Reportaje

Coches míticos: Renault 25, el coche que no se callaba

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19 de septiembre, 2020

En la década de los ochenta, Renault tenía en su catálogo una berlina de lujo que ofrecía uno de los interiores más confortables para viajar y una característica única: hablaba.

Hubo un tiempo en el que no todo eran SUV ni los coches de lujo alemanes. A mediados de los años ochenta del siglo pasado, Renault añadía a su catálogo una berlina de 5 puertas que se convertiría en uno de los coches más cómodos para viajar del mercado. El Renault 25 no sólo tenía un diseño sorprendente y un interior más cómodo que el de la mayoría de sus rivales, también buscaba sorprender con un alarde técnico sin precedentes.

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En 1982 se emitía el primer episodio de «El Coche Fantástico», una serie de televisión que fue un auténtico bombazo y en la que el protagonista era más el coche que el mismísimo David Hasselhof. ¿Cómo era posible que un coche robase protagonismo a la estrella principal? Pues, básicamente, porque Kitt (así se llamaba el coche «Knight Industries Two Thowsand, Industrias Knight dos mil) hablaba.

Pocos meses después de esta emisión se presentaba el Renault 25 y también hablaba, como lo oyes. Entre los gadgets tecnológicos de esta berlina francesa estaba su sistema de sintetizador de voz que informaba al conductor de diferentes alertas, además de los tradicionales testigos de alarma.

Al poner el contacto, el Renault 25 hacía un chequeo automático e informaba al conductor del ok. Si durante la marcha surgía algún problema, como una puerta mal cerrada, una voz electrónica avisaba del problema. La verdad es que todavía hoy en día resulta espectacular escucharlo, aunque muchos clientes pidieron a la marca que callase aquella voz metálica.

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La idea era muy buena, pero la tecnología no estaba muy avanzada y el sistema daba algunos problemas y tendía a «hablar más de la cuenta» y alertar de fallos que no había. Hacerse un viaje de 600 km con una voz que repite incesantemente el mismo mensaje no era nada agradable.

Anécdotas al margen, el Renault 25 fue un excelente automóvil que destacó en muchos aspectos y que durante varios años se midió sin demasiados complejos a las todopoderosas berlinas alemanas, a las que superaba en espacio y confort.

Renault 25: la evolución

La primera generación tenía algo más de personalidad.

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En 1983 se presentaba el primer Renault 25, una berlina con carrocería de 2 volúmenes y 5 puertas que llamaba la atención por su diseño moderno. Sus trazos fueron obra de Robert Opron (que dejó clara su firma con la llamativa luneta trasera) y Gaston Juchet.

A Opron le encantaban los cristales de formas complicadas y en el Renault 25 retomó un recurso que en su día empleó también en el Citroën SM. En el mercado de los coches de lujo los gustos son muy tradicionales y suelen preferirse las carrocerías tipo sedán de 4 puertas. La luneta trasera del R-25 conseguía que, visto lateralmente, este coche pareciese un sedán de 3 volúmenes, al igual que en el SM.

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De este modo se conseguía en un diseño moderno satisfacer a los gustos más tradicionales y ofrecer la practiquísima solución de una enorme quinta puerta para sacar más partido al maletero.

Gracias a su moderno diseño, el Renault 25 ofrecía un interior increíblemente espacioso para un automóvil que medía 4,71 metros de longitud, más o menos lo mismo que un Seat León ST, que en la actualidad es un compacto SW.

Pese al enorme tamaño de las butacas, el Renault 25 ofrecía a sus pasajeros una gran amplitud en todas sus plazas, incluidas las traseras, que disponían de espacio de sobra para las piernas, para las cabezas… y también a lo ancho. Viajan mucho más cómodos tres adultos en las plazas traseras de un R-25 que en cualquiera de las berlinas actuales.

Las primeras unidades del Renault 25 padecieron bastantes problemas electrónicos y de calidad, aunque sus mecánicas y sus carrocerías eran muy robustas. Los modelos posteriores a 1986 mejoraron mucho en cuanto a calidad y todavía lo hicieron más tras el lavado de cara llevado a cabo en 1988, en el que se modificó el frontal, las molduras de las puertas, la forma de los grupos ópticos traseros y detalles como las llantas, pinturas, etc.

