Reportaje

Baterías de litio de los coches eléctricos: un problema de reciclaje y contaminación

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17 de febrero, 2020

Las baterías de litio no son inocuas para el planeta. La extracción de este mineral escaso supone un problema ecológico, pero también el reciclaje de las baterías, que no es nada sencillo, como veremos a continuación

Las baterías de los coches eléctricos son el gran problema, no sólo porque sean pesadas, caras y lentas de cargar, también porque están hechas con materiales que escasean mucho más que el petróleo y, sobre todo, porque sus residuos son muy contaminantes.

En la actualidad, el proceso de tratamiento de las baterías de ión de litio como residuo es muy caro y apenas se recuperan el 50% de los componentes de las mismas, llegando hasta el 80% en el mejor de los casos. Además, el procedimiento para recuperar esos materiales es altamente contaminante y emite muchísimo CO2.

Por este motivo, la mayoría de los fabricantes hasta ahora ha apostado por una reutilización de estas baterías en lugar de desecharlas o reciclarlas.

Cuando el rendimiento de las baterías de ión de litio cae y ya no son utilizables como reserva de energía para fines principales como los coches eléctricos, se destinan a otros usos como sistemas de alimentación de emergencia, para iluminar campos de fútbol o incluso para estaciones de carga o «electrolineras». En esos servicios no es tan importante que la carga y descarga sea rápida ni la densidad energética es un problema, de modo que se pueden reutilizar.

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Ahora bien, esta solución es válida para aquellos acumuladores que hayan perdido parte de su rendimiento, pero no para aquellos que realmente hayan llegado al final de su vida útil o simplemente hayan fallado definitivamente.

Uno de los problemas para el reciclado de las baterías de ión de litio es que deben descargarse por completo por motivos de seguridad para poder ser despiezadas y separados sus componentes.

De las guerras por el petróleo a las guerras por el litio

La enorme demanda de cobalto y litio está muy lejos de ser ecológica y sostenible.

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Uno de los principales argumentos empleados para que la industria del transporte abandone el petróleo como combustible y se empleen otras alternativas es que no es renovable ni infinito. Esto es absolutamente cierto. Sin embargo, el litio es todavía más escaso y finito que el petróleo y, mientras que se puede producir petróleo sintético, con el litio no pasa lo mismo.

La realidad es que las mayores reservas de petróleo están en manos de países inestables políticamente y que escapan del control de los países del llamado primer mundo, lo cual es un problema estratégico clave. Sin duda esto es un factor que ha apremiado a las grandes potencias a buscar una forma de energía alternativa.

El problema es que el litio no es una solución a este problema, ya que nada menos que el 85% de las reservas mundiales de este elemento químico están en Argentina, Bolivia, Chile y Perú, especialmente en Bolivia, cuya situación de inestabilidad actual está muy lejos de ser una casualidad ahora que la demanda de litio se ha disparado.

Que el litio tenga las mismas limitaciones que el petróleo en cuanto a que es un recurso escaso y que está en países no controlados por las grandes potencias es clave para que, con casi toda probabilidad, el futuro de la movilidad eléctrica esté en las pilas de combustible de hidrógeno (un elemento mucho más abundante y al que tiene acceso cualquier nación) y no en las pilas de litio.

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