Reportaje

Coches míticos: Citroën BX GTi 16v, ideal para contrabandistas

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21 de noviembre, 2020

En 1982 Citroën presentaba un nuevo modelo que supuso muchos avances. Fue uno de los primeros coches europeos diseñados por ordenador y mantenía la característica hidroneumática. El Citroën BX GTi y el 16v eran sus máximas expresiones y sus cualidades los hicieron ideales para algo que no te imaginas.

En 1982 un cajón de madera descendía desde la torre Eiffel de París ante la mirada atónita de los presentes y de él salió por primera vez a la vista del público el Citroën BX, la nueva berlina compacta de Citroën que acabaría por dar relevo al mítico Citroën GS y que contaría con versiones de altas prestaciones como nuestro coche mítico de hoy, el Citroën BX GTi 16v.

El proyecto del BX fue muy ambicioso y se podría decir que fue el primer automóvil moderno de la marca, no por su tecnología sino por su concepción. El BX fue el primer modelo de Citroën diseñado por ordenador y uno de los primeros automóviles europeos en emplear esta tecnología para su concepción. Su diseño fue obra del maestro Gandini, que por aquel entonces prestaba sus servicios para Bertone y autor, entre otros, de mitos como el Lancia Stratos, Lamborghini Miura y Countach, Alfa Romeo Montreal, etc.

En su día, el diseño del BX resultó sorprendente y, aunque ha pasado el purgatorio que le suele tocar a todos los coches y se pasó de moda, parece que ahora empieza a gozar de nuevo de cierto resurgimiento entre los aficionados. Sus formas angulosas permitían un excelente aprovechamiento del espacio y en sólo 4,23 metros de longitud (más o menos lo que mide un Seat Arona), ofrecía un amplio habitáculo para 5 pasajeros y un gran maletero.

El uso de materiales plásticos en partes como el portón trasero, el capó (en algunas versiones) y otros paneles de la carrocería mantuvo el peso contenido, con una masa en orden de marcha que se quedaba por debajo de la tonelada en la mayoría de las versiones, superando por poco los 1.100 kg en los más equipados y en los diésel. Su gran maletero, el sistema hidroneumático y su ligereza van a ser tres elementos clave para lo que veremos más adelante.

Citroën BX: entre el GS y el CX

El Citroën BX fue el sustituto del GS y heredó de éste su sistema hidroneumático.

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Cuando Citroën presentó el BX, en el catálogo de la marca estaba todavía el GS/GSA y el CX. Ambos modelos fueron concebidos hacía una década, pero sus excepcionales cualidades los mantenían todavía vigentes en 1982. El BX se posicionaba entre ambos, aunque finalmente acabaría por reemplazar por completo al GSA en 1986 cuando cesó la producción del veterano.

El BX fue el último modelo compacto de Citroën en disponer del revolucionario sistema hidroneumático que desde 1955 hacía únicos a los modelos de los chevrones. En el caso del Citroën BX, su sistema hidroneumático combinaba el funcionamiento de los frenos y de la suspensión en un circuito de alta presión, a diferencia del CX que añadía también el sistema de dirección asistida con centrado automático y endurecimiento en función de la velocidad.

Gracias a su suspensión hidroneumática, el BX combinaba un confort superior con un excelente control del vehículo al mantener constante su altura al suelo indendientemente del peso transportado. Además, podía modificarse su distancia libre al suelo mediante una palanca para, por ejemplo, acceder a zonas no asfaltadas o facilitar la carga del maletero.

Ligero y con un centro de gravedad muy bajo, el BX hacía gala de un excelente comportamiento en carretera.

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Por otro lado, su peculiar sistema de frenos asistidos por alta presión proporcionaba una frenada muy eficaz con un peculiar tacto del pedal de freno que no tenía apenas recorrido y que, una vez acostumbrado, permitía una dosificación muy precisa.

Así que tenemos por un lado un coche que apenas pesa una tonelada, equipado con una de las suspensiones más eficaces del momento, capaz de mantener la misma altura sin importar el peso que transportase y, además, con unos frenos muy buenos. Estaba claro que una versión de altas prestaciones encajaría a la perfección con estas premisas.

Desde su lanzamiento, el BX contaba con mecánicas que iban desde un sencillo 1.1 de gasolina de carburación hasta un 1.9 de las versiones GT y Sport con potencias en el entorno de los 120 CV. También destacaban las versiones diésel, con unos consumos muy ajustados y unas prestaciones sorprendentes para la época, pero todo esto cambiaría en 1986 con un ligero lavado de cara en el que, además de un interior más funcional pero menos personal, se implantó en el vano motor del BX el motor 1.9 GTi de 129 CV y más tarde su versión de 16 válvulas.

Citroën BX GTi: el coche escolta

El BX era ligero, con buenos frenos.y potente.

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El motor 1.9 GTi ofrecía algo más de potencia aunque su respuesta era un poco más remolona que las de los escasos (y muy cotizados en la actualidad) BX Sport franceses. Eso sí, consumía bastante menos que los tragones carburadores de doble cuerpo y no variaba tanto su rendimiento de las zonas costeras a las ubicadas a mayor altitud.

Estéticamente se diferenciaba del resto de BX por un spoiler en el portón de tipo puente, unos tapacubos específicos y las llantas del Sport en opción, además de un faldón delantero con un labio inferior. En el interior, un cuadro de instrumentos muy completo y unos asientos que envolvían el cuerpo como un guante eran los principales protagonistas de esta versión, que resultaba bastante discreta.

