¿Cómo se forman los atascos y cómo salimos de ellos?

20 noviembre, 2017, modificada el 29 noviembre, 2017 por

Seguro que te has encontrado con atascos pensando que se debían a algún accidente y, al pasar por el lugar, no había nada. Son los atascos fantasma. Entérate de cómo se forman y cómo se podrían evitar.

¿Cómo se forman los atascos y cómo salimos de ellos?

Si te gusta conducir, seguro que odias los atascos (y si no te gusta, también). Intentamos preverlos, adivinar si se van a formar aquí o allí… nada, parece el gran misterio del tráfico. Por eso, en Autocasión hemos investigado cómo se forman los atascos y cómo salimos de ellos (porque también se acaban, a veces de la misma forma aparentemente inexplicable).

Existen varios tipos de atascos. En ocasiones vemos atascos por averías o accidentes que obligan a prescindir del carril ocupado por ese vehículo afectado, otras veces se crean grandes retenciones por un exceso de automóviles a una hora concreta -como los que se forman en las “horas punta”-.

Hay otros embotellamientos que parecen provocados por un siniestro o algún otro efecto parecido, pero, cuando empieza a fluir el tráfico, no hay nada. Estos últimos son los llamados “atascos fantasma” y son la gran mayoría de los que nos encontramos, por ejemplo, en una autovía en plena operación retorno.

¿Cómo se forman los atascos?

Atascos por una avería

Explicar cómo se forman los atascos surgidos por un accidente o avería no resultará complicado: el coche perjudicado (o los coches) ocupa una amplia parte de la calzada, como mínimo un carril, por lo que todos los coches que vienen tras él en su misma dirección han de pasar por el carril de al lado alterando el tráfico de los coches que circulen por él. Así, las continuas frenadas de los coches producirán el conocido como “efecto acordeón” obligando a parar y a continuar la marcha, en reiteradas ocasiones, a los demás vehículos.

Atascos en la periferia de las grandes ciudades

Los atascos en las periferias de las grandes ciudades a primera hora de la mañana y a última de la tarde, por su parte, se deben a la cantidad de usuarios que necesitan desplazarse -por trabajo, estudios, etc- en ese horario concreto.

Según la DGT, cada carril está preparado para albergar a unos 2.200 vehículos cada hora. Cuando este número se acerca (sumando también los parones, intersecciones, incorporaciones y salidas, entre otros), se produce como efecto directo la ralentización de la circulación hasta incluso la detención.  Y puede durar, como bien sabemos, varios kilómetros y decenas de minutos…

Qué es y cómo se forma el “atasco fantasma”

Para comprender los “atascos fantasma”, es importante haberse quedado con un concepto repetido en los embotellamientos anteriores: la frenada. Es un aspecto crucial en este tema. Es cierto que muchas veces es imposible no recurrir al freno, para evitar un choque que desembocaría en un mayor colapso, pero otras veces sí resulta prescindible frenar. Bastaría con mantener la atención y coordinación con el coche que nos precede para evitar que una maniobra “sin importancia” pueda confluir en un significativo atasco de kilómetros.

Con ese dato de que cada carril está preparado para que circulen unos 2.000 vehículos/hora, nos vamos a los resultados de un estudio de la Universidad de Bristol (Gran Bretaña), comandado por Eddie Wilson, que dice que la acción de un único conductor es suficiente para crear un efecto de bola de nieve que se va acumulando en todos los coches que le siguen y termina en un atasco. Dicha maniobra puede ser un frenazo, un cambio de carril que obliga a otro conductor a frenar, una reducción de velocidad anómala que obliga al de detrás a frenar y el de detrás, también… Algo que se va repitiendo en cadena.

Tanto es así que, una vez formado el atasco, el tiempo de reacción para acelerar del conductor que sigue a uno de delante es de, al menos, un segundo. Si esto lo extrapolamos a un conductor que está atascado 15 km detrás a causa del “efecto acordeón“, la acción de acelerar de esta persona podría llegar una media hora después de cuando lo hizo el primero que citamos. Todo por una frenada tarde y brusca que rompe la calma del orden vial en ese momento.

¿Qué acciones pueden ocasionar un atasco?

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La DGT apunta hasta ocho causas que pueden originar un atasco. Son estas:

  1. Disminución de carriles: el fin de carriles provoca detenciones e incorporaciones forzosas obligando a los demás a parar.
  2. Existencia de curvas cerradas: con curvas, la velocidad se aminora con brusquedad.
  3. Incorporaciones: aunque en teoría los coches que se incorporan a la vía principal tienen que adaptarse a los demás, no siempre es así.
  4. Accidente o avería: como hemos explicado antes.
  5. Efecto mirón“: al pasar por un accidente, los ocupantes de los coches tienden a frenar para mirar qué ha pasado, lo que proporciona una mayor retención.
  6. Glorietas, ceda el paso, semáforos, “stop”: al terminarse una vía rápida y entrar de golpe en una glorieta, es necesario aminorar fuertemente la velocidad.
  7. Muchos camiones y/o trazado irregular: la velocidad debe ser menor que la habitual en un coche.
  8. Conducción agresiva y con frenazos: origina lo que decíamos antes, que los frenazos se trasladen a conductores de detrás y se produzca un atasco.

Cómo evitar los atascos

El Golf puede conducir de forma prácticamente autónoma en atascos hasta 60 km/h.0

La Dirección General de Tráfico recomienda, para evitar atascos, seguir una serie de pasos, como señalizar cuándo hay un accidente, evitar circular en hora punta si no es necesario, erradicar el vicio de mirar cuando se pasa junto a un accidente, ser solidario en las incorporaciones y no conducir de forma agresiva.

Sin embargo, otras personas como CGP Grey (autor de “The simple solution to traffic”, que puedes ve en el primer vídeo de este reportaje) van más allá y aseguran que una óptima coordinación del conductor con todos los demás usuarios del entorno reduciría el número de parones y, por tanto, de atascos.

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Christian García

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