Reportaje

El BMW Z3 está de aniversario: ¡felicidades!

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02 de septiembre, 2020

El BMW Z3 supuso la vuelta de los roadsters a la marca alemana y abrió la veda para una saga que, aunque ha cambiado de número, se ha mantenido al día desde hace ya un cuarto de siglo. A punto de ser considerado un vehículo histórico (ahora es a los 30 años), damos un repaso a la vida del BMW Z3.

Aunque administrativamente un coche tiene que tener 30 años para ser considerado histórico, el BMW Z3 es todo un clásico aunque le falten cinco años para llegar a esa edad. Presentado en 1995 y lanzado al mercado en 1996, el BMW Z3 nació ya con vocación de clásico, no sólo en sus formas y soluciones técnicas, también por su concepción y conducción.

Te interesa: qué diferencia un coche clásico de uno viejo

Ya han pasado 25 años desde que BMW sorprendió con el lanzamiento de un nuevo biplaza descapotable que, a diferencia de su predecesor, no iba a ser una serie limitada sino que buscaba llegar a un gran público. Para su lanzamiento se utilizó el cine como catapulta, apareciendo como coche Bond en la película Goldeneye. Antes de su llegada a los concesionarios, 007 ya había lucido el suyo y, además, recibía mejor trato que los anteriores coches de James Bond, siendo de los que menos daños ha recibido en el rodaje.

BMW Z3: con Z de futuro

La saga Z comenzó con el Z1, el modelo a la izquierda y el máximo exponente fue el Z8.

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En 1988 BMW presentaba su primer biplaza descapotable después de décadas de barbecho en este segmento. El BMW Z1 llegaba a las portadas con unas llamativas puertas descendentes y unas formas muy futuristas y soluciones innovadoras, aunque bajo su apariencia básicamente lo que había era un Serie 3 E30 simplificado. BMW desarrolló los faros de descarga de gas entre otras primicias con este modelo, lo que unido a su diseño avanzado hizo que la marca decidiese bautizarlo con Z1, con la Z haciendo referencia a «Zukunft», que significa futuro.

Con apenas 5.000 unidades producidas y unas ventas que al principio fueron muy optimistas pero luego cayeron en picado, parecía que a BMW no le habrían quedado muchas ganas de seguir explotando el concepto roadster, pero sus ingenieros cambiaron de estrategia radicalmente con su sucesor y en 1995 presentaron el BMW Z3, también roadster, pero en el otro extremo de la balanza respecto al Z1.

Esta vez nada de diseños raros. Estaba claro que el concepto de roadster clásico británico era lo que el público quería, como demostraban las formidables ventas del Mazda MX-5 desde 1989.

El nuevo BMW Z3 tendría las proporciones de un roadster clásico, con la cadera del conductor casi sobre el eje trasero, un largo frontal, capota de lona (aunque se ofrecía un hard top), puertas convencionales y mecánicas con potencias razonables, aunque acabarían apareciendo motores más potentes posteriormente.

La decisión fue un éxito y el BMW Z3 se vendía estupendamente, llegando a rozar las 300.000 unidades producidas entre 1995 y 2003, año en el que toma el relevo el BMW z4.

BMW Z3: aprovechando estanterías

El Z3 empleaba componentes de modelos anteriores de BMW.

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Aunque de concepción completamente nueva, para reducir los costes de un vehículo cuyas ventas no se esperaban millonarias se recurrió al uso de muchos componentes ya amortizados por la compañía para el nuevo BMW Z3. No sólo se usaron partes de modelos contemporáneos, también de otros que ya no se producían.

Los motores se trasplantaban del Serie 3 de la época, el e36, pero muchos componentes de la suspensión, especialmente el eje trasero íntegro, provenía de la generación anterior, el e30, mucho más sencilla y compacta que la empleada en el nuevo Serie 3. De hecho, podría decirse que el Z3 tomaba la base del Serie 3 Compact de la época.

Esta decisión no estaba nada mal tomada con el planteamiento inicial del Z3 y podía lidiar sin problemas de estabilidad y motricidad con las mecánicas de 4 cilindros de 1.8 y 1.9 de 115 CV y 140 CV, pero a medida que se fueron añadiendo versiones más potentes, empezaron a ser evidentes sus limitaciones.

La clientela demandaba versiones  superiores y BMW pronto incluyó el motor de 6 cilindros en línea de 2,8 litros y 192 CV en el Z3, que es probablemente el más recomendable de todos. Su potencia permite divertirse a sus mandos sin que resulte un desmadre controlarlo y, además, su sonido es un deleite para los oídos, algo que no se puede decir de los 4 cilindros.

En 1999 se hace un lavado de cara en el Z3 que añadiría los pasos de rueda traseros más anchos de las versiones más potentes en toda la gama, así como unos faros, grupos ópticos y paragolpes más estilizados. Este año se introdujo el motor de 6 cilindros y 2 litros de 150 CV, al que se sumarían más adelante un 2.1 de 170 CV y un 3 litros de 231 CV.

BMW Z3 Coupé: valor en alza

El Coupé es un modelo muy cotizado en la actualidad.

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En 1998 al Z3 Roadster le llega un hermano en forma de coupé con una llamativa carrocería estilo shooting brake que provoca reacciones extremas: o te chifla o te parece desproporcionado. En parte por este aspecto extraño, pero también porque sólo se ofrece con las mecánicas más potentes de 6 cilindros y caras, las ventas del BMW Z3 Coupé apenas llegaron a las 11.000 unidades.

Esta exclusividad es la que propicia que en la actualidad el BMW Z3 sea un valor en alza bastante codiciado por los coleccionistas, pero también por los amantes de la conducción deportiva pura.

Gracias a su mayor rigidez estructural, el BMW Z3 Coupé hace gala de un mejor comportamiento dinámico y, como su bastidor es relativamente ligero y de reacciones vivas, su conducción enamora a los apasionados de la propulsión y el drifting.

BMW Z3 M: radical

Las versiones M eran muy temperamentales.

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En 1997 los responsables de BMW deciden sacar el calzador y meter en el BMW Z3 el motor del BMW M3 de 321 CV, pero con la caja de 5 marchas del modelo anterior de 286 CV. Nacían así dos bestias llamadas BMW Z3 M y BMW Z3 M Coupé que podían presumir de unas aceleraciones que ponían contra las cuerdas al mismísimo Porsche 911.

Con casi 100 kg menos de peso que el M3, el BMW Z3 M sacaba décimas al crono y aceleraba de 0-100 km/h en sólo 5,3 segundos, con una velocidad máxima limitada electrónicamente a 250 km/h… y todo esto con la caja de cambios de 5 marchas en lugar de la de 6 empleada en los M3, que tenía difícil acomodo en el chasis del Z3.

Con esta mecánica, las limitaciones del chasis del Z3 con el eje trasero del BMW e30 resultaban evidentes. La motricidad no era su fuerte y su conducción requería de manos expertas para dominar una zaga a la que le gustaba adelantarse, especialmente en el roadster con una menor rigidez estructural que el coupé.

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