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Videoprueba del nuevo Mazda3 Skyactiv-G 2.0 122CV 2019: el comienzo de una nueva era

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25 de marzo, 2019

Nos ponemos a los mandos del nuevo Mazda3, un modelo que marca el inicio de una nueva era para la firma japonesa. Con unos ajustes y materiales de primera calidad, un diseño muy atractivo y un comportamiento dinámico a la altura de los mejores, este nuevo Mazda3 promete ponerle las cosas muy difíciles al rey de la categoría, el Volkswagen Golf, pero también a los modelos premium: Clase A, Serie 1 y A3. ¡No te pierdas el vídeo!

En el Salón del Automóvil de Ginebra 2011, Mazda presentó la primera generación del CX-5, que fue el modelo encargado de inaugurar el lenguaje de diseño Kodo y estrenar la tecnología de motores Skyactiv con la que la firma se desmarcaba del resto de la industria, tomando un camino alternativo para cumplir con los límites de emisiones y consumo. Estos dos conceptos, Kodo y Skyactiv, que llegaron después al Mazda6 y Mazda3, supusieron un punto de inflexión para el fabricante de Hiroshima, ya que sirvieron para situar a sus modelos un punto por encima de los de marcas como Ford, Renault o Peugeot y entrar en batalla directamente con Volkswagen, una marca que se sitúa en ese zona intermedia entre las firmas generalistas y las premium.

La apuesta fue arriesgada, nunca es fácil es subir un peldaño en categoría y cambiar la percepción que de tu producto tiene el público, pero los resultados están ahí. La respuesta del mercado ha sido muy positiva, abrumadora incluso, con un crecimiento de las ventas espectacular que ha superado hasta las expectativas más optimistas de la firma.

Con una buena gama de producto y su nueva imagen de marca asentada, Mazda ha decidido ir un paso más allá con la nueva generación del Mazda3, que ha sido el modelo escogido para el inicio de una nueva etapa en la que la marca ya no se conforma con ofrecer un mejor producto que las generalistas, sino que ahora mira más alto y aspira a luchar con las más grandes: Audi, BMW y Mercedes. ¿Lo consigue? Pues eso es a lo que trataremos de dar respuesta a lo largo de la prueba del Mazda3 2019. Para ello, nos vamos a fijar en tres aspectos fundamentales:

  • Calidad de fabricación y acabados.
  • Calidad de los materiales y ajustes empleados en el interior.
  • Comportamiento dinámico y nivel de confort.

Vídeoprueba del Mazda3 2019 con motor de gasolina

Nuestra valoración: 8,3

Diseño 8

Motor 8

Comportamiento 9

Interior 9

Equipamiento 8

Consumos 8

Destacable

  • Diseño y calidad interior
  • Comportamiento
  • Etiqueta Eco de la DGT

Mejorable

  • Acceso y espacio en la plazas traseras
  • Oferta mecánica escasa
  • El sistema multimedia no es táctil

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: entra por los ojos

Sobre gustos no hay nada escrito y buena prueba de ello es que hay quién encuentra cierto atractivo hasta en un SsangYong Rodius o un Fiat Multipla. Partiendo de esta base, puede ser que haya a quién no le termine de convencer la estética de los últimos modelos de Mazda, pero yo, sinceramente, todavía no he encontrado a esa persona. Lo cierto es que el diseño de la firma japonesa entra por los ojos, con unas líneas fluidas y con identidad propia que han conseguido crear un sello personal.

El anterior Mazda3 ya era muy atractivo, y el nuevo lo es, bajo mi punto de vista, aún más, con un diseño espectacular lo mires por donde lo mires. Según la marca, estas líneas responden a la última evolución del aclamado lenguaje de diseño Kodo, siendo el Mazda3 2019 el primero de la nueva generación de modelos de la marca que está por llegar. Por cierto, y esto es importante, es mucho más atractivo en persona de lo que puedas imaginar. Las fotos y los vídeos no logran transmitir con exactitud la fluidez de las líneas, las proporciones, en definitiva, la belleza de este coche.

La vista frontal, muy agresiva, se caracteriza por un morro situado muy abajo. Las líneas van descendiendo desde la parte superior del capó hasta la parrilla, vertical y hundida, que sustituye las lamas horizontales de la generación anterior por un atractivo entramado en negro como el que luce el Mazda CX-5.

Los faros, muy finos y estilizados, quedan unidos por una pieza en negro satinado. No me disgusta, pero me quedo con las ganas de ver cómo quedaría el frontal con esa pieza en cromado, algo que, según ha confirmado la marca, podremos ver en la variante sedán. Por cierto, los faros cuentan con tecnología led para todas las funciones desde el acabado más básico.

