Reportaje

Coches míticos: Mazda RX-7, el emperador del drifting

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10 de octubre, 2020

La última generación del Mazda RX-7 fue el máximo exponente de la deportividad. Ligero, potente y muy ágil, es uno de esos coches que ha dejado un hueco difícil de cubrir. La famosa saga de Fast & Furious lo ha catapultado, pero, sobre todo, ser la máquina preferida por el rey del drifting, Mad Mike.

Mazda es una de las marcas que ha demostrado más audacia a lo largo de su historia. En realidad, no sólo audacia, también ingenio, logrando éxitos donde otros se rendían. Buena prueba de ello es el coche mítico de hoy, el Mazda RX-7 y su motor Wankel.

Donde Citroën, Audi (entonces se llamaba NSU) y la mismísima Mercedes-Benz acabaron rindiéndose, los ingenieros de Mazda siguieron con sus desarrollos hasta conseguir que el motor rotativo ideado por Felix Wankel funcionase correctamente. No sólo lo hicieron funcionar de forma fiable, también que fuese ganador, como dejó claro al ser el motor del primer coche japonés en lograr la victoria absoluta en Las 24 Horas de Le Mans.

Heredero del precioso coupé Mazda Cosmo, el Mazda RX7 de la última generación era un verdadero deportivo de los de la época dorada de los coupés japoneses: ligero, rápido, preciso y con una tecnología diferenciadora. El Subaru SVX presumía de su tracción total y su motor bóxer de 6 cilindros; el Mitsubishi 3000 GT de su aerodinámica, suspensión, dirección y tracción total; el Honda NSX de su motor VTEC… Todos los coupés japoneses destacaban en algo, y el Mazda RX7 se salía del camino trillado gracias a su portentoso motor Wankel sobrealimentado.

Mazda RX-7: una saga con personalidad

El Mazda RX-7 sorprendió con un diseño muy cuidado.

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A lo largo de sus tres generaciones, el Mazda RX-7 es el coche con motor rotativo más vendido del mundo, con más de un millón de unidades comercializadas, todo un logro si tenemos en cuenta que se trata de un mercado muy minoritario.

La primera generación del Mazda RX-7 se presentó en 1978 y sobresalía por un diseño en el que se cuidaban mucho los detalles y la calidad, y por su ligereza. Gracias a la simplicidad del motor Wankel (que tiene casi la tercera parte de piezas que un motor convencional), el Mazda RX-7 apenas llegaba a la tonelada de peso, lo que hacía que sus 130 CV rindiesen bastante más de lo que la cifra podía parecer.

De respuesta ágil y coqueto, el Mazda RX-7 pronto tuvo una buena acogida en el mercado y sus ventas fueron mejores de lo previsto para un mercado de nicho como el suyo.

En 1985 llegaría la segunda generación del Mazda RX-7 con un estilo que recordaba mucho al de los Porsche 924, especialmente en la vista lateral y proporciones. La cilindrada de los rotores Wankel aumentó y también la potencia, que llegaba a los 150 CV. Por desgracia, el peso aumentó todavía más y con 1.300 kg de peso (150 kg más en las versiones descapotables), el nuevo Mazda RX-7 perdía parte de esa agilidad que había enamorado al público en su antecesor. La cosa se intentó solucionar añadiendo un turbo al motor Wankel, de modo que los Mazda RX-7 Turbo llegaban a los 180-200 CV (dependiendo de los mercados y versiones), una cifra ya respetable y que compensaba ese aumento de peso.

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Con la tercera evolución del Mazda RX-7 llegamos a nuestro protagonista. Presentado en 1992, el nuevo Mazda RX-7 turbo era un deportivo de raza que enamoraba por su dinamismo. Ligero, ágil, con un motor rabioso, un sonido que ponía los pelos de punta y 240 CV, la tercera generación del Mazda RX-7 era uno de los deportivos más exóticos del mercado en su momento.

El interior sobresalía por su puesto de conducción en el que todo envolvía al conductor, un selector del cambio de recorridos cortos y precisos, unos asientos deportivos que recogían el cuerpo a la perfección y una postura de conducción perfecta para notar cada reacción del chasis.

Las normas anticontaminación europeas daban alas a los TDi y dejaban fuera al Mazda RX-7, que se seguiría comercializando en algunos mercados donde tuvieron la suerte de poder disfrutar de las versiones biturbo que alcanzaban los 280 CV de serie y que eran relativamente fáciles de seguir potenciando.

La saga RX-7 se acabó en 2002, justo en el momento en el que se haría universalmente famosa.

Mazda RX-7 Veilside: gran salto de fama

El cine hizo que muchos RX-7 hayan sucumbido al tunning.

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En 2001 comenzaba una de las sagas más taquilleras del cine: Fast & Furious y uno de sus principales protagonistas sería un estilizado Mazda RX-7 conocido como Veilside, cuyo kit de carrocería se convertiría en uno de los principales culpables de que hoy en día sea difícil encontrar un RX-7 original.