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Sus prestaciones eran muy buenas en la época, con una aceleración de 0-100 km/h de 9 segundos y 198 km/h de velocidad máxima, pero destacaba más por su comportamiento que por sus aceleraciones o velocidad máxima. Con apenas 1.200 kg con el conductor a sus mandos, el paso por curva era excelente en cuanto los conductores se acostumbraban a las peculiaridades de la suspensión hidroneumática y cogían fe en la adherencia real que lograba.

Por su capacidad para mantener elevados cruceros fue elegido por varias administraciones para servir de vehículo oficial a varios cargos políticos. En Galicia, donde el presidente contaba con un CX Turbo 2 capaz de superar los 220 km/h, el BX GTi y el GTi 16v fueron los modelos elegidos para la escolta durante varios años.

Citroën BX GTi 16v: la bestia

Las versiones de 16 válvulas tienen unas prestaciones excepcionales.

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Un año después de presentarse el GTi llegaba la versión con culata de 4 válvulas al mercado y la cosa cambiaba bastante. La potencia aumentaba hasta los 160 CV cuando un VW Golf GTi 16v apenas rozaba los 140 CV. Es más, Volkswagen tendría que añadir sobrealimentación a su Golf para llegar a la misma potencia que este BX con el problemático Golf G60.

La velocidad máxima llegaba a los 215 km/h y la aceleración de 0-100 km/h era de sólo 7,8 segundos, un valor que todavía hoy es muy bueno.

A diferencia del GTi, aquí las llantas de aleación eran de serie y en el interior variaba el volante y el pomo del cambio. Fuera sólo los logos 16 Valve rompían una imagen muy discreta.

Apenas un año más tarde llegaría un segundo lavado de cara para los BX, fácilmente distinguible porque los pilotos traseros pasaron a ser ahumados. El alerón posterior dejó de ser de tipo puente a ser más plano pero más prominente hacia la parte trasera. Las llantas también cambiaron de color y pasaron a ser de un tono grafito con el anillo exterior en aluminio pulido. Por desgracia, con este lavado de cara también llegó la instalación del catalizador, que ahogaba bastante la salida de gases y hacía que los 160 CV originales apenas llegasen a 150.

Para hacernos una idea de cómo andaba este coche, el Peugeot 205 GTi tiene fama de ser un verdadero bólido. Bien, pues en el circuito de 3,4 km de Monthlery el 205 GTi hizo su vuelta más rápida en 1’53»50 (prácticamente el mismo tiempo que un VW Golf GTi 16v), mientras que el BX GTi 16 válvulas le sacaba dos segundos de ventaja en sólo 3,4 kilómetros y sólo era un segundo más lento que el Peugeot 309 GTi 16v que era considerado el mejor GTi del mercado en la época.

En cuanto le coges el truco a su suspensión hidroneumática y al tacto de su pedal de freno, este coche es un auténtico lobo con piel de cordero, con un paso por curva formidable y unas excelentes prestaciones, pero, a diferencia de sus rivales, el BX contaba con un enorme maletero de formas perfectamente cúbicas (el eje trasero de brazos tirados de Citroën es muy compacto y no ocupa apenas espacio), un enorme portón que hacía muy fácil cargarlo y una suspensión que hacía imposible saber desde fuera si el coche estaba cargado hasta los topes o completamente vacío gracias a su control constante de altura.

La altura no varía con el peso que transportemos, pero se puede aumentar o reducir a gusto del conductor con una sencilla palanca.

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Bien, tenemos un coche con un maletero prácticamente cúbico en el que poder meter decenas de cajas sin dejar ni un milímetro sin aprovechar. Con una suspensión que puedo subir de altura para meterme por caminos hasta el borde de la playa y que, una vez cargado, nadie sabe si está lleno o vacío y, encima, que corre como una mala bestia. Enseguida se convirtió en la mejor opción para los contrabandistas de las Rías Baixas y sus ventas se dispararon en Galicia, algo que llamó la atención incluso en la sede de la marca en Francia.

Resultaba extraño que uno de los modelos más caros del catálogo de Citroën en aquellos años concentrase la mayoría de las ventas en España en una región en la que la renta per cápita era muy inferior a otras donde las ventas del BX GTi 16v eran mucho más bajas.

Por desgracia, esta arriesgada vida que llevaron ha hecho que sobrevivan muy pocos. Los que no acabaron pudriéndose incautados en un almacén acabaron en el desguace con los motores extenuados de hacer portes cargados hasta los topes y a todo lo que daban de sí.

Hoy en día no es fácil encontrar un BX GTi 16 válvulas en buen estado. Durante años el BX ha pasado sin despertar ningún interés entre los aficionados y sus cotizaciones eran nulas. Esto está cambiando y poco a poco empieza a remontar y en la actualidad es un «youngtimer» muy interesante.

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Comentarios

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  • javi

    La verdad que el bx lo tenía mi primo y no iba mal. Pero del cx palas 2.4 era un tanque y la suspensión era brutal, pasé a tener un modesto Xantia suspensión hidroactiva y la verdad que trazando curvas era una bestia. Lástima que Citroen haya dejado de montar esa suspensión con esferas.

    • Rubén Fidalgo

      De modesto nada… el Xantia era un coche excelente, de los mejores Citroën… y el Activa es una máquina definitiva.

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