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VÍDEO| Prueba del Opel Grandland diésel 130 CV 2022: ¿cuánto ha mejorado?

22 de marzo, 2022

El Opel Grandland se ha renovado con una nueva imagen más futurista y mejoras en el equipamiento. Lo hemos probado a fondo para ver hasta qué punto ha mejorado este SUV en su versión diésel con cambio automático de 8 marchas.

Opel ha sometido hace unos meses a una puesta al día a uno de sus modelos más importantes, el Opel Grandland y después de una breve toma de contacto en su día, hemos querido hacer un examen más en profundidad del modelo y ver hasta qué punto son buenos los cambios que han llevado a cabo. En esta prueba analizamos la versión diésel del Opel Grandland con el motor de 130 CV asociado a la caja de cambios de 8 velocidades automática.

Aunque la mayoría de los cambios son estéticos y afectan principalmente al frontal, el Opel Grandland ha mejorado también en aspectos como el equipamiento y, sobre todo, en el campo de la seguridad activa y asistentes a la conducción y conectividad, con un nuevo sistema de infoentretenimiento.

Las prestaciones de esta versión son más que suficientes para afrontar largos viajes con la familia, es un coche cómodo, con un buen maletero y una buena iluminación que nos ha dejado buenas impresiones. Sin embargo, otros aspectos no nos han gustado tanto, como los ruidos aerodinámicos de esta unidad o la instrumentación que, aunque es completamente digital y con varios modos de presentación de la información, no es especialmente legible ni atractiva.

¿Es mejor el Opel Grandland que sus rivales?

Aunque el Opel Grandland es un buen producto, milita en una de las categorías más duras del mercado. No sólo hay muchísimos rivales, es que además la mayoría son muy buenas alternativas. Con un precio en el orden de los 34.000 euros hay bastante donde elegir con potencias en el entorno de los 130 CV y un equipamiento similar al de nuestro protagonista. Entre sus rivales más importantes, además de su primo el Peugeot 3008 con el que comparte tecnología, plataforma y mecánicas, el Opel Grandland tiene que batirse el cobre contra modelos como el Ford Kuga, Hyundai Tucson, Kia Sportage, Honda HR-V, etc.

Hemos elegido a algunos de los más vendidos en nuestro mercado como principales rivales: Seat Ateca, Peugeot 3008 y, como no, al Nissan Qashqai, que es el que ha revolucionado la categoría. Frente a ellos, el Opel Grandland hace un buen papel y su relación precio producto es buena. Si nos enfrentamos al Ateca, el Grandland tiene un diseño más vanguardista tras el lavado de cara, con una imagen que parece la de un coche eléctrico gracias al nuevo frontal. Sin embargo, el Seat tiene unas plazas traseras con más espacio para las piernas y un cuadro de instrumentos digital mejor resuelto. Contra el Peugeot 3008 las conclusiones son más subjetivas. Con la misma tecnología y plataforma, depende más de los gustos personales y de cosas como la postura de conducción del i-Cockpit de Peugeot el decidirse por uno u otro. Si lo comparamos con el Qashqai, el Grandland pierde ligeramente en habitabilidad y en la vistosidad del interior, pues el Grandland, aunque tiene calidad, es muy sobrio en cuanto a su aspecto. Además, el Opel no dispone de etiqueta Eco en ninguna versión, estando sólo disponible el PHEV con etiqueta Cero y los demás conformándose con la C.

Nuestra valoración: 6,7

Diseño 7

Motor 7

Comportamiento 7

Interior 6

Equipamiento 6

Consumos 7

Destacable

  • Confort
  • Versatilidad
  • Caja automática

Mejorable

  • Ruidos aerodinámicos
  • Sobriedad interior
  • Precio

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Con sabor Mokka

Los cambios estéticos le sientan bien.

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Los cambios estéticos llevados a cabo en el Grandland han conseguido darle un aspecto más moderno. La vista frontal parece la de un coche eléctrico, con la calandra casi completamente carenada y en ese acabado de plástico brillante, perecido al del Honda e. Además de la nueva parrilla (inspirada en el nuevo Mokka), el frontal se caracteriza por los nuevos faros, de tecnología full led y buena iluminación.

