Reportaje

Coches míticos: el Toyota Celica de Carlos Sainz

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17 de abril, 2020

El Toyota Celica está de aniversario y todas sus generaciones son fantásticas, pero en España tenemos especial aprecio por una que se volvió mítica debido a un piloto nacional: Carlos Sainz. Ésta es la historia del famoso coupé japonés.

Toyota ha resucitado el Supra hace apenas un año y es una lástima que no recuperase su nombre completo, ya que el Supra nació como una versión superlativa del Celica. De hecho, su nombre al principio era Toyota Celica Supra. El Toyota Celica cumple en 2020 nada menos que medio siglo y, aunque ha tenido muchas generaciones, en España la más recordada fue la que llevó al primer español al puesto número uno del Mundial de Rallys, el mítico Toyota Celica de Carlos Sainz.

Antes de este modelo hubo varias generaciones, así que vamos a verlas antes para conocer mejor a un deportivo que consiguió posicionar a Toyota en un mercado tan importante como era el americano. Fabricado durante nada menos que 35 años, el Toyota Celica puso a la marca en el mapa mundial y la llevó a lo más alto en competiciones internacionales.

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A lo largo de los 35 años que se mantuvo en producción, se fabricaron más de cuatro millones de unidades, una cifra importante para un coche de estas características.

Toyota Celica I (1971-1977): conquistar América

El primer Celica tenía unas líneas muy del gusto americano, aunque más compacto.

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En 1970 Toyota estaba en plena expansión fuera de sus fronteras y necesitaba un modelo con carisma que diera que hablar. Pese a la mentalidad práctica de los japoneses, el nuevo modelo tenía que seducir y ser algo frívolo incluso, un coche que enamorase al ojo pero sin perder de vista el empeño del fundador de la marca en la calidad y excelencia.

Para empezar se eligió el nombre de Celica evocando a lo celestial, en los sueños, pero con los pies en la tierra. Así se decidió fabricar un coupé 2+2 de diseño atractivo, pero relativamente económico, tanto por su precio como por su mantenimiento, un coche que los jóvenes se pudieran permitir.

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Tomando como base el Toyota Carina, los diseñadores de Toyota crearon una atractiva carrocería de 2 puertas con una silueta claramente inspirada en los deportivos americanos. Se ofrecía una gama muy completa, con mecánicas de 1,4 o de 1,6 litros de cilindrada, cajas de cambios manuales de 4 o 5 velocidades y automáticas y 4 niveles de acabado: ET, LT, ST y el más deportivo, el GT.

La base era muy sencilla pero impecablemente realizada y con detalles muy elegantes como los tiradores de las puertas o las ventanillas sin marco. La calidad de construcción era formidable y dinámicamente se tuvo clara la mentalidad del cliente americano, que prefería los corderos con piel de lobo. El Toyota Celica era un coche muy fácil de conducir, cómodo y divertido gracias a su tracción trasera.

A partir de abril de 1973 se añadió la carrocería con 3 puertas denominada Liftback y un nuevo motor de 2 litros de cilindrada.

Paralelamente a su expansión EE.UU., Ove Andersson se ocupó de crear el TTE (Toyota Team Europe) con sede en Colonia para configurar el centro de operaciones de la marca en Europa.

Toyota Celica II (1977-1981): la evolución lógica

La segunda generación se hizo esperar.

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Después de 6 años y más de medio millón de unidades vendidas llegó en 1977 la segunda generación del Toyota Celica. También se eligió el Carina como base de partida y se mantuvieron las dos siluetas de 2 y 3 puertas, pero más grande y serio que antes.

Con un equipamiento que seguía siendo excepcional para la época, el nuevo Celica mantenía las virtudes de su antecesor: dinamismo, funcionalidad y refinamiento combinados con un habitáculo apto para cinco ocupantes.

