Coches y matrículas clonadas: la oveja Dolly, con ruedas

Coches y matrículas clonadas: la oveja Dolly, con ruedas

De un tiempo a esta parte, voy teniendo noticias de nuevas prácticas delictivas en el mundo del motor, unas más graves y otras más molestas. He vivido una de las últimas en mis propias carnes: me han clonado el coche.

Es éste un procedimiento más de ratero que de gangsters al uso, tanto por la dificultad del “modus operandi” como por el resultado final. El caso es que salía yo de comer de un restaurante del sur de nuestra piel de toro cuando descubrí que a mi coche de alquiler circunstancial (un BMW 116d negro corriente y moliente) le habían volado las placas de matrícula. En un primer momento pensé que, dado lo abrupto del camino hasta el lugar de reunión y ágape, las había perdido. Pero… ¿Mucha coincidencia perder las dos, no? Total, que acudí presto al cuartelillo de la Guardia Civil a denunciar la más que posible sustracción de las mismas. Allí, un solícito agente aficionado al mundo del motor y seguidor de la web que humildemente lleva mi nombre (www.currosanmiguel.com) me introdujo en el mundo cada vez más habitual de la clonación de placas de matrícula.

Así como tiempo atrás grupos terroristas tenían sus propias máquinas de estampado de matrículas para camuflar vehículos robados que luego serían utilizados para cometer tropelías contra la ciudadanía y su policía, ahora el método se ha vuelto más sencillo por ser menos ambicioso (y sangriento) su fin.

¿Cómo se clonan las placas de matrícula?

Un dueño de un coche cualquiera, legal, decide robar las placas de otro coche cualquiera, igual que el suyo en modelo y color, también legal, y dar el cambiazo. Con ellas, estos “chorizos de todo a cien” pierden cuidado a la hora de saltarse radares, irse sin pagar en gasolineras o aparcar en prohibido. Y es que la denuncia y/o multa siempre le llegará al legítimo propietario del coche “clonado”.

Así, me contaba el amable sargento de la Guardia Civil, habían ido a detener a pobres incautos sin culpa por haber sido identificado su coche (o lo que a grandes rasgos parecía su coche: modelo, color y matrícula) en un robo a un ultramarinos de Jaén –por ejemplo-, cuando el propietario, en la misma fecha, estaba en Santurce haciendo turismo. Ahora demuestra que ni tú eres Pipo “el Gachas”, ni tu señora, la Jenni, ni tu Opel Astra rojo de 2007, el Opel Astra rojo de 2007 que aparece en los vídeos de seguridad del establecimiento. Un rollo.

[auto_quote quote=”Con la denuncia podrás probar tu inocencia” quote_title=”Denuncia, siempre” quote_description=”Pierdas una o dos placas, denúncialo siempre. Al menos, quedará eso para probar tu inocencia en lo que se te pueda venir encima.”]

Para rematar el caso de un servidor, poco tiempo después, un sospechoso BMW 116d negro se saltaba un radar de autopista a 163 km/h… mientras el coche original estaba pasando la revisión en un concesionario a 200 kilómetros del suceso. Mucho ojo.

¿Cómo clonan un coche entero?

Pero no es este el único tipo de “clonación vehicular” que se da en estos días. Esto de las placas es la categoría “robar cobre de una obra”, pero hay otra, que es “robar oro de una caja fuerte”. Aquí el tema está más organizado, como puso de relieve la reciente detención de un grupo dedicado a ello en nuestra costa mediterránea. Hablo de clonar coches, enteros y verdaderos.

El proceder implica un coche siniestrado, uno robado, unos “pillos listillos”, sobornos y cruzar fronteras en busca de un comprador poco atento al detalle. Dados los ingredientes, atendemos a la mezcla.

  • En primer lugar, un falso desguace localiza y compra un siniestro a precio de chatarra y promete hacerse cargo de la baja del vehículo en Tráfico, cosa que nunca hacen.
  • Otra rama de la banda localiza y roba un coche de la misma marca, modelo, color y antigüedad que el accidentado.
  • Se cambian las placas y los papeles.
  • Se saca el coche del país y se matricula en otro, con el beneplácito del inspector que, por unos euros, “no ve” que el número de bastidor no coincide con la documentación aportada.
  • Total, coche legalizado y, sin dilación, puesto a la venta.

En otros casos se intenta que el vehículo sea vendido en el mismo país en el que se ha desarrollado la trama, por ahorrarse problemas a la hora de matricular, o simplemente se falsifica la documentación para “agilizar los trámites”.

Sea como fuere, lo que nos encontramos nosotros, si lo hemos comprado, es con un coche robado en toda regla. Y lo menos malo que nos puede pasar es que nos quedemos sin él.

¿Cómo no caer en este engaño?

Ante todo, tranquilidad. No es un “chanchullo” fácil y, por ello, no está en exceso extendido. Lo que siempre hemos de observar con cuidado es que toda la documentación contemple el mismo número de bastidor del coche, troquelado en la ficha técnica y, bien clarito, en el permiso de circulación. No estará de más, si somos gente suspicaz, echarle un ojo al que el propio automóvil lleva inscrito en su chasis, generalmente bajo el capó, en una de las torretas delanteras. Recientemente, en coches de muchas marcas, aparece en una ventanita; es visible a través del parabrisas delantero.

En los coches de importación americana, a veces hay variaciones (muchos números empiezan allí por AA y aquí, por ZZ) debidas a temas de homologación. Es normal, pero el comercial debe explicártelo.

Y si aún así no lo ves claro, huye, por buena que sea la oferta. Dicen que cuando algo es demasiado bueno para que sea verdad… es porque generalmente es mentira.

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