En la vista lateral, destaca la ausencia de líneas de tensión, de aristas, el coche parece hecho de una sola pieza, sobre todo en la última parte, con un enorme y redondeado pilar C. Destaca también en el perfil, la inclinación tanto de la luna delantera como trasera, la línea descendente del techo y ascendente de las ventanillas y el generoso spoiler trasero en negro. El resultado son unas líneas muy fluidas que logran combinar muy bien elegancia y deportividad. La única pega de este diseño es, como veremos más adelante, que condiciona el acceso y espacio en las plazas traseras. Por otro lado, no me acaba de convencer el perfil cromado que bordea la parte baja de las ventanillas. Yo habría optado por todo cromado o todo en negro, pero no una parte sí y la otra no, aunque esto es una cuestión personal.

En cuanto a las llantas, tenemos dos opciones: 16 pulgadas o, como en el caso de la unidad de pruebas del Mazda3, de 18 pulgadas. Las medidas del neumático son un poco atípicas, con un ancho de 215 milímetros, cuando lo normal en llantas de 18 es encontrarnos con ruedas a partir de 235 milímetros. Esto, en cualquier caso, favorecerá unos consumos más ajustados y también una mejor respuesta en el apartado dinámico.

En la zaga, tenemos unos pilotos que siguen las líneas de los de la anterior generación, pero, ahora, cuentan con unas formas más marcadas e iluminación led. Por otro lado, las formas de la carrocería, muy contundentes y macizas, logran que el coche parezca más ancho de lo que en realidad es. Además, destaca la forma redondeada del portón y el difusor en negro con dos salidas de escape cromadas y de verdad, no son los falsos escapes que tan de moda se han puesto últimamente.

En definitiva, y aunque el diseño es algo subjetivo, yo creo que sin duda es uno de los puntos fuertes del Mazda3. El coche seduce a primera vista.

Estética aparte, en la introducción de esta prueba nos planteábamos tres preguntas claves para saber si este nuevo Mazda3 estaría en disposición de competir con el Mercedes Clase A, el BMW Serie 1 y el Audi A3. Pues bien, ha llegado el momento de responder a la primera de ellas, la calidad de construcción, con un rotundo sí: la tolerancia entre los paneles está muy ajustada, las puertas perfectamente alineadas, la calidad de la pintura es sobresaliente, el tacto de las manetas muy bueno, al igual que de las puertas al abrir y cerrar… En definitiva, tenemos la sensación de estar ante un producto bien hecho, de gran calidad.

Interior: calidad premium

Las buenas sensaciones del exterior se trasladan e incluso aumentan cuando nos sentamos en el habitáculo. Mazda se ha decantado por un diseño minimalista y elegante que a mí particularmente me encanta. Además, la distribución de los mandos es la perfecta, todo queda a mano y es sencillo de manejar, y la cantidad y capacidad de huecos para dejar objetos, muy buena.

Sin embargo,  más allá del diseño, lo que realmente sorprende de este Mazda3 2019 es la calidad de los materiales empleados y la precisión de los ajustes. En este sentido, el avance respecto al modelo anterior es muy significativo. Para hacernos una idea, la sensación de calidad que desprende el interior es igual y me atrevería a decir que superior a la del Mercedes Clase A.

El tacto del volante es exquisito y la mayor parte de las superficies son blandas, incluso en zonas donde no es habitual como la parte baja de la consola central; el tacto de los mandos satélites y demás botones, muy bueno; las tapas de los altavoces son de aluminio; la guantera está recubierta en un tejido parecido al terciopelo… En definitiva, todo lo que tocamos, todo lo que tenemos a la vista, nos dice que estamos ante un modelo premium. En este sentido, lo único que no me gusta, es el negro piano que rodea la zona del cambio. Es un material que se raya con facilidad y atrae el polvo. Afortunadamente, no han abusado de él.

Respecto al sistema multimedia, desde el acabado más básico, tenemos una pantalla de 8,8 pulgadas con navegador y Andorid Auto y Apple CarPlay incluidos. La resolución ha mejorado y la posición, muy elevada, es buena para no distraer demasiado la vista de la carretera. Además, el manejo de las distintas funciones desde el joystick situado en la consola es igual de intuitivo y sencillo que en la generación anterior. Sin embargo, la marca ha optado, a diferencia del anterior Mazda3, por un panel que no se puede manejar de forma táctil. No lo entiendo, ya que, por ejemplo, introducir una dirección en el navegador es infinitamente más fácil y rápido con una pantalla táctil que con una ruleta pasando por todo el abecedario

Si lo comparamos con el Mercedes Clase A, hay que decir que el alemán nos parece que está mejor resuelto en este apartado. También el Audi A3 o el Volkswagen Golf. Para mí no es un factor que determine la compra, teniendo en cuenta además que el sistema multimedia de Mazda responde bien, pero en este punto está por debajo de sus rivales y no solo por el hecho de no contar con una pantalla táctil, sino también por el diseño de los menús.