Este rediseño tiene muchos fans, pero también detractores. Para la mayoría, el nuevo frontal era más elegante y moderno, pero la zaga resultaba más pesada y menos proporcionada con los nuevos grupos ópticos y parachoques.

El Renault 25 dispuso de una amplia gama de motores, diésel y gasolina, que destacaban por unos niveles de consumo bastante aquilatados para la época. Gran parte del truco estaba en la ligereza del vehículo y su aerodinámica.

La producción del Renault 25 cesó en 1992 con unas ventas razonablemente buenas, sobre todo en Francia.

Renault 25 V6 Turbo: con alma Alpine

El V6 Turbo tenía unas prestaciones sensacionales.

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La gama de mecánicas del Renault 25 era muy racional, con motores compactos y eficientes que lograban un buen compromiso entre prestaciones y consumos, pero había una excepción: el Renault 25 V6 Turbo.

Esta versión del buque insignia de Renault ocultaba bajo su capó delantero el mismo motor que montaba el Alpine V6 GT Turbo, uno de los deportivos más llamativos de la época. Gracias a sus 205 CV y 291 Nm de par, el Renault 25 V6 Turbo alcanzaba los 233 km/h y aceleraba de 0-100 en sólo 7,4 segundos, unas cifras que no estaban nada mal a mediados de los años ochenta y lo convertían en una de las berlinas más rápidas del momento.

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Este motor no sólo destacaba por sus prestaciones, también por su sonido y por el refinamiento frente a los motores de 4 y cinco cilindros que montaban la mayoría de sus rivales.

Su elevado precio hizo que las versiones V6 y V6 Turbo fuesen muy exclusivas y poco frecuentes, pero son sin duda las que más han quedado grabadas en la memoria de la afición.

Renault 25 Baccara: no hay más apuestas

Los asientos de cuero de los Baccara eran una envidia incluso para las berlinas de lujo alemanas.

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Además de las versiones de batalla extendida fabricadas por Heuliez, el Renault 25 disponía de un acabado de lujo denominado Baccara que nació tras el lavado de cara llevado a cabo en 1988. Este acabado se diferenciaba por unos formidables asientos de cuero, una moqueta de lujo, inserciones de madera, un excelente equipo de sonido de alta fidelidad y un equipamiento muy completo.

Si todos los R-25 tenían un interior que era más confortable que el de la mayoría de sus rivales, el Renault 25 Baccara era la envidia incluso de modelos de gran lujo alemanes. Sus asientos de cuero eran mejores y más confortables de los de muchos modelos de categorías superiores.

Incluso comparado con los modelos actuales, el Renault 25 Baccara sigue sorprendiendo por la elegancia, el lujo y el confort de su impresionante interior.

El Renault 25 hoy

Todavía se pueden conseguir a buenos precios, aunque cada vez es más difícil encontrar buenos ejemplares.

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Por desgracia, los modelos de lujo franceses se deprecian mucho en el mercado de segunda mano. Esta pérdida de valor ha hecho que muchos ejemplares del Renault 25 hayan acabado entregados como plan prever y desguazados y que pocos ejemplares hayan llegado hasta nuestros días.

El motivo de que haya pocos supervivientes no es que sea un coche que envejezca mal o sea problemático, simplemente es que no ha sido valorado como se merece por la afición y sus precios bajos no compensaban mantenerlo año tras año.

Esto empieza a cambiar en la actualidad, como siempre. Es difícil encontrar ejemplares en buen estado y sus precios varían mucho, desde apenas 1.000 euros hasta llegar a los 20.000 euros por ejemplares del V6 Turbo o del Limousine fabricado por Heuliez.

Los V6 atmosféricos son muy recomendables por ser menos complejos de mantener que los turbo y la finura de funcionamiento.

Aunque cualquier R-25 es una pieza muy recomendable (sobre todo los posteriores a 1986), si encuentras algún Baccara no deberías dejar escapar la oportunidad. Todavía se encuentran de vez en cuando por precios muy razonables y es un lujo que merece la pena permitirse.

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