Reportaje

Coches míticos: Ford Fiesta XR2 y RS Turbo

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06 de junio, 2020

El Ford Fiesta XR2 fue un modelo que hizo las delicias de miles de aficionados. Ligero, rápido y muy divertido, en la actualidad es un modelo de culto junto con otros como el Peugeot 205 GTi. Éste es nuestro homenaje.

Cuatro años después del lanzamiento mundial del Ford Fiesta en 1976, la compañía presentó una versión de altas prestaciones denominada Ford Fiesta Super Sport. En realidad, esta versión tenía como misión estudiar la viabilidad de un Ford Fiesta más potente y su rentabilidad. Visto el éxito y que rivales como Renault ganaban dinero con sus R5 Copa, Ford decidió lanzar al mercado en 1981 el Ford Fiesta XR2.

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Desde el primer día, el nuevo modelo del Fiesta se convirtió en un fenómeno y no sólo se vendió bien por sí mismo, también ayudó a incrementar las ventas del resto de la gama, que ahora tenía un hermano del que estar todavía más orgullosa.

Ford Fiesta XR2 Mk I: el original

El Mk I tiene el encanto de lo esencial y original.

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Presentado en 1981, el primer Ford Fiesta XR2 contaba con un motor de gasolina de 1,6 litros de cilindrada y de concepción muy sencilla. Nada de doble árbol de levas en cabeza, ni de inyección electrónica… simplemente una carburación un poco generosa y cilindrada para llegar a los 84 CV.

Con esta potencia, el Fiesta XR2 se movía con mucha soltura y se convertía en uno de los modelos de su tamaño más divertidos de conducir, un auténtico precursor para otros que llegarían después, como el Peugeot 205 GTi o el Talbot Samba Rallye, que nacería justo un año después del lanzamiento del XR2.

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Además de por su potencia, el XR2 contaba con elementos diferenciadores como las llamativas llantas de aleación, a imagen y semejanza de las de las versiones superiores del Ford Capri, un kit aerodinámico que incluía un faldón delantero y aletines para los pasos de rueda, los faros delanteros redondos con unos faros de largo alcance adicionales, los marcos de las ventanas con máscara negra, a juego con el faldón y una cenefa decorativa que recorría el costado del Fiesta con la inscripción XR2 tras los pasos de rueda delanteros.

En el interior había pocas diferencias respecto a las versiones más equipadas del Fiesta, pero lo bueno empezaba al girar la llave y escuchar el característico sonido ronco del XR2 y disfrutar de sus prestaciones.

Ford Fiesta XR2 Mk II: actualizado y suavizado

El Mk II no variaba demasiado, pero sus líneas se suavizaron.

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Apenas un año y medio después del lanzamiento del XR2 el Ford Fiesta fue sometido a un profundo lavado de cara. Exteriormente se suavizaron sus aristas, un nuevo frontal, nuevos grupos ópticos y paragolpes y, sobre todo, un interior completamente remozado.

El Ford Fiesta XR2 Mk II presentado en 1983 adoptaba el motor 1.6 del Escort, de concepción más moderna y eficiente, con lo que las prestaciones aumentaron hasta los 96 CV, una cifra muy seria en la época. Para diferenciarse del resto de la gama Fiesta, el nuevo XR2 añadía los faros de largo alcance, la moldura lateral con la inscripción XR2, faldón delantero, aletines, taloneras y un llamativo deflector aerodinámico que enmarcaba la luneta trasera, además de las llantas también orificios redondos.

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Aunque de mejores prestaciones que su predecesor, este XR2 tuvo que convivir con rivales más serios, lo que hizo que no destacase tanto en el mercado como en su día lo hizo el Mk I.

Ford Fiesta XR2 i Mk III: el fin de la saga

La tercera generación tenía un frontal muy diferenciador con sus 6 ópticas.

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Con la llegada de la tercera generación del Fiesta en 1989 se añadió una «i» a la denominación del XR2, lo cual significaba que abandonaba la carburación y adoptaba un nuevo motor mucho más moderno y potente. Gracias a sus 110 CV, el Ford Fiesta XR2 i volvía a estar entre los más potentes de su categoría y sus prestaciones eran muy buenas, aunque no tanto su comportamiento dinámico.

Estéticamente causó furor su espectacular frontal con cuatro faros adicionales en el faldón: dos de largo alcance y dos de niebla o cuneteros, que se convirtieron en su seña de identidad más destacada. Desaparecían las llantas de orificios redondos y llegaban unas de nuevo diseño.

El aumento de peso y de prestaciones sacó a relucir algunas limitaciones del bastidor del Fiesta, que perdía posiciones respecto a sus rivales cuando la carretera se complicaba.

En 1992 el XR2 i cambiaba de motor una vez más. La cilindrada subía a 1,8 litros y, sobre todo, su culata pasaba a ser de 16 válvulas, con lo que se alcanzaba un nuevo nivel de rendimiento, con mejores consumos y eficiencia pese a su superior potencia. Fue el canto del cisne de la saga XR2 y del RS Turbo, al que sustituiría el 16V.

Ford Fiesta RS Turbo: indomable

El RS turbo no tenía un chasis a la altura de su motor.

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Antes del lanzamiento del motor de 16 válvulas, el Fiesta contó con una versión radical denominada RS Turbo. A alguien le pareció buena idea trasplantar el motor del Ford Escort Turbo de 133 CV en el vano motor del Fiesta. Si ya al Escort le costaba lidiar con las bruscas entregas de par del turbo, en el Fiesta ni te cuento.

Estéticamente, el Ford Fiesta RS Turbo se diferenciaba del XR2 i en que la franja decorativa de los costados y del parachoques era verde, en las llantas de 3 palos y en unas branquias en el capó delantero. Dentro se añadían unos excelentes asientos recaro que eran la envidia de la categoría, pero la verdadera diferencia estaba en el temperamento de su motor.

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Esta mecánica sobrealimentada solía ser generosa en los bancos de potencia de la época y casi siempre estaba en el entorno de los 140 CV, lo que lo convertía en el utilitario más potente del mercado. Sus aceleraciones, recuperaciones y velocidad punta eran impresionantes, pero su chasis decepcionaba.

El par llegaba muy bruscamente a las ruedas delanteras y eran incapaces de transmitirlo al asfalto. Desprovisto de control de tracción y de autoblocante, sus pérdidas de motricidad eran muy acusadas y corría mucho más de lo que el chasis era capaz de admitir. Esto hacía que, en las pruebas de la época, el veredicto fuese unánime y, pese a su potencial y cifras sobre el papel, en la práctica quedaba relegado a los últimos puestos para los probadores, pese a sus formidables asientos Recaro, su equipamiento y su rendimiento.

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