Reportaje

3 fusiones entre marcas de coches que acabaron mal

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06 de febrero, 2020

Aunque Financial Times lanzaba la bomba de la ruptura entre Nissan y Renault, ambas marcas han desmentido esta separación. Sin embargo, no es tan raro ver fusiones entre marcas automovilísticas que no terminaron bien. Este es un repaso a la historia de 3 alianzas que tuvieron un mal final.

Actualmente, el sector de la automoción está regido por 14 grandes grupos automovilísticos que engloban, a través de alianzas, más de 50 fabricantes de coches. A mediados de 2019, se hizo noticia la posible unión entre Fiat Chrysler Automobiles (FCA) y el Grupo Renault. Sin embargo, el grupo italo-estadounidense retiró la propuesta de fusión. Por el contrario, la alianza que ha surgido unos meses después entre FCA y PSA ya se ha confirmado.

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En este sentido, las fusiones entre marcas automovilísticas son cada vez más necesarias para sobrevivir en el sector del automóvil, pero no todas salen como se esperaba. Estas son 3 alianzas de compañías automotrices que acabaron mal.

Fiat y Citroën: a por una segunda oportunidad

En estos últimos meses, la noticia de la fusión entre FCA (grupo formado por Abarth, Fiat, Maserati, Chrysler y Alfa Romeo, entre otras) y PSA (grupo formado por Citroën, DS, Opel y Peugeot) ha sacudido el mundo del automovilismo. Como ya se ha dicho, la situación actual está trayendo matrimonios de conveniencia entre marcas que resultan hasta difíciles de imaginar.

Las víctimas de la fusión entre FCA y PSA

En el caso de la unión de FCA y PSA, se trata de una fusión de iguales entre dos de los grupos más grandes del sector. De esta forma, los accionistas de ambas compañías poseerían el 50% de la entidad combinada y esta nueva empresa se situaría como el 4º fabricante mundial por volumen y el 3º por ingresos.

Sin embargo, no es la primera vez que la industria automotriz ha vivido una unión italo-francesa. Aunque sí es la primera vez que ambas compañías se unen como grupo, en el pasado ya existió un acuerdo entre Fiat y Citroën a mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado. En ese momento, la entrada de Fiat en el accionariado de Citroën permitió a los franceses hacerse con la propiedad de Maserati en 1968.

La unión italo-francesa permitió la creación del Citroën SM, un impresionante automóvil con mecánica Maserati.

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Junto con la compra de Maserati, Citroen puso en marcha el «Proyecto S», con el objetivo de desarrollar un automóvil de altas prestaciones que llevaría mecánica de la marca italiana. De esta forma, nace el Citroën SM (S por el nombre del proyecto y M de Maserati), que es presentado de forma definitiva en el Salón de París en septiembre de 1970.

En esa época, el fabricante francés también se unió a NSU (marca conocida actualmente como Audi) para crear Comotor, de una compañía destinada al desarrollo y fabricación de motores rotativos Wankel. Pero, este proyecto terminó siendo un fiasco que, junto a la crisis del petroleó, hizo que Fiat abandonara el accionariado de Citroën. Tras la ruptura, la compañía francesa se sumió en una bancarrota y terminó en manos de Peugeot, dando origen al grupo PSA.

Mercedes y Chrysler: una relación basada en mentiras

De la fusión Mercedes-Chrysler destacamos el Crossfire, un Mercedes SLK (motor, chasis y caja cambios) rediseñado.

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En 1998, Mercedes y Chrysler protagonizaron la mayor fusión de la industria del automóvil hasta el momento. Bajo el nombre “DaimlerChrysler”, la unión nació con el objetivo de mantener la competitividad de ambas marcas a largo plazo. En este sentido, la marca alemana aseguró que se trataba de una “fusión de iguales”.

Sin embargo, en el momento algunos expertos del sector consideraron esta alianza como una adquisición de Chrysler por Daimler-Benz, ya que el grupo alemán era mayoritario en la nueva entidad con un 57%. Más adelante, Chrysler también se dio cuenta de las verdaderas intenciones de Daimler, tras descubrir que la compañía alemana nunca pretendió una unión equitativa, y llegaron los problemas.

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En principio, “DaimlerChrysler” parecía el matrimonio perfecto: sin competencia directa, con la excelencia en ingeniería de los alemanes y la amplia red de distribuidores al otro lado del atlántico de la marca estadounidense. Pero la realidad era que los alemanes no se mostraron dispuestos a compartir sus motores y plataformas con el fabricante estadounidense.

Por este motivo, la mayoría de los modelos producidos por DaimlerChrysler no llegaban a contar con elementos destacables de ambas marcas, con algunas excepciones. Por ejemplo, el Chrysler Crossfire es un automóvil deportivo biplaza que se construyó en Alemania y que cuenta con un 89% de componentes originales de Mercedes-Benz. Sin embargo, el Crossfire resultó ser un fracaso.

Finalmente, la relación terminó después de nueve años, cuando Daimler-Benz vendió el 80% del capital de la marca estadounidense al fondo de inversión Cerberus. Más adelante, la marca alemana puso en venta su 19,9% restante, lo que facilitó a Chrysler el unirse con Fiat.

Ford y Jaguar-Land Rover: la ruptura que unió

Durante la fusión entre Ford y Jaguar surge el X-Type, que es básicamente un Ford Mondeo con carrocería Jaguar.

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Actualmente, Jaguar-Land Rover es un fabricante multinacional del automóvil con presencia en casi todos los mercados y filial del grupo indio Tata Motors. Sin duda, son dos marcas que funcionan muy bien juntas, pero hay que recordar que Jaguar Cars y Land Rover se unieron bajo una sola entidad gracias a Ford. Sin embargo, aunque el fabricante estadounidense fue el precursor de la actual marca Jaguar-Land Rover, ambas firmas tienen un pasado conjunto anterior.

La historia comienza en 1968, cuando se crea el conglomerado British Leyland que que unió por primera vez a Jaguar y Land Rover. A pesar de contar con marcas tan rentables, además de Rover, la compañía pasó por grandes complicaciones. Como consecuencia, el conglomerado se rebautizó en 1986 con el nombre de Rover Group.

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Tres años más tarde, Ford adquirió Jaguar Cars y, en 1994, BMW se convirtió en el propietario de Land Rover tras hacerse con el grupo Rover. Finalmente, las dos firmas británicas volvieron a juntarse cuando en el año 2002 la compañía estadounidense compró la marca a BMW.

Sin embargo, no hay que olvidar que esto se trata de rupturas y el final de la fusión de Ford con Jaguar y Land Rover llegó más pronto que tarde. En 2008, Tata Motors compró las dos marcas al fabricante estadounidense, por 2.300 millones de dólares (aproximadamente 2.100 millones de euros al cambio actual y 1.500 millones al de entonces). Aunque se puede decir que ninguna de las partes ha salido mal parada tras la separación.

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