Siete días en un Toyota iQ

31 Octubre, 2011, modificada el 3 Noviembre, 2011 por

¿Cuánto cuesta llenar el depósito de un minicoche? ¿Y aspirarlo? Te lo desvelamos en esta prueba, en la que sometemos al Toyota iQ a un examen muy particular: ¿aguantará el “día a día” urbano y todo lo que eso conlleva (compra, niños, recados…)? Hemos convivido con este japonés durante una semana y el veredicto es…

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El Toyota iQ se renovó a finales de 2010: mayor calidad percibida en el interior y una transmisión automática secuencial MultiDrive S, con siete marchas, asociada al motor 1.33 (99 CV), eran sus mayores modificaciones. “Y, si estos cambios cumplen un año (pensarás), ¿a santo de qué hablar del modelo ahora?”. Te explico.

Nuestra intención era llevar a cabo una prueba de uso real del coche, pasar una semana tras su volante y hacer todo lo que se supone que hace un propietario que, ilusionado, se compra un pequeño urbano para facilitar su día a día. Algunos encuentran después “obstáculos” del tipo: ¿Cómo meto la compra –o el megatelevisor de 52”- en este maletero (minúsculo)? ¿Caben la sillita y el carrito del niño? ¿Puedo llevar a alguien en las plazas traseras sin riesgo de asfixia? Nuestro candidato, por su relación versatilidad (cuatro plazas) – tamaño (2,9 metros de longitud) fue el Toyota iQ. Fuimos a recogerlo y empezó nuestra aventura…

Día 1: Un tipo simpático

Sus líneas sencillas, breves y angulosas, con voladizos mínimos, sitúan las ruedas de este Toyota en las esquinas, lo que da sensación de estabilidad y robustez. Llama la atención. Los transeúntes lo miran con simpatía, lo siguen con los ojos -lo veo perfectamente gracias a sus enormes retrovisores-. Algunos sonríen y asienten con la cabeza; echo de menos un botón que me permita “guiñar un faro”, cubriéndolo con una cortinilla o algo así, para devolver el saludo (amantes de los inventos “curiosos” para los coches, ahí va la idea…).

Enseguida llego al garaje en el que el iQ va a pasar la noche. Dan ganas de achucharlo, de darle unas palmaditas en el techo para que no le dé miedo quedarse solo. Pobrecito, es tan chiquitín…

Día 2: Que empiece la fiesta

Hoy, el Toyota iQ pasa una prueba de fuego: 30 kilómetros hasta el trabajo, la mayor parte de ellos, en atasco (y el resto, lidiando con los semáforos). Primer punto a favor: el cambio automático es comodísimo en esta situación. Si quieres tener más protagonismo, elige el modo secuencial, de marchas bien escalonadas, sin tirones, ni saltos bruscos: así serás tú quien elija la relación más adecuada. Pero te advierto que puedes confiar en la transmisión Multidrive S: sabe perfectamente lo que hace.

La única manera de cantar sus alabanzas (las del iQ y las de cualquier otro modelo) en un embotellamiento sería convertirlo en helicóptero: cuando el tráfico se para, lo hace para todos. Pero al callejear, es otra historia. Regatea entre otros coches como el mismísimo Zidane y gana metros donde no los hay. Cualquier resquicio, por pequeño que sea, vale. Alardea de su agilidad y se mueve con soltura; ¿pasará lo mismo en carretera? Luego lo veremos…

Día 3: Nos vamos de compras

Llega el sábado y, con él, afronto el mismo ritual que miles de personas repiten cada fin de semana: hay que hacer la compra. Nada de levantarse temprano para encontrar el camino despejado y todas las plazas de aparcamiento disponibles; voy al centro comercial después de mediodía, como mandan los cánones en una prueba de este tipo.

Gracias a su ángulo de giro, saqué el iQ del sitio en el que estaba aparcado, hice el cambio de sentido y evité la caja de registro de luz sin mover el volante, ni realizar maniobras: todo en un único movimiento.16
Gracias a su ángulo de giro, saqué el iQ del sitio en el que estaba aparcado, hice el cambio de sentido y evité la caja de registro de luz sin mover el volante, ni realizar maniobras: todo en un único movimiento.

Filas y filas de vehículos se extienden hasta donde alcanza la vista, pero… Un momento, ese hueco de ahí… ¡Premio! Demasiado estrecho para cualquiera, pero perfecto para el 1,68 de anchura del Toyota iQ. Hay que hacer unas cuantas maniobras, ya que el de al lado (como siempre) ha dejado su coche un poco “de aquella manera”, pero no hay problema: el radio de giro de la dirección es tal que, con un movimiento mínimo, lo cuadro. Perfecto.

A la hora de meter las bolsas en el maletero es donde empiezan los retos. Tiene una capacidad de 32 litros –has leído bien, no falta ninguna cifra-; para que te hagas una idea, podrías llevar dos maletines de ordenador portátil (puestos “de pie”, nada de “tumbarlos”) y poco más. Si has ido con acompañante y niños… Pide que te envíen la compra a casa. Si no hay nadie en las plazas traseras, basta con abatirlas y… Voilá! 238 litros a tu disposición.

Día 4: Un pequeño viaje

Te planteo una situación “de emergencia”: el coche de los fines de semana está en el taller, pero no quieres perder la reserva en esa casita rural tan mona para la que hay lista de espera, así que… Bien, para empezar, una escapada romántica es -en principio- sólo para dos, así que plegamos los asientos posteriores del iQ y ya hay sitio para las maletas. El perro no puede venir.