El panel de instrumentos ha cambiado notablemente, abandonado la peculiar configuración de la generación anterior. Ahora, está formado por una pantalla central de 8 pulgadas y dos relojes analógicos a los lados. Su aspecto es bastante clásico y la forma en la que ofrece la información es perfecta, pero es cierto que las posibilidades de configuración son menores que en el panel digital que comparten el A3, Golf y Seat León.

Las plazas traseras siguen manteniendo los mismos problemas que en la generación anterior. El acceso no es demasiado bueno por la caída del techo, que obliga a agacharnos en exceso. Tampoco sobresale en anchura y altura. De hecho, las personas que superen los 1,80 metros de estatura pueden tener problemas. Además, el tapizado en negro del techo, unido a la poca superficie acristalada, hace que nos sintamos un poco enclaustrados. Otro pequeño defecto es que no contamos con salidas de aire en el centro ni tampoco con conexiones USB o de 12 voltios. Eso sí, la calidad en el recubrimiento de los paneles de puerta es exactamente la misma que en las plazas delanteras, algo que se agradece, ya que muchos fabricantes ahorran en este aspecto.

El maletero del nuevo Mazda3 pierde seis litros respecto a la generación anterior, quedándose su capacidad en 358 litros. No es una mala cifra y se sitúa en la media del segmento, pero sí es cierto que si tenemos en cuenta su longitud (casi 4,5 metros) podríamos considerar que el espacio disponible es algo limitado. Más aún en la unidad de pruebas, que contaba con un equipo de sonido opcional que resta espacio por la ubicación del subwoofer. En este aspecto, lo más positivo son las formas regulares y el amplio acceso, aunque el escalón de carga es un poco elevado.

Motor: la microhibridación como novedad y la etiqueta Eco como ventaja

Por el momento, el Mazda3 2019 solo está disponible con una mecánica diésel 1.8 de 116 CV y una de gasolina 2.0 de 122 CV, que es la que hemos tenido ocasión de probar. Se trata de un motor atmosférico y, como todos los de este tipo, presenta, ahora que estamos acostumbrados a los mecánicas turboalimentadas, ciertas particularidades. Para empezar, la entrega de la potencia es muy lineal y tenemos poco empuje en la zona baja. De hecho, el par máximo llega a las 4.000 rpm, lo que ya nos indica que, si queremos las máximas prestaciones, debemos llevar la aguja arriba del cuentavueltas.

La gran novedad es la introducción de la microhibridación con una red eléctrica adicional de 24 voltios. A nivel de uso, no encontraremos, salvo por la extrema suavidad con la que entra en funcionamiento el sistema Star&Stop, ninguna diferencia respecto a la anterior generación, que no contaba con esta tecnología. Y no encontraremos ninguna diferencia porque los microhibridos funcionan exactamente igual que cualquier coche tradicional. De hecho, y a diferencia de los híbridos convencionales, no son capaces de mover el coche solo con impulso eléctrico. Se trata más bien de una ayuda, que no notaremos en ningún momento, pero que nos ayudará a reducir el consumo y, sobre todo, a obtener la etiqueta Eco de la DGT.

Otra de las tecnologías que incorpora este motor en busca de una mayor eficiencia es la desconexión activa de cilindros. En las fases de carga baja, el motor pasará automáticamente a funcionar solo con dos cilindros en vez de cuatro. La transición es imperceptible y solo podremos detectarla mirando el indicador que tenemos en un pantalla específica del sistema multimedia.

En cuanto a la potencia, que no nos lleven a engaño los 122 CV. El coche no es un cohete, pero ni mucho menos es perezoso. Tenemos lo suficiente para movernos con alegría, recuperar bien y realizar adelantamientos con total seguridad. Salvo por el extra de picante que nos aportaría un motor de 150 o 180 CV, por ejemplo, yo no he echado en falta más potencia. Obviamente, me decantaría por un motor más potente, y más teniendo en cuenta como va el chasis. Lo que quiero decir es que si no se da importancia a las prestaciones puras y duras, esta versión es más que suficiente para cualquier circunstancia.