En el lateral hay pocos cambios, apenas las molduras en los fondos de puerta y las llantas (las de este acabado GS Line vienen en negro y medidas 225/55-18) varían en esta etapa del Grandland, que destaca por los buenos acabados y ajustes de su carrocería.

La vista trasera se distingue con unos nuevos grupos ópticos que mezclan led y lámparas de incandescencia y la nueva configuración del parachoques y el faldón, además del nuevo logo que ahora recorre el portón de lado a lado y pierde la X de la generación precedente.

Las puertas dejan un acceso cómodo al interior por su tamaño y apertura, además de tener unos buenos ajustes y un portón trasero muy práctico.

Interior: digitalizado

El interior se ha modernizado, pero sigue siendo austero.

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En el interior el gran cambio en este Grandland está en el salpicadero, que parece directamente trasplantado del Mokka. Lo más llamativo es el cuadro de instrumentos digital que forma un conjunto estético con la pantalla del sistema multimedia al estar unidos por una franja de plástico negro brillante. No es muy buena idea este material, pues provoca algunos reflejos y molesta, por ejemplo, cuando llevamos una camisa blanca un día de sol.

La instrumentación cuenta con varios formatos, pero se parecen tanto entre ellos que apenas merece la pena esta posibilidad y, además, el aforador del combustible no se lee muy bien.

Los acabados y ajustes son buenos y se agradece contar con mandos tradicionales para subir y bajar la temperatura de la climatización y la velocidad del ventilador, aunque para cambiar la distribución del aire es necesario actuar en la pantalla táctil.

La ergonomía en general es buena y los mandos quedan bastante a mano, aunque la posición de la pantalla multimedia obliga a bajar mucho las salidas de aireación centrales.

Los asientos delanteros son cómodos y en ellos los kilómetros pasan sin fatiga, además el espacio es amplio y acogedor pese a la sobriedad excesiva del diseño.

Las plazas traseras del Opel Grandland son correctas. Con un conductor de 1,85 m el pasajero trasero rozará con el respaldo delantero en cuanto supere es misma estatura. La anchura, como siempre, es justita para tres adultos y no caben tres sillas infantiles en ellas.

El maletero tiene unas formas muy cúbicas y utilizables, con 514 litros muy aprovechables y que se pueden ampliar con facilidad abatiendo los asientos traseros. La calidad de los materiales y ajustes es buena y superior a la media de la categoría.

Motor: Un buen cambio

La versión diésel es la más recomendable para largos viajes.

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Bajo el capó del Grandland no hay novedades. Se trata del 1.5 diésel del grupo Stellantis que ya conocemos y hemos probado en modelos como el Citroën C4. Este motor sobresale por su suavidad de funcionamiento y la buena respuesta de su caja de cambios automática de 8 marchas. Con 130 CV mueve con suficiente alegría al Grandland y sus consumos son ajustados, como veremos más adelante.

La caja de cambios es automática tradicional, con convertidor de par, y cuenta con una gestión electrónica con 3 programas de funcionamiento que cambian la respuesta del acelerador y de la caja de cambios para hacer al Grandland, más deportivo, eficiente o confortable. En modo Sport se reduce el tiempo de respuesta del cambio, que además busca una marcha más corta para rodar, el pedal del acelerador es más sensible y el coche tiene un tacto más directo, eso sí, a costa de aumentar el consumo.

Si queremos, podemos usar el cambio en modo manual secuencial usando las teclas que van fijas al volante multifunción.

Comportamiento: Seguro y fácil

Las llantas de 18 pulgadas penalizan más el confort y los consumos que lo que ganan en estética.

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No hay diferencias notables en cuanto al comportamiento del Grandland tras su lavado de cara. Sigue siendo un coche cómodo, con un habitáculo bien aislado y en el que se hacen kilómetros sin demasiada fatiga.