Pasos de rueda ensanchados, un frontal a medio camino entre un Supra Biturbo y un McLaren F1, llantas de tropecientas pulgadas y, cómo no, un enorme alerón trasero, colorines y neones. El Veilside lanzó a la fama al Mazda RX-7 y se convirtió en el objetivo de muchos preparadores, para lo bueno y para lo malo.

Lo cierto es que el diseño original del Mazda RX-7 era una obra muy equilibrada y difícil de mejorar a base de fibra. Detalles como los tiradores de sus dos únicas puertas disimulados, la línea recta de cintura, su trasera con el antifaz que formaban sus grupos ópticos… El Mazda RX-7 tenía un estilo que lo hacía único y, además, era ligero y rígido a la vez.

Su motor Wankel se ganó fama de poco fiable, aunque lo cierto es que su consumo de aceite no significaba que hubiese nada malo en él, simplemente lo necesitan los motores Wankel para funcionar. Sus principales enemigos son precisamente una falta de atención al nivel de aceite y las preparaciones, pero correctamente mantenidos, estos motores hacen sin dificultad 200.000 sin averías y su reparación en muchos casos es más barata que la de un motor de pistones convencional.

Mazda RX-7: de los rallys a Le Mans

El RX-7 de Le Mans estuvo perdido muchos años.

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Mazda supo sacar un buen partido publicitario del RX-7, sobre todo en los EE.UU., donde pronto empezó a participar en numerosas competiciones deportivas, incluidas las míticas IMSA-GTO, donde inscribió un bólido en 1991 con motor de 4 rotores que lograba 600 CV a 11.000 rpm y que helaba la sangre con su bramido cuando pisaban a fondo en las rectas. Medio en broma medio en serio, los rivales a los que superaba pese a ir lastrado por el reglamento decían que les adelantaba porque se asustaban al oír cómo esa especie de reactor con postcombustión se les acercaba.

Para demostrar la fiabilidad y cerrar bocas, Mazda usó mucho este modelo en carreras de resistencia en varias temporadas, logrando la victoria en las 24 horas de Spa, las 24 Horas de Daytona y buenas clasificaciones en general.

Otro terreno duro en el que dejar clara la fiabilidad de un coche era el de los Rallys, donde también llegó a participar un Mazda RX-7 con especificaciones de Grupo B hasta que se prohibió la categoría por sus brutales prestaciones, casi equiparables a las de los Fórmula 1 de la época, pero por carreteras de montaña y caminos de tierra en vez de sobre una pista exquisitamente asfaltada. Sí, como lo oyes, el Mazda RX-7 plantó cara a los míticos Audi Quattro y Lancia S4 en competición, logrando un tercer puesto en el Rally Acrópolis de 1985.

Mazda RX-7: el favorito de Mad Mike

El rey del drift tiene un RX-7 como arma.

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El motor Wankel es muy compacto y ligero y estas cualidades han sido importantísimas para que el último Mazda RX-7 fuese un automóvil que enamoraba a los conductores más sport. La mecánica va colocada prácticamente entre los pies de los pasajeros, toda ella por detrás del eje delantero y con la caja de cambios directamente bajo el selector. Su centro de gravedad es extremadamente bajo y, además, no hay apenas nada en los voladizos, así que tiene un momento polar muy reducido. ¿Qué quiere decir esto? Pues que hacerlo girar sobre su eje no tiene apenas inercia, es decir, que podemos hacerlo derrapar y cortar esa derrapada con una precisión formidable.

Sin duda, éste es uno de los motivos por los que el rey del drifting, Mad Mike, tiene entre sus fetiches al Mazda RX-7. Vale que entre su coche de competición y un Mazda RX-7 de calle hay infinidad de diferencias, pero el punto de partida coincide.

Ligero, con un chasis que de serie era bastante rígido y sin apenas inercias en el morro, el Mazda RX-7 tenía una dirección muy precisa y obediente y unas reacciones muy ágiles. La prensa de la época sólo ponía dos peros al coche: la falta de potencia y los frenos. No es que frenase mal o no acelerase lo suficiente, es que pedía más caña todavía.

¿Volverá el Mazda RX-7?

El concept RX Vision deja una puerta abierta a la esperanza.

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Al Mazda RX-7 le sucedió el RX-8, un modelo muy interesante desde el punto de vista técnico y de concepto, pero que descafeinó demasiado al coupé japonés. Sus cuatro puertas fueron una idea excelente que ha sido copiada en varias ocasiones por otros fabricantes y ofrecía un interior sorprendentemente utilizable por 4 adultos pese a su preciosa línea de coupé, pero perdió mucho temperamento.

En el Salón de Tokio de 2015, Mazda dio esperanzas al público con un concept car que fue el centro de todos los flashes: el Mazda RX Vision. Su letra R dejaba claro que se trataba de un modelo con motor rotativo, una nueva generación que seguiría con los preceptos de la saga de motores Skyactiv de bajas emisiones.

Por desgracia, lo único que se ha aprovechado hasta ahora de aquel concept es la creación del RX-Vision GT3, un espectacular GT para el videojuego Gran Turismo Sport, que lo tiene disponible desde mayo de 2020.

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