La severidad creciente de las normas anti emisiones en EE.UU. obligó a Toyota a desarrollar nuevas mecánicas. Así llegaron sus motores de doble árbol de levas en cabeza, que permitían una posición óptima de las válvulas y de la cámara de combustión para mejorar el rendimiento y mantener las prestaciones con menos consumo y emisiones.

Un par de años después de su lanzamiento, la segunda generación del Celica sufrió una ligera actualización estética: los cuatro faros redondos fueron sustituidos por otros cuatro de forma rectangular, quedando integrados a ambos lados de una nueva parrilla frontal.

Toyota Celica III (1981-1985): paso a paso

La tercera generación mantenía un estilo muy del gusto americano.

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Los Celica son coches pasionales y esto hizo que se fuesen actualizando para mantenerse frescos con mucha frecuencia. Sólo cuatro años después llegaba la tercera generación del Celica, con una forma en cuña muy marcada y un frontal con mucha personalidad.

Mantenía una silueta muy del gusto americano, pero añadía unos faros delanteros que se abatían de forma parecida a como lo hacían los del Porsche 928.

El diseño interior también fue revolucionario, con un ambiente futurista presidido por un cuadro de instrumentos totalmente digital y, en algunas versiones incluso, sistema de navegación, uno de los primeros del mundo del automóvil. El primer motor DOHC con turbocompresor en Japón se unió a la oferta del Celica al poco del lanzamiento de la tercera generación, con variantes de 1.6, 1.8 y 2 litros.

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En octubre de 1982, Toyota lanzó 200 unidades especiales del Celica con homologación de rally Grupo B. Se denominaban Celica GT-TS y se fabricaron en torno al nuevo motor DOCH turboalimentado.

El Celica Twin Cam Turbo demostró ser un arma casi infalible para Toyota en el Campeonato del Mundo de Rallys —World Rally Championship (WRC)—, especialmente en África, donde firmó tres victorias consecutivas en el Rally Safari de Kenia entre 1984 y 1986 y otras tres victorias en el Rally de Costa de Marfil en 1983, 1985 y 1986.

Toyota Celica IV (1985-1989): los caballos delante… y detrás

Con esta generación pasó de ser un trasera a ser delantera o 4×4 para homologar la versión de competición.

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Otra vez llegó la siguiente generación después de sólo 4 años y en 1985 debutó la cuarta generación del Celica, una revolución al pasar de ser tracción trasera a tracción delantera y ofrecerse únicamente con carrocería cupé ‘liftback’. Líneas mucho más redondeadas y un sobresaliente coeficiente aerodinámico (0,31) que se conjugaban con la nueva configuración de motor y tracción en el eje delantero y suspensión totalmente renovada, tipo MacPherson delante y detrás. El interior mantuvo su seña de identidad con instrumentación digital, ahora todavía más futurista gracias a los gráficos en color.

Con la prohibición del Grupo B de Rallys, Toyota Europa vio una oportunidad de oro para inscribir al Celica en la nueva categoría reina del mundial, un escaparate perfecto para su coupé. En 1986 se presenta una versión especial del Celica con tracción total y un turbo que hacía que su robusto motor llegase a los 185 CV.

Acababa de nacer un mito: el Toyota Celica GT-Four, un coche que quedaría grabado en la memoria de los aficionados españoles con Carlos Sainz sudando tratando de seguir la estela de los rapidísimos Lancia Delta Integrale que, para mantenerse en cabeza, tuvieron que copiar la tecnología multiválvula del Toyota. Pese a que el mundial de marcas siguió en manos de Lancia, Carlos Sainz conseguía el título de pilotos en la temporada de 1990.

Ese fue el primero de muchos éxitos del Celica GT-Four en el WRC, en sus distintas versiones a lo largo de los años —ST165, ST185 y ST205—, ya que con él Toyota sumó 29 victorias y seis títulos, dos de constructores y cuatro de pilotos.

Toyota Celica V (1989-1993): más agresivo 

La quinta generación ganó en agresividad en su diseño.