La dirección tiene buen tacto y un buen radio de giro que nos hará la vida más fácil en la ciudad, donde sus 4,5 metros de largo no se van a atragantar demasiado, aunque hoy en día es complicado encontrar hueco hasta para un Biscúter. La caja de cambios automática de convertidor de par es más suave que las de doble embrague en las maniobras y hace que también sea más fácil el usarlo a diario en ciudad, quitándote mucho estrés al despreocuparte del maldito embrague.

En carreteras secundarias los frenos son correctos y las reacciones del Grandland no hacen gestos extraños. Las zonas viradas las pasa con suficiente agilidad para un coche de planteamiento familiar como éste y las prestaciones de sus 130 CV dan para adelantamientos seguros, aunque ahora que ya no disponemos del margen de 20 km/h adicionales para realizarlos, la verdad es que casi no merece la pena ni hacerlos.

En autopista y vías rápidas transmite confianza con unas reacciones muy predecibles y sin brusquedades. Las curvas amplias las podemos hacer con tranquilidad y se recompone bien al pasar en los apoyos por juntas de dilatación o cambios de asfalto.

La maniobra de esquiva no plantea problemas gracias al ESP, que casi para por completo al Grandland y la frenada de emergencia también la supera correctamente, sin que la trasera tienda a zigzaguear pese a descargarla de peso por completo.

En resumen, el Grandland diésel tiene unas prestaciones razonables, es cómodo, fácil de conducir y de reacciones predecibles y seguras para los perfiles de la mayoría de los conductores.

Equipamiento: No está mal, pero caro

Los faros full led tienen una buena iluminación.

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El equipamiento del Opel Grandland en el cabado GS Line es bastante completo, como puedes ver en la ficha técnica adjunta a esta prueba. Faros full led con asistente de luz de carretera, control de crucero adaptativo, alerta de colisión con frenado de emergencia, sistema de detección de fatiga del conductor, sensores de ángulo muerto, asistente de aparcamiento con cámara de marcha atrás… no está mal en cuanto a asistencias y seguridad activa.

La conectividad corre a cargo del sistema multimedia que ya conocemos de los modelos de Stellantis, con Apple Car Play, Android Auto y navegador integrado en el caso de la unidad de pruebas. Su funcionamiento es correcto y los menús son sencillos de interpretar, pero hay sistemas más potentes en el mercado actual.

En cuanto a confort, tenemos cuatro elevalunas automáticos, asiento del conductor con regulación en altura, volante de piel, climatizador de doble zona… pero se echan en falta elementos como la llave inteligente manos libres o los asientos calefactados que sí se ofrecen en otros rivales de precio similar.

Consumo: Buenos datos

La autonomía supera los 800 km con cierta facilidad.

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Los consumos medidos durante la prueba difieren respecto a los homologados que puedes ver en la ficha técnica, aunque no demasiado. Esta versión diésel vuelve a demostrar que es la mejor alternativa para quienes vayan a viajar muy cargados y largas distancias con frecuencia. Sus consumos son buenos y no se disparan cuando cargamos el coche o tenemos que subir puertos de montaña.

Los consumos reales medidos en el Opel Grandland diésel 2022 han sido:

  • Ciudad: 7,2 l/100 km
  • Carretera: 5,2 l/100 km
  • Autopista: 6,3 l/100 km

Con estos consumos y un depósito de 53 litros de capacidad, la autonomía del Opel Grandland diésel está alrededor de los 800 km.

Rivales: Rivales del Opel Grandland diésel 2022

Vehículo

Opel Grandland 1.5CDTi S&S GS Line Aut. 130

Seat Ateca 2.0TDI CR S&S Style 116

Peugeot 3008 1.5BlueHDi Style S&S EAT8 130

Nissan Qashqai 1.3 DIG-T mHEV 12V N-GO 4x2 Aut. 116kW

Precio Desde
35.676 €
Desde
32.519 €
Desde
35.050 €
Desde
35.225 €
Combustible Diésel Diésel Diésel Gasolina
Cambio 8 marchas 6 marchas 8 marchas 1 marchas
Potencia (CV) 130 116 130 158
Aceleración 0-100 km/h (s) 11,5 10,9 11,5 9,2
Consumo Medio (l/100 km) - - 3,9 -
Emisiones CO2 (g/km) - - 104 -

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