Volkswagen Scirocco 2.0 TDI 140 CV DSG

29 Junio, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

El Scirocco puede ser efusivo… o más tranquilo y austero. Las últimas características se corresponden con la versión 2.0 TDI de 140 CV, que por cierto casa a la perfección con el cambio automatizado DSG.

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Como mínimo, el Scirocco resulta llamativo a los ojos de muchos, que lo escrutan en detalle a su paso o si lo ven aparacado. Ya veremos cuando llegue la espectacular variante R

En todo caso, parece que la marca ha acertado con su afilada estampa, y además, y como sucede con otros vehículos, este rival de los BMW Serie 1 Coupé, Mercedes-Benz CLC Sportcoupé y Volvo C30 -aunque también se postule como alternativa premium a los compactos de 3 puertas más dinámicos, tipo Citroën C4 Coupé, Kia Procee’d, Renault Mégane Coupé, Opel Astra GTC, Mini más rabiosos, e incluso dentro de la marca, Golf GTI y GTDno cambia por fuera ni por dentro según lleve uno u otro motor.

Es la segunda ocasión que pasa por nuestras manos, antes con motor TFSI de gasolina de 200 CV, y esta vez lo analizamos con la conocida mecánica de gasóleo 2.0 TDI de 140 CV, que no hace mucho probábamos en el SUV Tiguan. A todo ello, la unidad de pruebas contaba con el cambio robotizado automático secuencial DSG, con 6 relaciones, 3 modos de uso y un tacto, como veremos, exquisito en términos generales.

Interior

Puede resultar pequeño, quizá por su escueta superficie acristalada y una altura contenida -1.404 mm-, pero el Scirocco es un coupé de tamaño medio, como avala una longitud de 4.256 mm.


El resultado, junto a una distancia entre ejes de 2.578 mm, es un habitáculo de 4 plazas en el que otros tantos ocupantes, incluso altos, se acomodan sin esfuerzo. Cierto que el acceso a las plazas traseras, pese al amplio movimiento (eléctrico) del asiento del conductor -como el del acompañante recupera la posición predeterminada-, no pasa de correcto, pero una vez sentados hay espacio longitudinal y anchura razonables. Por cierto, las puertas, carentes de marco, son excesivamente pesadas.


Delante, claro, no hay pegas en este sentido, y además el diseño del puesto de conducción es lógico y ordenado. Mal la visibilidad hacia cualquier ángulo, comenzando por un retrovisor interior ovalado, bonito pero pequeño, siguiendo por la citada escasa superficie acristalada y culminando por unos gruesos pilares delanteros que limitan el ángulo frontolateral.


Aún así, y una vez hechos a sus “pegas”, es un coche que gusta conducir y que rezuma calidad. Como guinda, está bien equipado -alarma, climatizador bizona, audio con mandos duplicados sobre el volante…-, si bien los faros de xenón, el cuero -con asientos eléctricos y calefactados, por 2.330 euros-, el navegador -1.555 euros, con discos duro-, el sonido Dynaudio o el Bluetooth -480 euros, y además no sirve para cualquier móvil- van aparte.

Una cosa más: el maletero, de 292 litros básicos, evoluciona a 755 una vez abatidos los respaldos traseros. Son cotas razonables, aunque la boca de carga queda alta y no hay cerradura exterior para abrir el portón -sólo desde el mando o tirando de una tecla en la puerta del conductor-.

Comportamiento y Prestaciones

Con 2 litros de capacidad, la mecánica analizada entrega 140 CV a 4.200 rpm y 320 Nm de par máximo, fijo entre 1.750 y 2.500 vueltas. Hay un TDI más enérgico, de 170 CV -30.330 euros con cambio DSG o 28.680 sin él-, pero con un peso de 1.395 kg el empuje es excelente, no radicalmente deportivo -pese al common rail, suena y más allá de 4.000 rpm no hay nada que rascar- pero si contundente y lineal. Por ejemplo, se planta en los primeros 100 km/h en 9,3 segundos, y desde ahí sigue progresando hasta llegar a un tope de 205 km/h. Asimismo, es ágil y solvente al adelantar.


Hay que forzar mucho las cosas para pasarlo de 10 litros a los 100 km de promedio, pues lo normal es moverse en torno a 8. VW anuncia 5,5 -se corresponden con 145 gr/km y un impuesto de matriculación del 4,75%-, optimistas pero posibles suavizando a tope nuestro ímpetu. Algo que, para ser sinceros, no es fácil, porque con el cambio automatizado de doble embrague DSG con levas de volante uno se siente piloto a sus mandos.


La transmisión es rápida y efectiva, sobre todo cuando nos concentramos en cambiar en el punto óptimo en secuencial -en reducciones fuertes practica “golpe de gas” al más puro estilo de competición-. Claro que si elegimos la posición automática pura tampoco defrauda, en parte por contar con una modalidad digamos convencional -la clásica D-, pero también con otra más deportiva (S) que permite apurar mientras nos centramos en la conducción.


La dinámica está a la altura: suspensiones independientes -de flexibilidad variable DCC por 850 euros-, frenos potentes, ESP bien tarado y una eficaz dirección servoeléctrica paramétrica -asistencia inversa a la velocidad- hacen fácil la conducción, aunque sea rápida y calce ruedas tan exageradas como las de nuestra unidad, de 19 pulgadas con neumáticos 235/35 -cuestan 890 euros-. En esto parte con la ventaja de heredar el excelente chasis del Golf VI, capaz de transmitir al conductor mucha información y al mismo tiempo de hacerle sentir como si fuese su coche de toda la vida.


En resumen: buena alternativa para los que primen estética y prestaciones sin descuidar el bolsillo. De acuerdo, no anda como el TSI de 200 CV, pero sin ser un deportivo radical da mucho de sí, su precio es razonable –28.770 euros– y también lo son sus maneras, prestaciones y consumos.

Destacable

– Tándem motor y cambio.
– Dinámica efectiva pero confortable.
– Calidad de construcción.

Mejorable

– Puertas muy pesadas.
– Visibilidad hacia cualquier ángulo.
– Boca de carga alta y ausencia de cerradura en el portón.

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