Reportaje

10 coches míticos de los años 50: vencedores y vencidos

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10 de enero, 2020

La década de los cincuenta fue una década de extremos. Mientras en Europa necesitábamos coches prácticos, baratos y de bajo consumo, al otro lado del Atlántico vivían años de excesos como victoriosos conquistadores.

Los coches son un fiel reflejo de la sociedad en cada momento de la historia de los últimos 150 años. Tras la Segunda Guerra Mundial se formaron dos realidades en el mundo: la de los ganadores y la de los perdedores. Mientras que en EE.UU. vivían sus años de máxima expansión y crecimiento, Europa estaba devastada por la guerra y casi totalmente destruida por unos bombardeos que los americanos jamás padecieron, salvo el ataque a Pearl Harbour.

Esta realidad queda perfectamente plasmada en los automóviles de uno y otro lado del Atlántico. Mientras que los coches americanos no paran de crecer en tamaño, potencia, cromados y lujo, en Europa los coches son pequeños, de consumo mínimo y con lo imprescindible. Sí, también hay grandes coches y bólidos como el Mercedes 300 SL alas de gaviota, pero son más la excepción que la norma, al contrario que en los EE.UU.

Lista de 10 coches míticos de los años 50

Iso Isetta: el italiano que salvó a BMW

El Isetta fue un coche genial, práctico y revolucionario.

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En 1953 nació uno de los coches más singulares y originales de la historia de la mano del fabricante italiano Iso: el Isetta. Su diseño en forma de huevo con una puerta frontal, motor de moto colocado sobre las ruedas traseras de eje más estrecho (incluso de una única rueda en algunos mercados) y un volante articulado para poder abrir la única puerta de acceso al pequeño habitáculo hacían de él un vehículo único.

Las historias de libertad detrás del BMW Isetta en la Guerra Fría

Sus prestaciones eran ridículas, pero era un medio de transporte eficaz para cubrir las necesidades. Barato, con un gasto de combustible ridículo y capaz de llevar a sus dos pasajeros a donde hiciese falta, el Isetta se fabricó bajo licencia en diferentes factorías, entre ellas BMW. Fue uno de los microcoches más exitosos de la época, junto con el Goggomobil y el Vespacar 400.

Las buenas ventas del Isetta fueron fundamentales para que la fábrica de Múnich se fuese recuperando poco a poco financieramente. El Isetta de BMW fue indispensable económicamente para que BMW haya sobrevivido y llegado hasta nuestros días como la conocemos.

Biscuter: con genética aeronáutica

Diseñado por un ingeniero aeronáutico, aquí era conocido como el «sinsin».

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Diseñado por el ingeniero aeronáutico francés Voisin (que también diseñó algunos de los coches más lujosos y formidables del mundo antes de la Guerra), el Biscuter era el ejemplo de lo imprescindible. Su carrocería, por llamarla de alguna manera, estaba fabricada en aluminio, un material que sobraba del desguace de los aviones tras la contienda.

Un pequeño motor de 2 tiempos monocilíndrico con una gran culata para garantizar su refrigeración carecía de marcha atrás. No la necesitaba, las maniobras se hacían levantando a pulso (era muy ligero) las ruedas del pequeño Biscuter y moviéndolo a mano.

En España era conocido popularmente como «el sin-sin»: sin dinero para comprar un coche de verdad y sin valor para conducir una moto.

Se mantuvo en producción entre 1953 y 1960

Goggomobil: microcoche de lujo

El Goggomobil fue el primer coche de muchos españoles.

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Del tamaño de un Smart pero mucho más bajo, el Goggomobil era un microcoche de posguerra en el que se podían meter hasta 4 personas y viajar en él. Su pequeño motor de 2 tiempos refrigerado por aire iba en la parte trasera y sus prestaciones hoy las consideraríamos ridículas, más propias de un ciclomotor, pero cumplía a la perfección su misión en una época de escasez.

El Seat 600 llegó y acabó con la mayoría de los microcoches de posguerra, pero muchos de nuestros padres o abuelos es probable que el primer coche que condujesen fuese uno como éste.

Además de esta versión básica también hubo un modelo de líneas muy llamativas, el TS, que recordaba a un coupé, un lujo para la época.

El Goggomobil y el Vespacar 400 estaban considerados como los «topes de gama» de los microcoches.

Messerschmitt KR175-200: ¿un avión sin alas?

El pequeño Messerschmitt empleaba tecnología aeronáutica.

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Al igual que le pasó a Saab o a BMW, el final de la Segunda Guerra Mundial hizo que Messerschmitt tuviese que reinventarse y pasar de producir aviones militares a automóviles. Los pequeños Messerschmitt KR 175 y KR 200 son la prueba viva de esta necesidad y sus soluciones dejan claro que sus ingenieros estaban pensando en el aire más que en el asfalto.

Estos pequeños cochecitos están repletos de detalles procedentes de los aviones alemanes, desde su cúpula de policarbonato hasta su «volante», que no era un aro como nos imaginamos sino un manillar similar al timón de los aviones.

Hoy en día son coches muy cotizados por su singularidad y porque no existen demasiados ejemplares.

