Weber Faster one

5 Junio, 2008, modificada el 11 Enero, 2011 por

Roman Weber, su creador, afirma que no hay otro deportivo de calle más rápido. Porque el Faster One, animado por un motor de 900 CV, puede rebasar los 420 km/h. ¿Alguien osa retarle?

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De Suiza vienen los mejores relojes del mundo, un chocolate excelente, las navajas multiuso y los caramelos balsámicos Ricola, pero la contribución helvética al «bienestar» mundial no parece tener límites y, en breve, asistiremos a un nuevo episodio del fenómeno «made in Swiss». Porque Roman Weber, un emprendedor ingeniero de 42 años dedicado desde 1988 a fabricar implantes médicos y piezas ortopédicas de titanio, está a punto de comercializar uno de los coches más rápidos del planeta. O «el más rápido», porque se habla de 420 km/h de velocidad, lo que no deja de ser curioso tratándose de un país donde las competiciones automovilísticas están prohibidas y en el que cientos de radares controlan el cumplimiento de los límites en carretera.


Casi sin quererlo, Weber tomó contacto con el sector de la automoción en 1990, cuando varios equipos de F-1 y del DTM alemán le encargaron componentes de alta tecnología. Ya en su actual sede de Tobel, en el cantón de Thurgau, inició un proceso expansivo que le llevó a fabricar más piezas cada vez para la industria del automóvil y, ya en 2002, a adoptar la denominación Weber Sportcars, indicio de lo que pasaba por la mente de su responsable.


Ahora, seis años después, el proyecto sale a la luz en forma de Faster One, un biplaza de peculiar imagen que encierra un enorme potencial. Porque a partir del V8 LS7 de 7.011 centímetros cúbicos usado en el Corvette se ha creado una brutal mecánica que sólo conserva del original el bloque de aluminio. Cigüeñal, bielas y pistones son nuevos, al igual que las válvulas, de mayor diámetro, o los conductos de admisión y escape. Los órganos periféricos también son de estreno, pues el sistema de inyección cambia por completo y hay un sistema de escape diferente –hasta el catalizador varía–. Aunque, para novedad, la que representan los dos compresores, uno por bancada de cilindros, que sobrealimentan el motor con presiones de hasta 1 bar de presión y que permiten alcanzar los 900 CV de potencia a 7.000 rpm y elevan el par hasta 107,1 mkg cuando el V8 gira a sólo 3.900 vueltas.


Rendimiento: corre mucho, frena más


Semejante potencial se traduce en unas prestaciones sobrecogedoras, ya que el Faster One pesa 1.100 kilos y eso supone que cada caballo mecánico tiene que mover sólo 1,22 kilos. Así, en Weber Sportcars hablan de 420 km/h como «mínima velocidad máxima» y de arrancadas dignas de un Fórmula 1. Porque acelerando sin escrúpulos desde parado, en 2,5 segundos rodaríamos ya a 100 km/h, veríamos la aguja del velocímetro en el 200 al cabo de 6,6 segundos y atravesaríamos la capa baja de la atmósfera a 300 km/h sólo 16,2 segundos después de haber partido. Y si toca frenar, ahí están los cuatro discos cerámicos de 380 milímetros para «anclar» el conjunto en sólo 30 metros cuando marchamos a 100 km/h, operación a la que contribuyen unos gruesos neumáticos Pirelli –285/25 ZR20 delante y 325/25 ZR20 detrás–, así como un alerón posterior con función «aerofreno» que genera hasta 9.000 newtons de fuerza cuando, de cara a lograr la máxima deceleración, se coloca completamente vertical.


Equilibrio: tracción total y reparto de peso


Roman Weber no se ha andado por las ramas y ha desarrollado su propio sistema de tracción total para transmitir tanta energía al asfalto, optando por enviar el 36 por ciento del par al tren delantero. Y también el reparto de pesos se ha mimado al detalle: en lugar de un depósito de carburante, o de dos, el Faster One lleva cuatro, lo que garantiza una distribución entre ejes 50:50 sea cual sea la reserva de gasolina –caben 110 litros–.


Aunque para soluciones, las relacionadas con la carrocería –es de fibra de carbono y mide 4,50 metros de longitud por 2,04 de anchura y 1,15 de altura–, el chasis –es tubular, de aluminio aeronáutico y pesa sólo 65 kilos– o la aerodinámica, punto éste donde se han cargado las tintas para pegar el coche al suelo y, sobre todo, ayudar a cortar el viento, que a 420 km/h debe ser huracanado.


Los interesados deben dirigirse a weber-sportcars.com; aunque avisamos: te pedirán 1.620.000 francos suizos, algo así como 1,1 millones de euros.

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