Camiones Mercedes-Benz de F1

29 Enero, 2010, modificada el 1 Febrero, 2011 por

Clave en los éxitos de las “flechas de plata”, los Lo 2750 y Blue Wonder se exponen junto al Actros que Mercedes empleará en 2010 en Fórmula 1.

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Poco tienen que ver las famosas “flechas de plata” conducidas por Caracciola o Von Brauchitsch en los años 30 con las que Fangio, Moss, Kling o Herrmann llevaran a la victoria 2 décadas después, y menos aún con el monoplaza de Mercedes-Benz Grand Prix que pilotarán Nico Rosberg  y Michael Schumacher este año que la firma de Stuttgart retorna como marca a la Fórmula 1.


Tampoco hay mucha semejanza entre los camiones que en una y otra época transportaron aquellos bólidos con el Actros V8 de 16,5 metros usado en la actualidad por la escudería germana, y que ha comenzado prestando servicio a lo largo de 2009 en el prestigioso DTM como piedra angular en la logística de la escudería McLaren-Mercedes. La distancia estilística entre todos ellos salta a la vista cuando comparten escenario en el museo de la marca. Tres camiones que, sin embargo, exhiben como denominador común una tecnología revolucionaria en las épocas en que han recorrido las carreteras de medio mundo.

El Lo 2750 de 1934 -imagen superior-, año en el que nacieron las primeras “flechas de plata”, pone en juego la imagen más entrañable. Su nombre hace referencia a la capacidad de carga: 2,75 toneladas. Recurría a elementos nada frecuentes en aquel momento, como instrumentación con velocímetro, cuentakilómetros, indicador de nivel de aceite, botón de arranque e interruptores para luces e intermitentes. Su plataforma de suelo bajo, introducida en los primeros vehículos de pasajeros por la marca en los años 20, facilitaba la carga y dejaba ver mejor los coches transportados. Un detalle esencial, pues a cada victoria –el W 25 Silver Arrow ganó su primera prueba en 1934, en Nürburgring, y dominó la competición hasta 1939– le seguía un desfile por las calles de las ciudades.


El 4 cilindros del Lo 2750 debió parecer primitivo cuando década y media después el departamento de prototipos de Mercedes-Benz creó el camión que debía transportar a coches como el W 196 Grand Prix o el 300 SLR de carreras tipo sport. Y es que el Blue Wonder recurría al motor de 6 cilindros con inyección directa de gasolina del 300 SL. Tecnología punta en aquel momento y un diseño espectacular para un camión que, aún hoy, muchos consideran el más veloz del mundo.


Seis metros y 75 centímetros de longitud, 2 metros de anchura y una altura sorprendentemente baja para un vehículo creado sobre la plataforma tubular del Mercedes-Benz 300 S Luxury Coupe, y que compartía numerosos elementos –puertas, aletas y piezas del interior, entre otros– con el 180 Standard Saloon, una de las berlinas de la marca. Fue empleado durante un año apoteósico para Mercedes-Benz, cuando ganó el Mundial de Fórmula 1, el de Sportscar y el Campeonato Europeo de Turismos. Pero al concluir 1955 la marca abandonó la competición y el Blue Wonder acabó siendo en exhibiciones en Estados Unidos y, durante unos 10 años, en pruebas internas de la marca. Su reconstrucción, basada en antiguas fotografías, resultó aún más complicada que la del Lo 2750 de 1934, para el que se tomó como punto de partida una unidad de 1936 que prestó servicio en Munich como camión para riego de calles.


Junto a ellos, el Actros contemporáneo -sobre estas líneas- es un titan con un corazón también de gigante, pues bajo su cabina habita un propulsor de 15.900 cc. Su conductor, que debe escalar 5 peldaños hasta tomar asiento, se beneficia en su trabajo de sistemas de seguridad muy superiores a los montados por los coches que transporta, como el control de estabilidad ESP, un dispositivo antivuelco y otro que alerta sobre la salida involuntaria del carril por el que circula. Una relación de elementos que habría parecido ciencia-ficción en los años del Blue Wonder. Y la cosa no acaba ahí: el Actros de Mercedes-Benz Grand Prix equipa asistente activo para la frenada capaz de iniciar la detención de emergencia de forma automática cuando su radar detecta que el choque por alcance es inminente. El resto de usuarios de la vía y los propios ocupantes del camión se benefician de dichos avances. También los valiosos vehículos transportados en el segundo piso –el primero oficia de taller– de su largo e imponente remolque.

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