Audi R8, una experiencia vital

7 Noviembre, 2014, modificada el 11 Noviembre, 2014 por

Hay experiencias que te marcan en la vida. Y tener la posibilidad de conducir un Audi R8 en el circuito de Montmeló es una de ellas. ¿Por qué? Tendrás que leer el siguiente texto para comprobar lo que sentí… y que podrás sentir tú si te apuntas a la Audi Driving Experience, de la que os hablaré más adelante. Hoy, el protagonismo es para el R8…

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Llevo desde el año 1999 asistiendo ininterrumpidamente al G.P. de España de Fórmula 1 en el circuito de Montmeló. Lo conozco como la palma de mi mano. También gracias a la cantidad de simuladores automovilísticos que han pasado por mis manos -si, siempre conservaré ese espíritu juvenil que me hace disfrutar con las videoconsolas-. Pero nunca había tenido la oportunidad de salir a rodar al trazado real.

Esta oportunidad me llegó ayer, gracias a Audi, que puso a disposición de la prensa multitud de unidades de su R8 con motor V10 y 525 CV de potencia. Cuando me acerqué al mío -qué bien suena esta frase, ¿no?- mis pulsaciones se aceleraron. Estaba ante un momento que no sé si se repetirá en mi vida. Con una sonrisa nerviosa, me introduje en él. Impone respeto sentarse en un coche cuyo marcador de velocidad llega hasta los 350 km/h. Un par de minutos fueron los que tuve para no perder detalle del interior del R8. Clásico de Audi, pero destilando deportividad a raudales. Cómodo, pero firme. Un coche de carreras disfrazado de uno de calle. Pasados esos 120 segundos, nos llegó la orden del monitor de la firma alemana para que pusiéramos en marcha el R8. Un giro de la llave -tradicional, nada de botones de arranque o similares- nos deja bien claro que el R8 no admite bromas. El bramido que emite el motor V10 de 525 CV del deportivo alemán impresiona.

Los momentos previos a salir a pista con el Audi R8 hacen que tus pulsaciones suban.11
Los momentos previos a salir a pista con el Audi R8 hacen que tus pulsaciones suban.

En este momento pasamos a enfilar la recta del pit lane, acelerando a fondo en cuanto salimos de él. La respuesta del R8 es brutal. Te deja pegado al asiento. Pero, gracias a un sistema de tracción 4×4 que es referencia en el mercado, no pierde adherencia en ningún momento. Sorprende la capacidad que tiene de transmitir toda su potencia al asfalto casi tanto como su aceleración, de 0 a 100 en 3,6 segundos.

El siguiente paso es la primera frenada. Me asaltan miles de recuerdos vividos desde la tribuna F -la de final de recta de Montmeló– como aficionado. Y me sorprende algo que no se aprecia ni desde las tribunas ni desde la televisión: el desnivel que presenta la primera frenada, en bajada, impresiona. La primera curva de derechas es más rápida de lo que parece, aunque conviene no pasarse porque si aquí cometes un error, perderás mucho tiempo en la segunda curva de izquierdas, que viene de forma consecutiva. Es un cambio de dirección bastante brusco que el Audi R8 asume con total naturalidad. Apabulla la agilidad de un coche que pesa 1.720 kg.

Tras esta chicane, afrontamos el curvón ‘Renault’ de derechas, donde hay que tener mucha paciencia con el acelerador para evitar un subviraje seguro. Si lo logras hacer bien, te das cuenta de la nobleza del Audi R8. Tiene un comportamiento totalmente neutro. Vas acelerando con paciencia hasta la siguiente recta, que desemboca en otro giro a derechas donde hay que sacrificar algo la entrada para, posteriormente, alargar la salida, ya que la curva se va abriendo. Aquí volvemos a disfrutar de la eficacia del sistema 4×4 del Audi R8. Una aceleración en apoyo es particularmente crítica con un coche de propulsión trasera, pero en el caso del R8 este problema se minimiza. Es sorprendente la capacidad de tracción de este “miura”. Enseguida hay que cambiar hacia el lado derecho de la pista para pegar un buen zapatazo al freno antes de afrontar una de las curvas más lentas del circuito, ‘Seat’, de izquierdas. La estabilidad del R8 en frenada es increíble, os lo prometo.

La impaciencia te consume cuando sabes que vas a poder rodar en un circuito con un Audi R8.11
La impaciencia te consume cuando sabes que vas a poder rodar en un circuito con un Audi R8.

Saliendo de ‘Seat’ bajamos hacia la zona de la Moreneta, una chicane izquierda-derecha donde hay que frenar de nuevo en apoyo cuidando mucho no entrar con más velocidad de la debida para evitar un subviraje seguro. Si salvamos bien esta chicane, aprovechando todo el piano de salida, debemos desplazarnos rápidamente hacia el lado izquierdo de la pista antes de afrontar ‘Campsa’, el viraje más rápido del circuito. De nuevo, el Audi R8 saca a relucir su capacidad en el paso por curva.

Si somos capaces de salir bien de esta zona, la velocidad que alcanzaremos en la recta de atrás será de vértigo, para posteriormente afrontar la frenada más fuerte del circuito. Llegas a más de 200 km/h para frenar hasta unos 50/60 km/h ante de afrontar ‘La Caixa’. La paciencia a la hora de acelerar es fundamental para lograr una buena tracción y encarar la zona del estadio. Aquí llegamos a una curva de izquierdas que se pasa a fondo para inmediatamente llegar al giro ‘Banc Sabadell’. Entre medias, un cambio de rasante capaz de desestabilizar cualquier coche… salvo el R8. El aplomo que consigue en cada viraje es absolutamente impresionante. Y esto es algo que se vuelve a repetir en las dos últimas curvas del circuito de Montmeló -hicimos la variante antigua, y que aún se utiliza en las carreras de Moto GP-. Tras esto, encaramos la interminable recta donde, a pesar de la velocidad que es capaz de alcanzar este coche, nos sirve para descansar mientras engranamos marchas y disfrutamos de la efectividad del cambio S-Tronic de la marca alemana.

Los monitores nos guiaron en todo momento permitiéndonos disfrutar de lo lindo.11
Los monitores nos guiaron en todo momento permitiéndonos disfrutar de lo lindo.

Pude repetir en varias ocasiones todo esto que os he contado hasta que por la radio nos dijeron que la fiesta había acabado. Fue el momento de enfilar el pit lane, parar el motor, respirar hondo y bajarme del Audi R8. Mientras me alejaba andando mi sensación fue extraña. Había disfrutado como un niño, pero a cada paso que daba la tristeza iba invadiéndome, sabedor de que quizás haya sido la última vez que haya tenido la oportunidad de vivir algo así. Amigo Audi R8… creo que nunca te olvidaré.

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