Interesa cruzar el charco

19 agosto, 2008, modificada el 9 febrero, 2011 por

Un euro vale 1,54 dólares, un tipo de cambio favorable que anima a los europeos a visitar EE.UU. y realizar allí las compras. ¿Podemos incluir en ellas nuestro coche?

Zapatos, vaqueros, cámaras de fotos… Hasta apartamentos. Los europeos arramplamos en Estados Unidos con todo lo que cabe en nuestras maletas o podemos pagar, aprovechando que el cambio euro-dólar nos beneficia: por un euro nos dan más de un dólar y medio. ¿Es el momento de adquirir allí nuestro coche? Pues depende. Si, por ejemplo, somos residentes por motivo de estudio o trabajo, es buena idea comprarlo antes de regresar, para lo que deberemos acreditar, con documentos consulares, que hemos vivido allí durante más de un año y que nos mudamos. Si conoces a alguien en esa situación, puedes aprovechar su regreso para que traiga uno; pero sólo se admite un vehículo por persona.


En cambio, si no eres residente y debes acudir a EE.UU., hay que añadir al coste los gastos de avión y estancia: hotel, comidas, desplazamientos… Por muy bien que lo organicemos no bajará de 1.500 euros.


Ojo al elegir el vehículo, porque conviene que ya se comercialice en España para agilizar y abaratar el proceso, aunque será necesario –salvo que compremos un coche fabricado para Europa– cambiar las ópticas o troquelar el número de bastidor antes de acudir a una ITV española para obtener la documentación –será necesario llevar un informe del Ministerio de Industria que tarda más de un mes–.


Luego ya ‘sólo’ quedará pagar impuestos, tasas, placas… Traducido a dinero, los aranceles suman un 10 por ciento al valor del coche y el IVA otro 16 por ciento. Tránsito y aduana se llevan 500 euros más de media, la homologación individual supone unos 1.300 euros, la ficha reducida, 100; la adaptación a la normativa europea, casi 1.000; gestoría e ITV añaden unos 360 más y, por supuesto, hay que pagar el impuesto de matriculación: un máximo del 14,75 por ciento. ¿No olvidamos nada? Sí, el barco: un Newark- Valencia, que tarda tres semanas –más varios días de trámites en los dos puertos–, cuesta unos 800 euros si el vehículo viene en un contenedor compartido –para tres coches– de 40 pies, y 2.000 en uno individual de 20 pies.


Tras sumar todos los gastos suele ser un buen negocio, pero sólo para los que dispongan de tiempo y paciencia, sin olvidar que algún importador oficial suele poner objeciones en cuestión de garantía o atención posventa.

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