Reportaje

Coches míticos: Mercedes 190 Cosworth, la catapulta de Senna

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04 de julio, 2020

En la década de los ochenta Mercedes quiso quitarse ese prejuicio de fabricante de coches de calidad pero aburridos y sacó al mercado este modelo, un precursor de las versiones AMG actuales y al que BMW tuvo que responder con dureza. Ésta es su historia.

Aunque sólo se comercializó como Cosworth en algunos mercados como el británico y aquí es más conocido como Mercedes 190 2.3-16 o 2.5-16, como hay varias cilindradas y sucesivas evoluciones, dentro del nombre de Mercedes 190 Cosworth las podemos englobar todas. Con la llegada de este modelo al mercado, Mercedes abrió las puertas a una nueva categoría, la de las berlinas compactas de altas prestaciones, y obligó a reaccionar a su eterna rival.

Tomando como base el Mercedes más compacto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Mercedes supo dotar a su «baby Mercedes«, como se conocía a la serie 190 en la época, de un carácter único. En 1984 Audi recurría al turbo para sacar la quintaesencia de su 5 cilindros, Saab acababa de lanzar al mercado el primer automóvil con turbo y 16 válvulas (el Saab 900 SPG de 175 CV) y la mayoría optaba o por turbos o por grandes cilindradas para sacar caballos a sus mecánicas.

Mercedes tiraba por el camino de en medio y presentaba un motor de 4 cilindros bastante grandes (con una cilindrada unitaria de más de medio litro hasta llegar a los 2,3 litros de cubicaje total) con culata de 16 válvulas y una puesta a punto muy fina. Sin necesidad de turbo, el Mercedes 190 2.3-16 alcanzaba los 185 CV en las versiones sin catalizar, una cifra de potencia específica muy buena y que se debía en gran medida al extraordinario trabajo llevado a cabo por sus socios de Cosworth, especialistas en competición a los que Mercedes encargó el trabajo del estudio de la dinámica de los gases de admisión y escape para lograr hacer respirar a toda la caballería.

La carrocería se rebajaba unos centímetros respecto al 190 E, a la vez que se reajustaban las cotas del eje delantero y el trasero, se añadían unos amortiguadores y muelles más firmes, se dotaba al eje trasero de un sistema de autonivelado hidráulico, llantas de 15 pulgadas con neumáticos de 205 mm de ancho, nuevas estabilizadoras, asientos deportivos, un kit aerodinámico y una caja de cambios con selector deportivo. El resultado era un coche con un rodar que enamoró a la prensa en cuanto se sentó a sus mandos y que hacía que el BMW 323i quedase en ridículo con sus 150 CV.

La respuesta de BMW no se hizo esperar y apenas unos meses más tarde hacía más grandes los pucheros de su 6 cilindros para llegar hasta los 170 CV del BMW 325i, pero seguía sin estar a la altura del Mercedes 190 2.3-16. La marca de la estrella le ganaba la batalla donde más le dolía a BMW con un modelo que tenía un tacto deportivo excelente.

Un año después de presenatar el 325i, por fin BMW presentaba un rival digno de verdad para el Mercedes Cosworth y lo hacía con un planteamiento técnico sospechosamente parecido: 4 cilindros, 2,3 litros de cilindrada y una culata casi de competición. Eso sí, mientras el Mercedes tenía un fiable pero arcaico sistema de inyección mecánica K-Jetronic de chorro continuo, el nuevo BMW M3 contaba con el sistema de inyección más moderno de Bosch, completamente electrónico y con toberas de admisión directas para cada cilindro. El resultado: 15 CV más que el Mercedes y una carrocería mucho más espectacular gracias a sus abultados pasos de rueda que lograron que el BMW M3 e30 se convirtiese en un unicornio.

Mercedes 190 2.3-16v: nacido para los circuitos

Mercedes promocionó muy bien este modelo en los circuitos.

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El lanzamiento del Mercedes 190 2.3-16 fue una genialidad por parte de la marca de la estrella. Antes de su llegada al mercado, Mercedes organizó una carrera con motivo de la inauguración del nuevo trazado de Nürburgring y antes de la salida de la de Fórmula 1. A los mandos de una veintena de Mercedes 190 2.3-16 se sentarían los mejores pilotos de la época en varias categorías, con volantes reservados para leyendas como Stirling Moss, pero tambien para principiantes como Ayrton Senna, que se estrenaba en la F1.

Las unidades para la competición salían directamente de la línea de montaje para que se les quitasen los asientos traseros y se rebajase la altura de la carrocería otros 2 cm y se instalase la jaula anti vuelco y las medidas de seguridad pertinentes para los pilotos.

Aunque la carrera se anunció como un juego amistoso, es un concepto que no existe en la mente de un piloto profesional, así que aquello se convirtió en una carrera de lo más excitante, con los mejores pilotos a bordo de coches en idénticas condiciones, lo cual generaba una expectación y un morbo extraordinarios entre el público.

