Reportaje

Coches míticos: Volkswagen Polo G40, un caracol con nervio

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16 de mayo, 2020

El Volkswagen Polo G40 destacó por su complejidad técnica y por sus acabados algo superiores a los de sus rivales. Su precio hizo que no fuesen muchas las unidades vendidas y hoy quedan pocas y caras. Te contamos su historia.

Con la segunda generación del Volkswagen Polo (producida entre 1981 y 1994 con un lavado de cara en 1990), la gama del modelo fue muy completa. Además de la carrocería de 3 puertas se añadió un sedán de 3 volúmenes denominado Classic y un coupé. También contaba con una buena oferta de motores, entre los que destacó el G40, una mecánica sobrealimentada para que el Polo plantase cara en una categoría en auge: la de los pequeños deportivos.

El Volkswagen Polo G40 llegó al mercado en 1987 en la carrocería del VW Polo Coupé GT y llamó la atención por su tecnología, con un motor que partía del robusto 1.3 de gasolina, pero con una potencia de 115 CV en lugar de los 75 de la versión sin el apellido G40.

Esa potencia extra se conseguía principalmente gracias al trabajo de un compresor volumétrico patentado por Volkswagen como característica diferenciadora y llamado G-Lader.

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En 1990 el Volkswagen Polo II fue sometido a un severo lavado de cara. Manteniendo la estructura principal, el aspecto del coche cambió por completo con un frontal más moderno (sin los característicos faros redondos), una trasera con diferentes ópticas, portón y paragolpes, llantas y, sobre todo, un interior completamente rediseñado, más completo, equipado y mejor acabado.

VW Polo G40: el más caro de la categoría

El interior del Polo G40 estaba mejor acabado que la media de sus rivales.

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Las prestaciones del VW Polo G40 eran buenas y también su comportamiento en carretera. Además, el Polo tenía un interior que, aunque austero y sobrio, tenía una calidad de acabados y materiales superior a la de sus rivales. Sin embargo, todo esto no justificaba una diferencia de precio respecto a sus rivales mucho mayor que las ventajas que el Polo tenía frente a ellos.

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Además, aunque eficaz y rápido, su conducción no resultaba tan excitante y divertida como la de algunos de sus rivales, especialmente el Renault 5 GT Turbo y posteriormente el Clio 16v, de ahí que sus ventas no fuesen un éxito. Su precio en España era de 1.700.000 pts (unos 10.500 euros) en 1992, lo que lo ponía al mismo nivel que un Renault Clio 16v que ofrecía casi 15 CV más y un comportamiento dinámico más sport.

VW Polo G40: un caracol en el motor

El compresor tipo G de Volkswagen era más complicado que eficaz.

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El Polo G40 llegó al mercado en un momento en el que los pequeños motores sobrealimentados que habían elevado a mito a modelos como el Fiat Uno Turbo o el Renault 5GT Turbo empezaban a tener mala prensa. De hecho, Renault renunciaría a la sobralimentación en el Clio.

Volkswagen había tomado nota de las críticas sobre los turbo y decidió emplear un tipo de sobrealimentación diferente en el Polo, rechazando el uso del turbo para evitar el famoso latigazo por su brusca y desfasada respuesta, el famoso turbo lag.

Para ello, en lugar de generar presión usando los gases de escape en un turbo, lo que usó Volkswagen fue un compresor volumétrico de tipo G.

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Este compresor generaba la sobrealimentación al girar solidario al cigüeñal mediante una correa que hacía girar dos cámaras con forma de G (de ahí el nombre). Esto comprimía el aire atrapado entre las dos G que giraban y generaba la sobrealimentación. El diámetro de la admisión del compresor era de 40 mm, de ahí el nombre de G40 en el Polo frente al G60 del Golf.

La ventaja de girar solidario al cigüeñal es que el compresor no tiene retraso de respuesta al pisar el acelerador y, además, podemos regular mejor su presión de soplado e incluso proporcionar una curva de par completamente plana.

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Por desgracia, no todo era perfecto. Este tipo de compresores era muy sensible y con un elevado desgaste que encarecía su mantenimiento y, además, la refrigeración del aire de admisión era crítica y perdían rendimiento fácilmente con el calor.

VW Polo G40: a la sombra del GT turbo

Sus prestaciones eran buenas, pero no era capaz de seguir al GT Turbo.

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Con una aceleración de 0-100 km/h de sólo 8,7 segundos y una velocidad máxima de 200 km/h, el VW Polo G40 era uno de los deportivos pequeños más rápidos del mercado. Además, era relativamente apreciado por preparadores que mejoraban sus prestaciones, llegando a registrar velocidades de hasta 230 km/h y bajando de los 8 segundos en el 0-100 km/h.

Pese a estas excelentes cifras y un comportamiento dinámico muy equilibrado, al Polo le tocó lidiar con tres rivales abrumadores: el Peugeot 205 GTi, el Renault 5 GT Turbo y, al final de su vida comercial, con el Renault Clio 16 válvulas.

La eficacia del chasis y el poderío del motor más grande de su categoría hicieron del 205 GTi un rival casi imbatible, mientras que el Renault 5 GT Turbo era una bestia imparable que enamoraba por su empuje.

Contra el Clio la batalla era muy injusta. El Polo partía de una base diseñada casi dos décadas atrás, ya estaba a punto de ser relevado, mientras que el Clio estaba en plenitud de facultades.

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