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Mientras el Celica GT-Four basado en la cuarta generación cimentaba la que posteriormente sería una gran trayectoria en el WRC, en 1989 Toyota lanzó la quinta generación del modelo de calle, la más recordada en España gracias a Carlos Sainz. De diseño todavía más redondeado, su tamaño era algo mayor y contaba con una gama de tres motores de 2.0 litros con hasta 225 CV en el Celica GT-Four.

En 1992 vio la luz el Toyota Celica GT-Four RC (Rally Competition), comercializado en otras regiones como Toyota Celica Carlos Sainz como homenaje al piloto madrileño con el que Toyota logró los títulos del WRC en 1990 y 1992. Fue una edición especial limitada a 5.000 unidades para todo el mundo, de las que unas 3.000 llegaron a Europa y únicamente 150 a España.

Esta variante se diferenciaba del Celica GT-Four por diferentes ajustes en el motor, entre ellos un ligero aumento de potencia, el chasis, con diferencial trasero tipo Torsen, y la carrocería, con una imagen aún más deportiva.

Toyota Celica VI (1993-1999): el bifaro

Con la sexta generación se recuperaron los 4 faros delanteros.

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Lanzada en 1993, supuso el regreso de los cuatro faros redondos en el frontal. Se mantenían las líneas redondeadas pero llegaba una nueva plataforma, que incrementaba la rigidez y reducía el peso, llevando todavía un paso más allá la deportividad inherente al Celica. Incluso con una carrocería más resistente, los ingenieros de Toyota lograron reducir el peso del conjunto en 90 kg. Para la suspensión se optó por una nueva configuración ‘Super Strut, mejorando gracias a ella la respuesta a alta velocidad y en carreteras sinuosas.

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En 1994 se comercializó en Japón un nuevo Celica GT-Four, homologado para el WRC, como parte del reto de seguir siendo la referencia del campeonato. Se propulsaba gracias a un motor de 255 CV con un nuevo sistema de reglaje de válvulas y un renovado turbocompresor , que permitía al Celica GT-Four acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de seis segundos y alcanzar los 250 km/h de velocidad máxima.

Igual que en la generación anterior hubo una variante descapotable, en este caso con capota de lona con un nuevo sistema de accionamiento eléctrico, que permitió incrementar el volumen del maletero y el espacio trasero en el habitáculo, llegando a cotas similares a las de la variante de carrocería cerrada.

Toyota Celica VII (1999-2006): un hasta luego

La séptima generación tenía unas líneas muy angulosas.

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Cuando se lanzó la séptima generación, allá por 1999, nadie podía pensar que sería la última del mítico Celica. Presentado en formato prototipo, como Toyota XYR Concept, en el Salón del Automóvil de Detroit en enero de 1999, fue toda una revolución a nivel diseño. Con un guiño al perfil en forma de cuña de la tercera generación, el que sería el último Celica presentaba una imagen angulada, con una larga distancia entre ejes y las ruedas muy cerca de los extremos de la carrocería.

Se comercializó únicamente en versión ‘liftback’ porque, desde el principio del proyecto, Toyota decidió no desarrollar versión descapotable ni de tracción total. En algunos mercados hubo dos opciones de motorización disponible, un 1.8 litros de 140 CV y un 1.8 litros 192 CV, mientras que en otros, como en Europa, sólo se comercializó con el más potente.

En abril de 2006, tras más de 35 años de historia, siete generaciones y más de cuatro millones de unidades vendidas en todo el mundo, el ya mítico Toyota Celica cesó su producción. Unos pocos años después, Toyota volvió a contar con un deportivo en su gama con la llegada del Toyota GT86, un cupé 2+2 de motor bóxer delantero y tracción trasera cuyo desarrollo se centró en las sensaciones que su conductor debía obtener al volante, con el placer de conducción como hilo conductor de toda su puesta a punto.

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