permitía montarlo en posición transera transversal, como había puesto de moda el Lamborghini Miura) y con una elevada potencia específica.

Con una distancia entre ejes muy corta para hacerlo más manejable en zonas reviradas, una excelente motricidad con el motor puesto encima del eje y una excelente relación peso potencia, el Lancia Stratos parecía desentonar en las pistas de tierra, en los barrizales africanos o en los tramos nevados. Su afilada silueta y el bramido del V6 eran más propios de un circuito asfaltado que de una competición «rompecoches», pero el Stratos dejó claro de inmediato que había sido creado para ser el mejor en lo suyo… y lo fue.

En las temporadas 74, 75 y 76 no hubo forma de bajar del cajón al Lancia Stratos e incluso el año en el que Fiat tomó cartas en el asunto y forzó su retirada para promocionar al Abarth 131, el Stratos consiguió el título de pilotos para Sandro Munari en el 77. Era evidente que, si Fiat no hubiese decidido retirar al Stratos, habría seguido siendo el campeón varias temporadas más… había nacido para ello.

Lancia 037: la esencia

La evolución llevada a cabo por Abarth sobre el Montecarlo fue impresionante.

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Justo diez años después de presentarse el Lancia Stratos, Abarth evolucionaba al máximo el concepto del Lancia Beta Montecarlo. Ensanchaba sus vías, colocaba el motor longitudinalmente en vez de atravesado, modificaba el frontal y la trasera para, como en el Stratos, dejar un cómodo acceso a los subchasis tubulares que sujetaban los órganos mecánicos y potenciaba el motor con sobrealimentación. Así nacía el Lancia 037, otro mito de la competición creado con un único fin: humillar a la competencia.

Ligero, con un comportamiento dinámico perfecto y una precisión fuera de lo corriente, el Lancia 037 tenía un diseño tal vez menos espectacular que el del Stratos con sus faros escamoteables, pero su silueta era muy estilizada y no engañaba a nadie. Era un lobo con piel de lobo.

Este nuevo bólido de Lancia nació en un momento en el que una nueva tecnología cambiaba las reglas del Campeonato para siempre, la tracción total que, después de años prohibida, había sido convenientemente aprobada para suerte de Audi, que supo explotarla en el mejor momento. Pese a todo, el Lancia 037 se hizo con el título en 1983, un hito que no ha vuelto a repetirse al ser el único coche de dos ruedas motrices que ha sido capaz de ganar un mundial frente a los de tracción total.

Lancia tenía claro que para mantenerse arriba tenía que evolucionar sus bólidos y añadir esta nueva tecnología, en un momento en el que todas las marcas veían como los Rallys eran el mejor escaparate para promocionar su imagen. Peugeot, Lancia, Audi… incluso Porsche y Ferrari querían entrar de lleno en este nuevo fenómeno de masas… pero los accidentes mortales de unas bestias que casi rivalizaban con los Fórmula 1 de la época impusieron cambios en el reglamento, desaparecieron los Grupo B y surgiría una nueva categoría reina.

Lancia Delta: en lo más alto

El Lancia Delta Integrale tiene el mejor palmarés.

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Con la experiencia de Lancia en competición, lo que aprendieron con los Delta S4 mientras existieron los Grupo B y la mula perfecta que fue el Lancia Beta Trevi para el desarrollo de la tracción total, nacía el Lancia Delta HF 4WD en 1988. Su supremacía en esa temporada fue notable, pero nadie se imaginaba que pudiera llegar a mantenerse en lo más alto durante tantos años como lo consiguió.

Durante seis temporadas consecutivas el Lancia Delta fue el Campeón del Mundo, una proeza que no igualado ningún otro automóvil hasta la fecha. Eficaz y rápido como ningún otro rival, el Lancia Delta Integrale se convirtió en un símbolo y llevó a Lancia a los años de mayor popularidad de la marca en su historia. El Lancia Delta fue tan legendario que llegó incluso a eclipsar a su propia marca y a ser un modelo irreemplazable. En 1992 se acabaron los laureles para el Delta, un coche que llevaba ya 12 años en el mercado. Tocaba un relevo pero, ¿cómo hacer algo mejor que el coche seis veces campeón del mundo?.

La segunda generación del Lancia Delta presentada en 1993 tuvo el difícil papel de vivir a la sombra de su predecesor y sin un rumbo claro la marca comenzó a perder abruptamente la gloria que había alcanzado. La competición la había llevado a lo más alto en popularidad, y dejar ese mundo de forma tan tajante le pasó factura.

Entre estos 4 modelos suman nada menos que 17 títulos mundiales de marcas y de pilotos, una proeza que no ha logrado ninguna otra marca en el durísimo terreno del Mundial de Rallys.

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