Al salir a carretera, este Toyota se vuelve más valiente. Con 99 CV para mover menos de 1.000 kilos, acelera con alegría y no se asusta ante los repechos. Las suspensiones están bien afinadas, lo que da confianza a la hora de afrontar las curvas: su buen comportamiento provocará que “te pases un poco” con el acelerador y entonces su consumo subirá… La cifra oficial es de 5,1 l/100 kilómetros, pero la que hemos apuntado tras la prueba es algo más alta. Una cosa más: espero que tu destino no esté lejos, ya que su depósito es pequeño –32 litros– y “pedirá más” con relativa frecuencia. La buena noticia es que lo llenarás ¡con 25 euros! ¿Cuántos pueden decir eso?

Día 5: El test de la sillita

Un compañero propone un nuevo examen para el iQ: ¿qué pasa cuando hay que recoger a un niño del colegio? Fijamos la prueba para el lunes por la tarde y me presta una sillita infantil, un carrito y… a su hija.

Desde el puesto del conductor, nuestra pequeña protagonista no parecía muy convencida, aunque contaba con espacio suficiente.16
Desde el puesto del conductor, nuestra pequeña protagonista no parecía muy convencida, aunque contaba con espacio suficiente.

Paso uno: colocar el dispositivo de retención infantil en una de las plazas traseras. Hay que abatir el respaldo del asiento delantero y queda un hueco –no muy amplio, pero suficiente- para maniobrar con la sillita y situarla correctamente en los anclajes ISOFIX. Sentamos a la pequeña y volvemos a poner la banqueta delantera en su sitio. El espacio para sus piernas no está mal, pero hay que tener en cuenta que nuestra “prota” mide 1,05 de altura…

Paso dos: Incluir el carrito “en el lote”. Realizamos el mismo proceso que para las bolsas de la compra o las maletas y esta vez prescindimos de una de las plazas traseras. ¡Solucionado! Y aún podríamos poner sobre el carrito (convenientemente sujeta, eso sí) alguna bolsa adicional. Prueba superada.

Día 6: A la caza del centímetro

Con una batalla generosa (dos metros), el espacio interior está muy bien aprovechado. Pero hoy quiero comprobar el espacio existente con adultos, no con “peques”, por lo que invito a mis compañeros a bajar al garaje para que exploren el iQ a su antojo.

No tardan el fijarse en sus enormes puertas, perfectas para facilitar el acceso a las plazas traseras. Allí hay más amplitud de la que esperas en un coche así, pero las ventanillas son pequeñas y aparece cierta sensación de claustrofobia.

Delante, todo es confort y diseño. Un añadido rojo sobre el salpicadero rompe los tonos neutros del habitáculo y proporciona una nota de color, los materiales son correctos y todo está bien rematado… Me fijo en la curiosa solución que ha empleado Toyota para sustituir la guantera; en su lugar, una especie de “carpeta”, con un cierre de velcro, sirve para guardar documentos o papeles. Así se libera un espacio muy valioso para las piernas del acompañante, pero sus pies enseguida encontrarán una inclinada “pared” ante ellos; la que separa el habitáculo del compartimento del motor.

El conductor tiene a su disposición una postura mucho más cómoda; es fácil encontrar la posición correcta gracias a los múltiples reglajes del asiento. Mandos a mano, buen tacto de los botones, relojes de lectura clara y rápida… Todo listo para perder el mínimo tiempo posible y dedicarse al trayecto.

Día 7: Mantenimiento básico

Muy, muy básico, ya que, en una semana, poco se puede hacer en este apartado… Aun así, antes de devolverlo a las instalaciones de Toyota -no sin cierta tristeza, ya que le he cogido mucho cariño-, lavo el iQ por la increíble cantidad de… Dos euros. No hay mucha superficie, por lo que tardarás muy poco en echar agua, enjabonar y aclarar. Lo mismo puede decirse del interior: con una moneda de euro en el aspirador es suficiente para dejar la tapicería y las alfombrillas limpias… Y todavía sobra. Ahorro de dinero y de tiempo, por 15.750 euros.

¿Será tu próximo coche?

El Toyota iQ está especialmente pensado para aquellos que realizan desplazamientos diarios por la ciudad y no cuentan con mucho sitio para aparcar. Pero, como has visto, puede ir un poco más allá, sobre todo, ayudado por su motor de 99 CV, que le permite escapar de la urbe de vez en cuando. Es el segundo coche perfecto y su precio puede ser aún más interesante…

¿Quieres saber cómo es otro de los “pequeños” de Toyota? ¡No te pierdas el vídeo del Yaris!

3 Comentarios

luki 3 Noviembre, 2011

32 litros por 25 euros? que combustible vale eso vino tinto de brik

Noemí Alonso 4 Noviembre, 2011

Hola, Luki: Si divides los 32 litros del depósito entre 1,32 (el precio de un litro de gasolina), te da como resultado 24,24 euros, que es lo que cuesta llenar el depósito del iQ. Las matemáticas no mienten… 😉

Joan C 5 Noviembre, 2011

Noemí Alonso, las mates no son lo tuyo, ¿eh? Has de multiplicar, no dividir, 32 litros por 1.32 € y te sale que llenar el depósito vacío son 42.24 €.

Con 25€ tienes 18.94 litros

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