Reportaje

Aniversario del Mercedes W111: la estrella de la seguridad

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26 de junio, 2019

En 1959 se presentaba el Mercedes W111, un modelo que incorporaba la revolucionaria idea de integrar zonas de absorción de energía en caso de impacto y que lo convirtió en uno de los coches más seguros de su época. Uno de los modelos que más ha contribuido a llevar a Mercedes a donde está ahora.

Mercedes no ha llegado a donde está ahora por un golpe de suerte ni por un único modelo sino por toda una trayectoria, pero está claro que a lo largo de su dilatada vida ha tenido modelos que han destacado especialmente. Uno de ellos es al que hoy rendimos homenaje por su aniversario: el Mercedes 220 S W111.

Conocido comercialmente como Mercedes 220 S (SE en el caso de los modelos equipados con inyección en lugar de carburadores), el Mercedes W111 llegó en 1959 para dar relevo a otro modelo muy carismático: el Mercedes W120 conocido popularmente como Ponton por ser uno de los primeros coches con las aletas integradas en la carrocería y el primer Mercedes con carrocería autoportante.

El Mercedes 220 S presentado en 1959 logró destacar en su época por una calidad de fabricación extraordinaria, una mecánica irrompible que le llevaría a ganar pruebas deportivas en las que nadie se imaginaría una berlina como ésta, una estética algo controvertida pero con una personalidad indiscutible y, sobre todo, por sus avances en seguridad.

Aniversario del Mercedes W111: pionero en seguridad pasiva

El Mercedes W111 fue revolucionario en materia de seguridad pasiva.

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Ya con su predecesor, el W120, Mercedes realizó muchos ensayos de choque para verificar la seguridad de sus diseños. Estos primeros crash test no estuvieron exentos de polémica ya que en aquellos años no existían los dummies, de modo que, para comprobar los daños que se producían a los ocupantes se utilizaban cuerpos de cadáveres e incluso “voluntarios” que se reclutaban en las cárceles a cambio de reducciones de condena.

Hasta esa década, los diseñadores tenían la idea de que un coche era más seguro cuanto más duro fuese, pero un húngaro al que en principio no tomaron en serio dejó claro que aquello era un error.

Gracias a Béla Barényi se han salvado cientos de miles de vidas y todos los coches actuales se diseñan basándose en sus teorías, unas teorías que hace 60 años parecían ir contra toda lógica.

Aunque el Mercedes Ponton incorporaba ya una carrocería autoportante que era mucho más segura en caso de impacto que sus predecesoras con chasis por largueros, en el diseño del W111 se tuvieron mucho más en cuenta las ideas de su nuevo ingeniero húngaro.

La idea de Béla Barényi era que lo ideal era disipar la energía del impacto de la forma más progresiva y suave posible, a la vez que se mantenía a los pasajeros dentro de una jaula impenetrable. Para hacerlo, el coche se diseñaba con un habitáculo muy rígido pensado para que no aplastase a los ocupantes al deformarse, garantizando un espacio de supervivencia, pero rodeado de zonas “blandas” que se deformasen con facilidad y de manera progresiva para reducir la brusquedad del impacto.

Podría decirse que el Mercedes W111 fue uno de los primeros automóviles con zonas de deformación programada y célula de supervivencia, exactamente el concepto básico en el que se fundamenta la seguridad pasiva de los coches actuales.

 

Mercedes W111: el “Colas” en España

Las puntiagudas aletas traseras le valieron el apodo de “el colas” en España.

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Cuando se presentó el Mercedes W111 en 1959 su diseño provocó muchas malas críticas. Cuatro años antes se había presentado el Citroën DS y pese a ser más veterano, el francés parecía infintamente más moderno. Para colmo, sus diseñadores se quedaron a medio camino a la hora de esbozar las aletas traseras al estilo de la moda americana con grandes colas, una moda que en 1959 ya estaba absolutamente en declive.

Hasta tal punto las puntiagudas aletas traseras del Mercedes W111 estaban ya desfasadas cuando nació el modelo que, además de criticadas por la prensa de la época, cuando se presentó la carrocería coupé y el cabrio de 2 puertas dos años más tarde se suprimieron esas esquinas y se dejó una zaga mucho más redondeada y estilizada.