El ganador de aquella mítica carrera fue Ayrton Senna, que por entonces era un piloto que sólo los más introducidos en el mundillo conocían. El brasileño dejó claro aquel día cuales eran sus intenciones, y lo hizo con una berlina de Mercedes.

Mercedes 190 2.5-16V: la respuesta al M3

El 2.5 añadía más potencia y par a la vez que retocaba las suspensiones.

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Cuando BMW presentó el M3 en 1986, Mercedes confiaba demasiado en que su coche era superior técnicamente, con un eje trasero multibrazo mucho más elaborado que el de Múnich y un chasis muy equilibrado. Realmente el Mercedes era algo más eficaz y fácil de conducir, pero sus ventas se vieron muy dañadas tras la salida del M3, mucho más espectacular y con 15 CV extra.

Para 1988 Mercedes presentó la solución al problema, pero sólo en parte. El 2.3-16 aumentaba su cilindrada hasta los 2,5 litros y con 205 CV, el nuevo Mercedes 190 2.5-16 era más potente que el BMW, pero seguía siendo demasiado discreto. El kit aerodinámico (que estaba disponible como opción hasta para un simple Mercedes 190 E con motor 1.8) no era rival frente a las formidables caderas del M3 e30.

BMW también sabía cómo apretar más su M3, así que pronto empezaron a añadirse sucesivas «Evo» a cada uno para mantenerse siempre por encima del otro, una batalla que parecía ganada por el BMW. No sólo vendían bien, también conseguían que muchos pilotos lo eligiesen en competición, no sólo de circuitos, también de rallys.

Mercedes 190 2.5-16v Evo2: acción y reacción

El Evo2 fue necesario para vencer al M3 y homologar la versión para el DTM.

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En 1989 Mercedes presentó una evolución del 2.5-16 que, con muy pocos cambios estéticos (apenas el tamaño del spoiler trasero), añadía un interesante afinamiento de las suspensiones para lograr una mayor eficacia, pero el verdadero espaldarazo llegaría en 1990 con el lanzamiento del Mercedes 190 2.5-16 Evo II, una bestia parda elaborada para poder homologar la versión que participaría en el DTM.

El motor se apretaba para transformar los 204 CV en 238 CV, los anchos de vía se aumentaban y se añadían unos discos de freno tan grandes que el nuevo Mercedes tenía que montar unas de las llantas más grandes que se habían visto hasta entonces en un coche de calle, con nada menos que 17 pulgadas.

Para dejar espacio a todos esos cambios, el Evo II añadía unos abultados pasos de rueda y para evitar que aquello despegase se rebajó la altura al suelo, se añadió un faldón delantero con un labio que podía modificar el ángulo de ataque y un gigantesco alerón trasero de doble ala, también con aerodinámica ajustable y un canalizador sobre la luneta trasera.

Mercedes, que hasta entonces había jugado la baza de la discreción en su berlina deportiva, ahora se pasaba al otro extremo con un coche que parecía un delirio de un aficionado al tuning, pero que en realidad era una obra maestra, eso sí, carísima.

Mercedes 190 AMG: sin derecho a estrella

AMG hizo su propia versión «atómica» del 190, pero sin la estrella.

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Hoy en día AMG es a Mercedes lo mismo que Motorsport a BMW, pero en 1987 la empresa AMG era una astilla entre los dientes para la marca alemana, hasta el punto de obligarles a quitar de sus preparaciones la estrella Mercedes. En 1987 los especialistas de AMG presentaron uno de sus engendros sobre la base de un Mercedes 190, al que añadían el motor de 6 cilindros en línea con el cubicaje aumentado hasta los 3,2 litros y una puesta a punto de la gestión electrónica para hacerlo llegar hasta los 245 CV de potencia.

Salvo por unas llantas más grandes que las del 2.5-16v, el AMG 190 3.2 era todavía más discreto el modelo que sí lucía la estrella en la coraza delantera, con un spoiler sobre la tapa del maletero que resultaba más elegante que el de tipo puente del Mercedes.

Sus prestaciones eran también formidables comparadas con las del 2.5-16 v:

  • 245 CV frente a 204 CV
  • 239 km/h frente a 234 km/h
  • 7 segundos en el 0-100 km/h frente a 7,7 segundos

Pocos años después cesaron las hostilidades entre Mercedes y AMG. Los de la estrella reconocieron que los trabajos de AMG eran dignos de su calidad y se hicieron con el control de la compañía, que pasó a ser un departamento especial dentro de Mercedes. Al final, el primer modelo de Mercedes en lucir con orgullo las siglas de AMG fue, precisamente, el sucesor del 190 2.5-16, el Mercedes C36 AMG.

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