Por cierto, el tacto del cambio manual es, como ya nos tiene habituados la marca, excelente, con unos recorridos cortos y precisos. Por señalar un defecto, diría que las marchas son muy largas, lo que beneficia el consumo, pero resta rendimiento y sensaciones.

Comportamiento: entre los mejores

Antes de entrar con el comportamiento dinámico del nuevo Mazda3, me gustaría hacer una mención a la postura de conducción, que es, bajo mi punto de vista, muy, muy, buena. Los asientos recogen bien el cuerpo y nos permiten ir sentados muy abajo y con las piernas estiradas. Además, el volante cuenta con unos reglajes generosos en altura y profundidad y la palanca del cambio está colocada en el sitio perfecto, muy cerca de la mano.

Respecto al comportamiento, pocos peros se le pueden poner a este Mazda. La marca ha hecho un trabajo excelente y, nada más avanzar unos metros con él, nos damos cuenta de lo suave que va. El motor de gasolina es muy fino, la insonorización muy buena y, sobre todo, tiene un rodar, una pisada, de coche de categoría. En este sentido, el salto de calidad respecto a la generación anterior ha sido significativo y, ahora, tenemos la sensación que transmiten los coches premium.

La dirección es rápida, precisa y comunicativa y la suspensión, sin contar con un tarado excesivamente duro, contiene muy bien las inercias. En este sentido, el coche es una auténtica delicia. Su respuesta enlazando curvas y giros cerrados es muy buena, con unos tiempos de espera cortos y un morro que obedece de inmediato a  las órdenes que damos con el volante.

En vías rápidas, la sensación de aplomo es sobresaliente y la sensación de seguridad muy elevada. El coche no pierde la compostura nunca, incluso si nos tropezamos con un bache o alguna imperfección en mitad de una curva.

En definitiva, Mazda ha logrado que la nueva generación de su modelo compacto combine confort de marcha y eficacia a parte iguales. Sí, hay modelos que pueden ser más cómodos, pero no serán ni de lejos tan eficaces.

Consumo: buenas cifras

El Mazda3 con motor de gasolina de 122 CV homologa un consumo medio en ciclo WLTP de 5,2 l/100 km, un consumo urbano de 6,5 l/100 km y un consumo en carretera de 4,4 l/100 km. Las cifras reales de consumo son superiores, pero no se alejan demasiado.

Circulando por ciudad, hemos obtenido un consumo de entre 7 y 8 litros cada 100 kilómetros, mientras que en autovía, y con el control de crucero fijado en 120 km/h, hemos sacado unos buenos 5,8 l/100 km.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el consumo varía mucho en función del tipo de conducción. Si queremos sacer el máximo jugo a este motor, deberemos llevarlo alto de vueltas y esto inevitablemente pasará factura en el gasto de carburante. Pero si practicamos una conducción sosegada, no será difícil ver las cifras que hemos indicado.

Con un depósito con capacidad para 51 litros, la autonomía se sitúa en torno a uno 650 kilómetros, aunque esta cifra puede variar en función del tipo de trayecto que más realicemos. Si nos movemos mucho por ciudad, bajará notablemente.

Rivales: Rivales del Mazda3 Skyactiv-G 2.0 122CV

Vehículo

Mazda Mazda3 2.0 Skyactiv-G Zenith 90kW

Volkswagen Golf 1.0 TSI R-Line 85kW

Mercedes-benz A 180

Bmw 116i

Precio Desde
26.114 €
Desde
26.943 €
Desde
28.799 €
Desde
27.600 €
Combustible Gasolina Gasolina Gasolina Gasolina
Cambio 6 marchas 6 marchas 6 marchas 6 marchas
Potencia (CV) 122 115 136 109
Aceleración 0-100 km/h (s) - 9,9 9,2 10,9
Consumo Medio (l/100 km) 5,3 4,8 5,3 5,9
Emisiones CO2 (g/km) 119 114 122 134

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Comentarios

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  • jcl

    bonito coche pero discrepo totalmente sobre su maletero….el megane,308,golf,i30,ceed,leon y muchos mas le aventajan en capacidad ,asi que, con ese cubicaje está mas cerca de un ibiza que de un leon.

    Buen video y bien explicado,gracias.

    • Marcos Diego

      Hola, jcl

      Puede que no haya sabido expresarlo bien. Efectivamente, la capacidad del maletero es, junto a las plazas traseras, uno de los puntos más críticos del nuevo Mazda3 (ya lo eran en la generación anterior). Más aún, si, como digo en la prueba, tenemos en cuenta que es uno de los modelos más largos de la categoría y que el subwoofer hace perder todavía unos litros más.

      Nos alegra que te haya gustado el vídeo. Un saludo y gracias.

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