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Videoprueba del Kia Sportage 2.0 CRDi Mild Hybrid: probamos la versión microhíbrida de este superventas

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26 de abril, 2019

Nos ponemos a los mandos de la versión tope de gama del Kia Sportage, que monta, además de un completo equipamiento de serie, un motor diésel de 185 CV con tecnología de microhibridación y red eléctrica de 48 voltios. ¡No te pierdas el vídeo!

La actual generación del Kia Sportage llegó a los concesionarios en 2016 y, a finales del pasado año, recibió una actualización bastante profunda que se centró fundamentalmente en cuatro apartados: mejorar el diseño exterior, aumentar la calidad percibida en el interior, introducir más equipamiento y tecnología y, por último, conseguir unos motores más eficientes.

De entre las novedades del Kia Sportage 2019, la principal la encontramos en el apartado mecánico con la introducción de un sistema de hibridación ligera, microhibridación o, como lo denominan en la marca, Mild Hybrid. Esta variante, que es la que hemos tenido ocasión de probar, monta, por un lado, un motor diésel de 2 litros de cilindrada que desarrolla 185 CV y, por otro, una máquina eléctrica que ayuda en las fases de aceleración y arranque, al tiempo que consigue que el sistema Start&Stop entre en funcionamiento con extrema suavidad.

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Por potencia y equipamiento (solo está disponible con el acabado tope de gama GT Line), el Kia Sportage 2.0 CRDi Mild Hybrid se sitúa en la cúspide de la oferta de este modelo, con un precio de partida que supera la barrera de los 35.000 euros.

Puede parecer un precio elevado, pero si comparamos este Sportage con modelos de similar potencia y equipamiento, veremos que Kia sigue manteniendo una excelente relación calidad/precio, colocando a su producto como una de las mejores opciones de la categoría.

Tras más de 1.000 kilómetros de prueba con el Kia Sportage, he tenido sensaciones encontradas. Por un lado, me parece un producto muy recomendable a nivel dinámico y también por su calidad y amplitud en el interior. Por otro lado, el sistema microhíbrido, la gran novedad del restyling, me ha dejado algo frío.

Según la marca, obtenemos unas mejores cifras de consumo y un plus de potencia en las aceleraciones. Sin embargo, tanto la reducción del consumo como la mejora en potencia no me parecen demasiado significativas y, a cambio, añadimos complejidad a la mecánica, mayores costes de mantenimiento y perdemos espacio en el maletero. Además, no contamos con la etiqueta Eco de la DGT, lo que, en principio, es una de las grandes ventajas de estos sistemas microhíbridos.

Videoprueba del Kia Sportage 2.0 CRDi Mild Hybrid de 185 CV

Fotos y vídeo: Javier Martínez

Si quieres conocer más detalles, sigue leyendo la prueba del Kia Sportage microhíbrido, visita la galería de fotos o consulta la ficha técnica.

Nuestra valoración: 7,2

Diseño 8

Motor 6

Comportamiento 8

Interior 8

Equipamiento 7

Consumos 6

Destacable

  • Calidad y amplitud del habitáculo
  • Comportamiento

Mejorable

  • Microhíbrido sin etiqueta Eco de la DGT
  • Pérdida de espacio en el maletero

Diseño: cambios sutiles pero efectivos

El Kia Sportage Mild Hybrid monta de serie llantas de aleación de 19 pulgadas.

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El Kia Sportage 2019 no ha cambiado de forma radical respecto al modelo lanzado en 2016, pero sí es cierto que las pequeñas modificaciones introducidas han ayudado a depurar el diseño, a un conseguir un modelo más elegante, con mayor empaque.

Uno de los cambios más notables lo encontramos en las ópticas delanteras que, aunque no han cambiado de forma, cuentan con un dibujo interior completamente nuevo y que resulta muy atractivo. En este sentido, llaman especialmente la atención los intermitentes, que, con solución heredada del espectacular Kia Stinger, se proyectan sobre unos prismas hexagonales. Además, el sistema de iluminación utiliza tecnología led para todas sus funciones, algo propio del acabado tope de gama GT Line, el único con el que está disponible el Sportage microhíbrido.

Las luces de circulación diurna, que están integradas en los faros, también han cambiado y, ahora, son cuatro puntos led, lo que recuerda a los modelos de Porsche. Por cierto, ya que he nombrado a la marca alemana, el frontal del Kia Sportage me recuerda, en cierta medida, al de la primera generación del Cayenne.

