Reportaje

Citroën 5 CV, el primer coche que pensó en las mujeres

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08 de marzo, 2019

El fundador de la marca francesa fue un verdadero visionario. En 1922, Citroën lanzó al mercado su "pequeño limón": el Citroën 5 CV se convirtió en el primer automóvil diseñado para motorizar a las mujeres.

Citroën fue hasta 1975 una de las marcas más innovadoras y pioneras del mundo, especialmente hasta la fecha de la muerte de su fundador en 1935. André Citroën se dio cuenta antes que nadie de que los coches eran caros y debían dar la posibilidad de vender a crédito a los clientes, que los niños acabarían siendo compradores de sus coches (fue el primer fabricante en reproducir sus coches a escala de juguete para niños) y, también, que había un mercado sin explorar hasta entonces: el de las mujeres.

Los primeros automóviles eran muy difíciles de conducir. No tenían dirección asistida ni servofrenos, eran pesados y sus motores exigían que el conductor estuviese atento para regular manualmente el avance del encendido, la mezcla de combustible e incluso la presión en el depósito de gasolina para que ésta fluyese hacia el carburador. Esto hacía que los coches fuesen conducidos por conductores profesionales o por apasionados, ya que conducirlos exigía mucho esfuerzo físico y, además, era una tarea sucia.

En 1922, Citroën presentaba un coche en el Salón de París que sería toda una revolución. Para empezar, fue el primer coche fabricado en masa en Europa, pero, además, André Citroën puso un especial empeño en promocionar aquel modelo entre el público femenino, olvidado por el resto de fabricantes hasta entonces.

Citroën 5 CV: para pioneras

Citroën se dio cuenta antes que nadie de que había un mercado que potenciar.

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Para empezar, toda la campaña publicitaria del nuevo Citroën 5CV daba a las mujeres más protagonismo incluso que al propio vehículo, pero es que, además, el pequeño modelo estaba muy bien pensado para que ellas se sintiesen cómodas con su conducción y se animasen a tener su propio coche.

El Citroën 5 CV se presentó con colores muy alegres. Casi todas las primeras unidades tenían la carrocería pintada en un llamativo color amarillo con los guardabarros pintados en negro. Su color amarillo, su tamaño y la forma de la parte trasera (conocida como “boat tail”, o popa, pues recuerda a la parte trasera de un bote, muy típica de la época) hicieron que este coche pronto fuese conocido como “Petit Citron” (“pequeño limón” en español, jugando también con el nombre de la marca) o “Cul de Poulet” (culo de pollo, por la forma de la parte trasera).

Se trataba de un coche muy ligero con un pequeño motor de 4 cilindros y sólo 5 caballos fiscales (de ahí su denominación comercial). Su mantenimiento era muy sencillo, su ligereza y sus estrechos neumáticos hacían mucho más suave de lo normal para la época mover el volante y tampoco era complicado frenarlo sin tener que tener unas piernas de atleta.

Pese a su sencillez, el Citroën 5CV contaba con algunas sofisticaciones para la época, como era su arranque eléctrico (la mayoría de los coches se ponían en marcha con manivela, una maniobra peligrosa y que exigía fuerza) o los faros también eléctricos en lugar de los de carburo, mucho más engorrosos de utilizar y con menos luz.

Pronto llegó a ser un superventas entre el público femenino y este pequeño automóvil se convirtió en una pequeña revolución social en la época.

Además de fácil de conducir, estaba muy bien pensado y era un cochecito muy práctico. Pese a sus dimensiones muy reducidas (medía sólo 3,1 m de largo y 1,5 m de ancho), se le sacaba mucho partido al espacio y disponía de varias carrocerías con hasta tres plazas e incluso una pequeña furgoneta de reparto.

Citroën 5CV: un limón con mucho carisma

El Citroën 5CV tenía unas formas muy del gusto de la época y hacía un buen servicio.

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En apenas cuatro años (se fabricó de 1922 a 1926), el pequeño Citroën 5CV consiguió vender nada menos que 83.000 unidades. Hoy en día nos pueden parecer muy pocas cuando sólo en Madrid se matriculan esas cifras en un mes, pero estamos hablando de hace un siglo, cuando no había esa cantidad de coches ni siquiera en toda España.

El Citroën 5CV estaba muy bien pensado en todos los aspectos. Aunque la industria del automóvil estaba poco menos que empezando a gatear y se trataba de un coche económico, se tuvieron en cuenta todos los detalles. Por ejemplo, sus llantas eran de chapa prensada en lugar de ser de radios. Esta solución era bastante novedosa en la época y tenía algunas ventajas. Por un lado, eran más económicas, pero también impedían que se pudieran enredar cosas en sus radios. Si Isadora Duncan hubiese ido en un Citroën 5CV en lugar de en un Amilcar, no se habría ahorcado con su propio foulard.

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