Sin embargo no todo fue negativo con ese peculiar diseño. Gracias a ellas el Mercedes W111 se ganó el apodo de “Colas” en España, “Fintail” en los países anglosajones y “Heckflosse” en Alemania. Hasta tal punto su sobrenombre lo identifica, que si dices Mercedes W111 la gente se quedará con gesto de extrañeza en la cara hasta que le digas “el colas” y entonces ya se darán cuenta de a qué coche te refieres.

Por otro lado, con el paso del tiempo y las modas, esa peculiar zaga ha envejecido bien y se ha convertido en una seña de identidad muy llamativa, como el alerón cola de pato de los Porsche 911 2.7 RS o las inconfundibles tomas de aire laterales del Ferrari Testarossa.

Mercedes W111: de carburación o de inyección

Los modelos S estaban alimentados por carburadores mientras que los SE equipaban un sistema de inyección mecánica Bosch.

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El corazón del Mercedes W111 era un robusto bloque de fundición gris de 6 cilindros con 2,2 litros de cilindrada y que rendía unos tranquilos 110 CV en las versiones 220 S de carburación, cifra que subía hasta los 120 CV en el caso de los 220 SE de inyección.

Más que por sus prestaciones, este motor destaca por su suavidad de funcionamiento, con un equilibrado perfecto, y por su robustez y fiabilidad.

La potencia se transmitía al eje trasero a través de una caja de cambios manual de 4 marchas con el selector en la columna de dirección. Por suerte, el eje trasero del W111 estaba mejor concebido que el de los primeros Mercedes Alas de Gaviota, cuyos brazos oscilantes variaban tanto la caída de las ruedas traseras en las curvas que tenían serios problemas de estabilidad.

En el Mercedes W111 se montó un diferencial con una articulación controlada por un muelle horizontal cuyo reglaje es vital para garantizar un comportamiento óptimo del vehículo.

Además de esta motorización de 2,2 litros tanto de carburación como de inyección, la generación W111 contó con el motor de 2,3 litros en las versiones 230 presentadas en 1965, reservándose los más potentes de 3 litros y el V8 de 3,5 litros para las últimas versiones del coupé y cabrio.

Mercedes W111: rompiendo prejuicios

Ewy Rosqvist rompió barreras pilotando su W111.

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El Mercedes W111 era una berlina clásica. Sus formas no rompían moldes estéticamente y sus mecánicas no eran de altas prestaciones, aunque no estaban mal para la época. Diseñado para ser cómodo y seguro, a nadie se le pasaría por la cabeza ver este coche ganando un rally.

Del mismo modo, ver a una hermosa mujer vestida de punta en blanco, con unos guantes para proteger sus preciosas manos y de lo más coqueta tampoco nos hace pensar en un parque cerrado para uno de los rallys más duros del mundo.

El robusto Mercedes W111 y la guapísima Ewy Rosqvist dejaron claro que los prejuicios se equivocan de pleno en muchas ocasiones. Un año después de su lanzamiento, el Mercedes W111 era el primero en llegar a la meta en el mítico Rally Montecarlo de 1960. Contra todo pronóstico, una berlina de 4 puertas de 4,87 m de longitud, 1,4 toneladas de peso y con un motor de 120 CV ganaba uno de los rallys más mediáticos en una época en la que, además, los coches que corrían eran prácticamente idénticos a los de calle. De hecho, apenas las llantas de 14 pulgadas, el tercer faro central y los cronómetros eran las diferencias respecto al Mercedes 220 SE que uno podía comprar en cualquier concesionario Mercedes.

De igual manera, Ewy Rosqvist (que por cierto, el 3 de agosto cumple nada menos que 90 añazos) rompió esquemas ganando una prueba tan dura como el Rally de Argentina de 1962. Se podría escribir mucho sobre su hazaña, pero lo mejor es que la veas en acción en el siguiente vídeo.

Vídeo de Ewy Rosqvist en Argentina 1962

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