Además de las ópticas, el frontal cuenta con un nuevo parachoques y tanto parrilla como rejilla inferior han crecido en tamaño. Asimismo, el Kia Sportage Mild Hybrid cuenta con varios detalles específicos del acabado GT Line, como los faros antiniebla en forma de cubos y la parrilla con lamas cromadas, lo que da un aspecto más agresivo al vehículo.

En la zaga, el parachoques también es nueva factura y cuenta, entre otras cosas, con una nueva moldura cromada. Además, los intermitentes son ahora más grandes, aunque me sigue sin gustar su posición, es demasiada baja, lo que los hace menos visible y, además, los deja más expuestos a posibles golpes.

La tira que une los pilotos traseros, que han cambiado su dibujo interior por uno más atractivo  y que emplea tecnología led, no se ilumina, como si sucede en, por ejemplo, el Kia Proceed.

En cuanto a calidad de fabricación, el Kia Sportage transmite buenas sensaciones, con unos ajustes que no admiten reproche y una pintura de buena calidad.

Interior: amplio, cómodo y con buena presencia

El interior del Kia Sportage cuenta con buenos materiales y ajustes.

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En el interior del Kia Sportage 2019 no hay grandes modificaciones en cuanto a diseño. Tenemos las salidas de aire, que han modificado ligeramente su aspecto, la pantalla, que ahora queda totalmente enrasada, y el volante, que cuenta con nuevos mandos. Los demás se mantiene sin cambios. Eso sí, Kia dice que ha mejorado la calidad de algunos materiales y la verdad es que en este sentido pocas pegas se le pueden poner.

El tacto de los mandos es bueno; tenemos materiales blandos en la parte superior y duros pero de buen aspecto en la parte baja; y unos buenos ajustes entre las distintas piezas. En definitiva, las sensaciones son muy buenas, más todavía si lo comparamos con el líder de la categoría, el Nissan Qashqai, que está claramente por debajo en este aspecto.

El sistema multimedia, que en este caso cuenta con pantalla de 8 pulgadas, resulta muy satisfactorio. La resolución es buena, responde rápido y, sobre todo, el diseño de los menús hace que navegar entre las distintas funciones que ofrece sea muy sencillo. Además, tenemos aquí debajo estos botones de acceso rápido que facilitan mucho las cosas.

Otra de las cosas que me ha gustado de este Kia es la ergonomía. Todo queda a mano y es fácil de manejar. Incluso los mandos del volante, que cuenta con bastantes botones, son sencillos. Otro punto positivo es la cantidad de huecos que tenemos para dejar las cosas. El que hay bajo el reposabrazos es muy generoso, al igual que este que queda por delante de la palanca del cambio y que es, también, una superficie de recarga inalámbrica para el móvil.

¿Lo que menos me ha gustado? Pues el negro piano presente en la consola central y las puertas. Es un material muy sensible a los rayones y que se ensucia con facilidad.

La banqueta trasera no cuenta con desplazamiento longitudinal, pero sí se puede regular la inclinación de los respaldos, lo que nos permitirá ganar algo de espacio en el maletero. Una vez sentados, pues no podemos quejarnos. Yo mido 1,80 metros y tengo espacio más que de sobra para las piernas y, también, para la cabeza y eso contando con que en esta unidad perdemos unos centímetros por el techo solar.

¿La plaza central? Bueno, pues como en el resto de modelos de la categoría. Un tercer adulto no viajará demasiado cómodo. Además, el reposabrazos hace que el respaldo sea más duro y el túnel de transmisión nos molestará a la hora de colocar los pies.

El maletero de este Kia Sportage no está mal, pero es peor que el de las versiones de gasolina y las diésel de 1,6 litros de cilindrada. En los de gasolina, tenemos espacio para 500 litros y en los diésel con motor de 1,6 litros reducimos la capacidad a 480 litros debido al depósito de AdBlue. En el Kia Sportage Mild Hybrid, la capacidad baja hasta los 439 litros. El motivo es la batería del sistema de microhibirdación. Además, no solo perdemos espacio, también perdemos el doble piso y la posibilidad de montar una rueda de repuesto.

Motor: asistencia eléctrica

El Kia Sportage Mild Hybrid acelera de 0 a 100 km/h en 9,5 segundos.