Mercedes 300 SL: el mítico «Alas de Gaviota»

Este Mercedes-Benz 300 SL Gullwing de 1955 superó el millón de euros en la subasta.

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Sí, a este lado del charco también se hacían coches excepcionales, pero siendo honestos, es conveniente dejar claro que esta maravilla existió gracias a que los EE.UU. tenía muchísimo dinero para gastar en caprichos y porque hubo un hombre excepcional que abrió los ojos a muchos fabricantes europeos al respecto: Max Hoffman.

Este empresario convenció a muchas marcas para que se lanzasen a vender sus mejores coches en norteamérica. Podría decirse que gracias a él existe Porsche, Ferrari está donde está y hemos podido disfrutar de coches como el mítico Mercedes 300 SL, un coche diseñado sólo para competición y que Hoffman logró llevar a la fabricación en serie por sus dotes persuasivas.

Mercedes 300 W186 Adenauer: para el primer ministro

El Mercedes 300 recibió el sobrenombre de Adenauer por su ilustre pasajero.

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Una de esas excepciones de coches de gran lujo y calidad producidos a este lado del charco es el Mercedes W186, comercializado como Mercedes 300 y conocido popularmente como Mercedes Adenauer, ya que era el coche empleado por el canciller alemán Konrad Adenauer.

Equipado con un potente motor de 6 cilindros similar al empleado por el Mercedes 300 SL alas de gaviota pero sin su complicado sistema de inyección directa de gasolina, el «Adenauer» tenía unas buenas prestaciones, pero destacaba por encima de todo por su confort (disponía de una suspensión con control de altura constante en el eje trasero, aunque no tan eficaz como el del Citroën) y calidad de fabricación.

Cadillac Fleetwood del 55: opulencia americana

Este Cadillac es el pardigma de la opulencia al otro lado del Atlántico.

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Mientras que aquí la mayoría de los coches que se podía permitir la gente eran viejos cacharros de preguerra o pequeños microcoches de uno o dos cilindros, al otro lado del océano prácticamente no había coches que no montasen un enorme V8 con potencias superiores a los 200 CV y con pesadas y opulentas carrocerías.

El Cadillac Fleetwood era uno de los máximos exponentes de esa realidad, repleto de lujo, potencia, gasolina y cromados. Entre los lujos con los que contaba este modelo están los elevalunas automáticos, el ojo autrónico que pasaba de largas a cruce de forma automática o el aire acondicionado.

En España era un modelo relativamente conocido al contar con varias unidades el parque móvil de El Pardo, tanto para el transporte del propio Francisco Franco como vehículos de escolta de sus comitivas y desfiles.

Chrysler Ghia D´Elegance: plagiado por VW

Karmann se enfrentó a una denuncia por plagio sobre este diseño.

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Chrysler podía presumir en la década de los cincuenta de ir un paso por delante frente a sus rivales en cuanto a diseño y prestaciones, ofreciendo berlinas que ya superaban los 300 CV de potencia hace más de sesenta años.

Entre sus diseños más llamativos está el del Ghia D´Elegance, un modelo encargado al diseñador italiano Ghia y que era verdaderamente elegante.

Cuando Volkswagen presentó su coupé basado en el Escarabajo y producido por el carrocero Karmann, el VW Karmann-Ghia, Chrysler montó en cólera y denunció al fabricante por plagio.

La verdad es que, sobre todo en la vista lateral, el Chrysler y el Karmann-Ghia T14 de Volkswagen se parecen mucho, aunque sus dimensiones y proporciones son completamente diferentes.

Hudson Hornet: del contrabando a las carreras

Este Hudson era lujoso, elegante… y muy rápido.

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Seguramente éste es el modelo de esta lista que más familiar te resulte. Se trata del Hudson Hornet que se hizo famoso por ser uno de los personajes de la película de animación «Cars».

Este modelo de Hudson se hizo famoso en su época gracias a su formidable comportamiento dinámico. El truco estaba en que su mecánica y su chasis se diseñaron de forma que se bajaba mucho el centro de gravedad del vehículo, lo que le proporcionaba una estabilidad hasta entonces desconocida en las berlinas americanas.

Su motor de 6 cilindros en línea también tenía un buen rendimiento (llegaba hasta los 170 CV y era más ligero que los V8) y pronto se convirtió en el coche preferido por los destiladores clandestinos de alcohol para hacer sus transportes a toda velocidad.

Estas cualidades no pasaron inadvertidas para los pilotos y también se convirtió en uno de los modelos más famosos y eficaces en competiciones de la NASCAR.

Plymouth Belvedere: la cápsula del tiempo y Christine

El Plymouth Belvedere era un utilitario en los EE.UU. y aquí un sueño inalcanzable.

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El Plymouth Belvedere es otro ejemplo de las diferencias entre los EE.UU. y Europa tras la contienda. Este coche que aquí era todo un lujo, era un utilitario relativamente económico al otro lado del océano. Es uno de los modelos más icónicos de los años cincuenta americanos debido a anécdotas muy conocidas como el «Miss Belvedere» convertido en cápsula del tiempo o por haber protagonizado la famosísima película basada en un relato de Stephen King: Christine.

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