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Así nace tu coche del barro

12 Septiembre, 2014, modificada el 15 Septiembre, 2014 por

Antes de que tu coche llegue ser lo que tienes entre las manos, incluso antes de que atraviese la línea de montaje, pasa por un proceso de lo más arcaico: su modelado en arcilla, una labor tan simple de explicar como complicada de realizar.

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Estamos acostumbrados a ver gigantescas plantas de producción que se sirven de las últimas tecnologías y maquinaria automatizada para dar forma a los automóviles que conducimos. Pero quizá te resulte curioso saber que el origen de tu coche está en un lugar completamente distinto: un espacio en el que los avanzados procesos de fabricación no tienen cabida y la herramienta principal son las manos de expertos artesanos. Hablamos de los centros de modelado, en los que la creación de un vehículo a partir de arcilla es el primer paso para convertirlo en realidad.

Ford nos ha invitado a conocer la impresionante labor que llevan a cabo un selecto grupo de habilidosos artesanos en sus centros de Merkenich (Alemania) y Dunton (Reino Unido), convertidos en auténticos talleres de escultura. Allí es donde se encuentra el origen de todo; la creación de la belleza desde un simple bloque de arcilla.

Del papel a la realidad

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Los artesanos disponen de auténticas herramientas de precisión.

Una vez realizados los bocetos del coche tanto en papel como por ordenador, llega el momento de pasar a tres dimensiones la idea del grupo de diseñadores. Aquí entran en juego nuestros protagonistas, que con una sencilla maqueta de madera sintética o espuma como base comienzan su ardua labor.

Se hacen necesarios cientos y cientos de kilos de arcilla para llegar a dar forma a un automóvil y crear una copia exacta de lo que será en realidad. Una curiosidad: para concebir un modelo como el Ford Kuga se utilizaron 2.800 kilos de este material, casi una tonelada más que el peso final de este SUV. La arcilla se calienta hasta alcanzar una temperatura de entre 50 y 60 grados, momento en el que puede ser manipulada para crear las formas principales del coche.

Pero esto es sólo el principio. Una vez el material se enfría y solidifica a temperatura ambiente comienza una tarea que únicamente “los elegidos” pueden realizar. Llega el momento de tallar la arcilla con mimo y paciencia, un proceso que lleva horas y horas de trabajo. Cada modelista dispone aquí de su propia colección de herramientas, que van desde las limas de un carpintero hasta los escalpelos de un cirujano o los instrumentos de precisión de un relojero. También cambia el estilo de modelado, pero no importa. El objetivo final es crear una copia exacta del coche diseñado previamente.

Hasta tres años para concluir un modelo de arcilla

Damian Lottner es uno de los modelistas de arcilla que trabaja en el estudio de Diseño de Ford en Colonia. Él mismo nos cuenta que “mucha gente alucina cuando les explico mi trabajo, porque hay una percepción de que el diseño de vehículos hoy en día se hace por ordenador y que las habilidades tradicionales como el modejale en arcilla ya no son necesarias”.

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Damian Lottner, un verdadero artesano del modelado.

Lottner afirma que el proyecto de creación de un coche conlleva un trabajo para él y su reducido equipo de confianza de aproximadamente tres años. Y es que cualquier mínimo cambio en el vehículo ordenado por el equipo de diseño les obliga a emplearse a fondo para plasmarlo en su maqueta de arcilla. Nos quedamos sorprendidos cuando nos concreta que una modificación de apenas un centímetro requiere de hasta 150 kilos de arcilla para hacerla realidad.

Y cuando está terminada la maqueta, ¿qué ocurre? Bien es cierto que el aspecto del coche en arcilla resulta algo “soso”, por lo que es momento de dar un toque de color al conjunto. Pero no pienses que la pintura es la protagonista aquí: nuestros artesanos se sirven de unas láminas de color extremadamente finas y flexibles que, una vez mojadas, se adhieren a la perfección a la silueta del modelo. Para los cristales se utilizan unas similares en tono negro. El resultado final es tan espectacular que algunos de los coches y prototipos que podemos ver en los salones de automóviles se tratan precisamente de maquetas de arcilla.

El propio Lottner se muestra claro y rotundo cuando se le pregunta sobre el futuro de su profesión: “En mi opinión, no hay recambio para lo que hacemos, tanto en lo referente a la velocidad con la que podemos progresar en los diseños como a la capacidad de ver, tocar y experimentar verdaderamente un diseño en persona”. Resulta de agradecer que en un mundo como el automovilístico, en el que los avances tecnológicos se suceden a ritmo vertiginoso, todavía sea posible encontrar labores tan básicas y primarias como la que realizan estos artesanos.

Así trabaja Damian Lottner, modelista de arcilla de Ford

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1 Comentario

Igar73 16 Septiembre, 2014

Un precioso trabajo artesano que por desgracia está llegando a su fin.
Las nuevas impresoras 3D reducen MUY sensiblemente el coste y el tiempo empleado en la realización de la maqueta y consiguen el mismo resultado.

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