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Cuáles son las 5 excusas más frecuentes para evitar una multa

7 Junio, 2017 por

A todos nos enfada que nos pongan multas. La mayoría nos llegan de manera telemática, pero en otras ocasiones hay un “cara a cara” con el agente en el que hay excusas absolutamente delirantes… Incluso hay quien tiene ensayada la mirada del gato con botas de Shrek buscando dar pena a la autoridad. Aquí van algunas de las más frecuentes.

Cuáles son las 5 excusas más frecuentes para evitar una multa

Aunque se nos corta la sonrisa de golpe, incluso nos tiembla el pulso mientras sacamos el carnet de conducir de la cartera (más de uno ha lanzado el permiso por la ventanilla accidentalmente cuando por fin lo desengancha de su funda), cuando nos para un agente de tráfico (sea del cuerpo que sea), hay quien tiene el cuajo suficiente como para replicarle tratando de evitar la sanción. A todos nos duele cuando “nos cazan” y hay agentes que son unos auténticos prepotentes, pero, en general, si lo vemos con objetividad, la verdad es que la mayoría tienen más paciencia que un santo al aguantar según qué impertinencias y excusas. Vamos a ver algunas de ellas.

Se ha muerto un familiar

Es la típica cuando salimos en el fotomatón. Lo más normal es decir que vamos con prisa porque se ha muerto nuestra madre o está a punto de hacerlo. Por desgracia, hay quien lo ha utilizado como excusa siendo verdad, pero sólo una vez. Sin embargo, quienes suelen emplearla son reincidentes y han matado a su madre o a su padre varias veces, por eso los llaman gatos (hijos de una gata con 7 vidas… y siete entierros). Los agentes ya están vacunados contra esta excusa; además, ellos tienen la réplica perfecta y es que la foto es la que es y, en cuanto se dispara el flash, no hay vuelta atrás. La denuncia sigue su curso y sólo nos queda la alternativa de presentar un recurso. Por más que pataleemos, o incluso si el motivo por el que íbamos a más velocidad de la permitida estuviese justificado, no hay nada que hacer: es un proceso automático en el que no puede intervenir el agente, aunque conociese en persona a la difunta.

Mi mujer está hospitalizada

También se suele aplicar en el caso de salir en la foto finish del radar de velocidad. Esta excusa tiene algo más de fundamento que la anterior. Incluso en el caso de que nuestro ser querido hubiese fallecido realmente, por desgracia poco se podría hacer ya llegando antes. Aquí sí que tiene sentido la urgencia. Sin embargo, al igual que en el caso anterior, suelen ser reincidentes los que recurren a ella. Los conocen como sementales, porque casi siempre es porque está a punto de dar a luz la parienta.

Algunas excusas son de lo más peregrinas.
Algunas excusas son de lo más peregrinas.

No he bebido, me he enjuagado la boca

Ésta es de libro y la verdad es que hay verdaderos profesionales intentando escaquearse de la correspondiente sanción tras un positivo en un control de alcoholemia. Hay gente que incluso lleva el colutorio en la guantera o hasta una petaca con licor y pegan un trago mientras “esperan en la cola a ser atendidos” (hay controles de alcoholemia en los que casi hay que pedir turno de la cantidad de coches que hay parados). Es cierto que algunos elixires pueden dar positivo en la prueba de alcohol en el aire aspirado, pero no en sangre. Si ponemos esa excusa, seguro que el clavo va a ser doble -y merecido, por cierto-: la multa y la aguja del análisis de sangre. Su apodo es obvio: los dentistas.

Voy aquí al lado

Es casi un reflejo cuando paran a alguien por ir sin cinturón. A veces llevan varios kilómetros detrás de él hasta asegurarse de que lo lleva o no y otras veces lo paran en medio de una carretera que no tiene cruces ni incorporaciones en varias decenas de kilómetros. El código es claro: sólo podemos quitarnos el cinturón para las maniobras de estacionamiento y si no estamos circulando. En el momento en el que nos incorporamos a la vía pública, hay que ponerse el cinturón de seguridad, aunque sea para recorrer 2 metros.

Me estaba rascando la oreja

Vas con el móvil, el agente te caza, dejas caer el móvil a la fosa abisal que hay entre el asiento y la consola y, cuando te dan el alto y paras, dices que no ibas con el móvil, que te estabas rascando la oreja. En ese momento se produce un instante de silencio absoluto y se oye una voz de ultratumba que grita tu nombre seguido de un “¿me oyeeees?… sa cortao?“… y a continuación los pitidos del final de la llamada. No hay excusa posible. Aunque nos parezca que vamos completamente parapetados, en el coche el gesto de ir hablando o mensajeando por el móvil es de lo más evidente para cualquiera. Sobre todo ahora que los smartphones son más grandes que la pantalla del navegador de la mayoría de los coches. Déjate de excusas, Van Gogh, y no uses el móvil mientras conduces.

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Rubén Fidalgo

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