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El Kia Sportage con motor diésel de 2 litros de cilindrada, 185 CV de potencia y 400 Nm de par (la variante más potente de cuantas se ofrecen) está asociado de forma exclusiva a un sistema de microhibridación con red de 48 voltios.

Este sistema de propulsión, del que ya describimos su funcionamiento en la prueba del Hyundai Tucson, se compone, además del motor térmico, de una máquina eléctrica alimentada por una pequeña batería de 0,44 kWh de capacidad. Esta máquina eléctrica, denominada MHSG (Mild Hybrid Starter Generator) por Kia, hace las funciones de motor de arranque y alternador. Además, apoya al motor diésel en las fases de aceleración y permite que el sistema Star&Stop funcione con más rapidez y suavidad de lo que es habitual, apagando el motor antes de llegar a parar el coche por completo.

En teoría, este sistema permite reducir el consumo de combustible porque en los dos momentos en los que peor rendimiento tiene un motor de combustión, al arrancar y en las aceleraciones, estamos asistidos por la máquina eléctrica.

En la práctica, no me parece que el sistema sea tan eficaz. El consumo es tan reducido como el de otros coches similares sin en este complejo sistema y, en las aceleraciones, el apoyo de la máquina eléctrica es imperceptible y queda enmascarado por los 400 Nm de par del motor diésel.

En cuanto a prestaciones, el motor diésel mueve sobradamente al Sportage, pero es cierto que su empuje parece algo menor que los 185 CV que declara. En cualquier caso, tenemos de sobra para ir desahogados y con un buen nivel de recuperaciones.

El Kia Sportage 2.0 CRDi Mild Hybrid está asociado de forma exclusiva a un sistema de tracción total. Por defecto, el sistema entrega la fuerza al eje delantero y solo cuando las circunstancias lo requieran envía par al eje trasero. Con la tecla Lock, podemos bloquear el reparto y fijar un 50% de par para cada eje.

En cuanto a la transmisión, hay dos posibilidades: una caja manual de seis velocidades o una transmisión automática por convertidor de par y ocho relaciones que funciona de forma rápida y suave.

Comportamiento: entre los mejores

El Kia Sportage es bastante ágil enlazando giros, si tenemos en cuenta que es un SUV.

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El comportamiento dinámico del Kia Sportage no se ha visto alterado con el restyling, ya que la marca no ha considerado necesario introducir cambios en este apartado y la verdad es que no eran necesarios. La cuarta generación del Sportage está, desde su lanzamiento, a un gran nivel, con una respuesta confortable y eficaz a partes iguales.

La mayor virtud del Sportage es que a sus mandos tenemos casi la sensación de estar conduciendo una berlina o un compacto, lo que habla muy bien del chasis, que ofrece una respuesta noble y unas reacciones predecibles.

En ciudad, resulta muy cómodo. La dirección tiene un buen tacto y ofrece un buen radio de giro y el cambio automático, muy suave en los cambios de marcha, resulta un aliado perfecto para las continuas paradas y arranques.

En vías rápidas, el Kia Sportage microhíbrido se rebela como el compañero perfecto. Transmite seguridad y es muy confortable, lo que hace que los kilómetros pasen más rápidamente. En carreteras reviradas, también nos ha dejado buen sabor de boca, con una carrocería que apenas se inclina y una dirección bastante precisa.

En definitiva, el Kia Sportage puede presumir de un buen comportamiento dinámico, situándos en este apartado como uno de los mejores de la categoría.

Consumo: más de lo esperado

El Kia Sportage Mild Hybrid no brilla en el apartado de consumo de carburante.

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La marca homologa un consumo de 6,1 l/100 km en ciudad, de 5,2 l/100 km en carretera y de 5,7 l/100 km en ciclo mixto. Son unos datos demasiados optimistas y lo cierto es que las cifras reales de consumo del Kia Sportage Mild Hybrid están muy alejadas de los valores oficiales.

En ciudad, el ordenador de a bordo no ha bajado nunca de los 8,5 l/100 km, mientras que en autovía y rodando a los máximos legales nos hemos movido en torno a los 7,5 l/100 km. Creo que son un cifras un poco elevadas y, desde luego, superiores a las de algunos rivales.

Con estas cifras de consumo y sin la ventaja de contar con la etiqueta Eco de la DGT, no encuentro demasiadas ventajas en el sistema microhíbrido. Además, la batería que necesita para funcionar no será barata cuando toque cambiarla.

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