Reportaje

15 años sin la Citroën C15: el verdadero coche autónomo

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03 de febrero, 2020

En 2020 se cumplen 15 años desde que se dejó de fabricar el Citroën C15, uno de los coches más prácticos y versátiles que se han comercializado. Su salida del mercado fue abrupta, las ventas seguían siendo un éxito, pero había que dejar paso al Berlingo. Ésta es su historia.

Solemos dar mucho protagonismo a coches de capricho. Es frecuente ver homenajes a deportivos formidables, lujosas berlinas o extraños modelos casi únicos. Hoy nos apetece recordar a uno de los coches que más y mejor han servido a sus amos: la Citroën C15, un coche que ha hecho más por los trabajadores y autónomos que la mayoría de los gobiernos.

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En 1984 Citroën daba relevo a su furgoneta ligera basada en el Dyane 6 y presentaba la nueva Citroën C15, cuya denominación hacía referencia a su PMA de 1,5 toneladas. Sencilla, muy espaciosa, robusta y práctica, la Citroën C15 se convirtió en todo un fenómeno social y un éxito de ventas desde el principio y se mantuvo en el mercado 21 años.

Si la anterior furgoneta ligera de la marca tomaba como punto de partida su utilitario Dyane 6, la nueva C15 hacía lo propio y se diseñaba sobre la base del Citroën Visa. Su producción se llevó a cabo en las factorías del grupo PSA de Vigo y Mangualde (en Portugal) y su éxito de ventas garantizó miles de puestos de trabajo durante más de dos décadas. Esto ya es todo un mérito que hay que agradecerle al modelo, pero es que no sólo dio trabajo a quienes la fabricaban. La Citroën C15 sacó adelante miles de pequeñas empresas y autónomos a los que este modesto automóvil ayudó de forma decisiva para que los números cuadrasen.

Con un precio por debajo del millón de pesetas (menos de 6.000 euros) y un coste de mantenimiento mínimo, la C15 arrasó en su mercado, y eso que Renault también tenía un producto interesante con su Express basada en el Supercinco y que heredaba del «4 latas» su práctica portezuela en el techo.

Citroën C15: el coche del panadero

Pocos coches han hecho mejor servicio que el C15.

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Aunque su PMA de 1,5 toneladas nos pueda parecer ridículo para un vehículo industrial, el peso en orden de marcha de la C15 era de menos de una tonelada, lo que le permitía cargar hasta 570 kg de mercancías, que no está nada mal. Además, el espacio estaba muy bien aprovechado gracias a una suspensión trasera que apenas ocupaba espacio en el suelo del vehículo.

Precisamente la suspensión fue uno de los aspectos que más problemas daba en este modelo. El eje tendía a «abrirse» y las ruedas cogían caída. Más que por un defecto de diseño, la causa habría que buscarla en los excesos que este coche tenía que sorportar. Era frecuente verla cargada mucho más allá de los límites para los que fue concebida.

La Citroën C15 cumplió de sobra con lo que prometía su eslogan y la pegatina que llevaban en la luneta trasera «Se lo carga todo» y además con una fiabilidad rotunda. El truco no estaba en una calidad de fabricación formidable sino en una sencillez absoluta y un planteamiento muy práctico del vehículo, que incluso se ofreció con unos asientos traseros desmontables que permitían un uso familiar y profesional del mismo.

Los motores disponibles eran 3 en un principio: gasolina de 1.124 y 1.360 cc de cilindrada, con potencias de 60 y 75 CV respectivamente, y el irrompible motor 1.7 diésel XUD que también hizo famoso al Peugeot 205 y su «Contigo al fin del mundo», de 60 CV. En sucesivas actualizaciones del modelo, la C15 cambió de motorizaciones y el diésel pasó a equipar el 1.9 DW8 de 70 CV, el mismo que se estrenó con el Xsara.

Aunque estas cifras de potencia nos parezcan ridículas, la C15 era muy ligera y sus prestaciones no eran malas en absoluto, de hecho, era de los más rápidos de su categoría. Su velocidad máxima oficial era de 140 km/h, pero se ha registrado un récord de velocidad a 170 km/h con una C15.

Pronto se convirtió en el coche predilecto para el reparto de todo tipo de mercancías, desde paquetería hasta los panaderos rurales, incluso era frecuente verlo como pescadería itinerante por los pueblos, ya que se ofrecía con caja isoterma.

Citroën C15: un relevo complicado

Uno de los últimos C15 fabricados, ya con la estética revisada.

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A lo largo de su vida comercial, la C15 sufrió algunas actualizaciones, pero muy ligeras. Estéticamente el mayor cambio fue cuando en 1989 se cambiaron los paragolpes y los faros y los intermitentes pasaron de ir a los lados de los faros a ir en las defensas delanteras, siguiendo el rediseño de los Visa.

En el interior también se cambió el cuadro de instrumentos por el de los últimos Visa y las mecánicas se revisaron en 1991 y en el 2000, cuando se dejó de montar el diésel 1.7.

En los planes de Citroën estaba previsto que la C15 fuese sustituida en 1996 por el nuevo Citroën Berlingo, pero las ventas de la veterana no bajaban. Sí, el Berlingo era más seguro, más cómodo y mejor equipado, pero también más pesado, con un consumo más alto, con un mayor coste de mantenimiento y, además, mucho más caro.

Videoprueba del Citroën Berlingo BlueHDi 100 Feel!

Por menos de 6.000 euros matriculada, la C15 sacaba rentabilidad a miles de autónomos y sus ventas no desfallecían, lo que llevó a la marca a prolongar su vida comercial casi una década más.

Cuando en 2005 se tomó la decisión de dejar de fabricarla, todavía se seguía vendiendo bien, incluso restaba ventas a la Berlingo. El grupo PSA tenía que lanzar el Nemo y no podía permitir que nada interviniese en sus ventas, así que definitvamente, el 5 de diciembre de 2005 salía por las puertas de la factoría de Vigo la última Citroën C15.

La decisión no estuvo libre de polémica y no fueron pocas las voces que se alzaron para mantenerla en producción, una situación que Citroën ya había vivido cuando anunció el final del 2CV. Esta vez tuvieron más a mano la excusa perfecta y era que la C15 no podía adaptarse a las nuevas medidas de seguridad que iban a ser obligatorias en Europa. Instalar airbags y ABS en la vieja Citroën era inviable, o al menos eso dijeron.

En total se vendieron casi 1,2 millones de C15 durante sus 21 años en el mercado y todavía sobreviven muchas de ellas pese a haber llevado una vida de duro trabajo.

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