Subaru Impreza 2.0 R Sport

29 Octubre, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

Ha cambiado radicalmente su imagen, es más amplio y está mejor equipado pero, sobre todo, destaca lo fácil que resulta de conducir.

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Seguir los pasos de Petter Solberg resulta un poco más sencillo tras comprobar las excelencias del nuevo Impreza. Ha cambiado radicalmente su imagen, es más amplio y está mejor equipado pero, sobre todo, destaca lo fácil que resulta de conducir.


El cambio protagonizado por el nuevo Subaru Impreza ha sido tan radical que casi hay que frotarse los ojos para asociar ese mítico nombre a una carrocería hatchback (cinco puertas), más acorde con los tiempo que corren y más fiable a la hora de hacer volumen de ventas. Subaru siempre ha gozado de una aureola de «exclusividad» ganada a pulso, más si cabe, tras su exitoso historial en el Mundial de Rallys. Sin embargo, con el nuevo Impreza se pretende llegar a un abanico de público más joven, ése para el que una carrocería sedán es un coche de «papá» menos atractivo visualmente. El cambio ha sido drástico, pero para bien, una vez analizado el conjunto. Es más amplio, práctico y está mejor resuelto.


Vale ¿y cómo va? se preguntarán los más inquietos. Tranquilos. La nueva criatura quizá haya perdido algo de deportividad, pero es más fácil de conducir y más efectivo en todos los frentes gracias a las modificaciones introducidas, principalmente en la dirección y en el tren trasero. Si va mejor y es más amplio y práctico, poco más se puede decir. Es cierto que ha cedido personalidad en su estampa, pero todos hemos coincidido en que según pasaban los días, el Impreza iba entrando mejor por los ojos.

  • En marcha



  • Interior y maletero



  • Equipamiento



En marcha

Pero el Impreza pide movimiento a gritos. Nos hemos decantado por la versión 2.0 R de 150 CV que se encuentra a caballo entre el «modesto» 1.5 R de 107 CV y el «intrépido» WRX de 230 CV. Aquí los cambios han sido mínimos. El propulsor de dos litros sigue fiel a la construcción de cuatro cilindros opuestos (boxer). Eso sí se ha rebajado aún más el centro de gravedad al situarlo 22 mm más bajo respecto al frontal y 10 mm respecto al diferencial central. También se ha mejorado la respuesta en medios y bajos, es más algo silencioso y cumple con la norma Euro 4 en emisiones.


SIEMPRE ALEGRE
Esta mecánica resulta brillante en general, aunque si se quiere disfrutar de ella conviene llevarlo «alegre», por encima de 4.000 rpm y apurar hasta superar las 6.500 (el corte llega a 7.000). El cambio responde a una caja manual de cinco relaciones, de un tacto que quizás no enamore, sobre todo a la hora de reducir de 5ª a 4ª.


Quizás también acuse la ausencia de una sexta velocidad que aminoraría la rumorosidad y el consumo en una conducción por autopista. De hecho, en una nacional con el límite a 90 km/h en quinta rodaremos a apenas 2.600 vueltas, cifra muy inferior a la registrada para el par máximo (3.200) en caso de requerir una respuesta ágil . Eso sí, que nadie se apure si quiere un tipo de conducción más activa y agresiva. Presumir de una relación más corta auxiliar no está al alcance de cualquiera.


Digamos que oficialmente se plantea para agilizar el arrastre de remolques en pendientes o para condiciones de firme menos óptimas. Lo sentimos, pero además de eso, no podemos resistirnos a insertar la reductora (se puede hacer en marcha) y afrontar un tramo de carretera con curvas. De repente el Impreza se transforma, gana en agilidad y respuesta del motor y podemos por unos instantes creernos compañeros de Petter Solberg en el equipo oficial Subaru.


Claro que para que esto sea así no podemos olvidar otra perla de esta marca: la tracción total Simétrica. Esta ofrece una distribución de par 50:50 a los ejes delantero y trasero y cuenta con un diferencial central viscoso que actúa en consecuencia. No en vano ésta es una de las señas de identidad de la marca.


Y por último, hacer referencia a la adopción de una nueva plataforma en la que destaca el estreno de una suspensión trasera de doble brazo (multilink). Esto ha motivado que se eliminen parte de las reacciones más «feas » que ofrecía el modelo anterior, siendo ahora su comportamiento más estable y fiable. Quizás haya perdido «feeling» deportivo, pero se ha convertido en un modelo más fácil de conducir y mucho más previsible en sus reacciones.


Por si fuera poco, el confort general en marcha ha aumentado, con unos tarados mejor estudiados y una reducción en el ruido que mana desde el asfalto. En resumen, va mejor que antes porque el paso por curva sigue siendo «supersónico» pero ya no se necesitan tantas «manos» como antes.


Además, en caso de que pierda la compostura, lo hace en bloque y ya cuenta con un «ángel de la guarda» electrónico en forma de control de estabilidad, elemento del que no disponía el modelo anterior. Mención especial también para la dirección, más directa y ahora con un tacto exquisito, y los frenos, eficaces como pocos. Lástima que el cambio no acompañe para que todo el conjunto fuera todo redondo.

Interior y maletero

Ha crecido 45 mm en longitud y ha estirado la distancia entre ejes otros 95 mm. Gana «pisada» y gana en habitabilidad. Nuestra unidad también gana en apariencia y músculo, debido a que el acabado Sport de nuestra unidad lleva asociado paragolpes de corte deportivo, spoiler laterales o salidas de escape cromadas. El habitáculo está bien rematado. Nada impactante, pero bien resuelto. No encontraremos plásticos de altísima calidad o materiales acolchados en el salpicadero y el diseño hasta quizás sea algo sobrio, pero poco se le puede reprochar a la calidad de los ajustes.


Eso sí, el volante se regula en altura y profundidad y en su posición más cercana al conductor deja ver los entresijos de la columna de la dirección y parte del cableado y tornillería, situación que se hubiera evitado forrando esa parte. La tercera generación del Impreza ha mejorado la visibilidad desde el puesto del conductor, la accesibilidad al interior y la cédula de habitabilidad, tanto para ocupantes como en el maletero.


El espacio en las plazas traseras es ahora más holgado, aunque la banqueta no es muy larga y queda algo baja. La plaza central tiene buen mullido (no tiene reposabrazos), pero, si se puede, mejor evitarla debido al grueso túnel central por el que transcurre la transmisión. Nada que objetar a las butacas delanteras, de corte deportivo, pues resultan eficaces en la sujeción y confortables al paso de los kilómetros. Por último, el espacio destinado para la carga es ahora de 301 litros, aunque puede llegar a los 1.216 abatiendo los respaldos traseros.

Equipamiento

También el equipamiento del nuevo Impreza se ha «engordado» para hacer un conjunto más atractivo y actual. Así, el acabado Sport presume en su dotación de serie de faros de xenón delanteros y Leds traseros, airbag frontales, laterales y de cortina, mando de entrada inteligente y arranque sin llave, climatizador o control de velocidad de crucero, entre otras cosas. Sin embargo, sigue sin contemplar sensores de luces o lluvia automáticos o de aparcamiento, elementos ya muy extendidos incluso en rivales de menos rango.


En lo económico, el nuevo Impreza está un escalón por encima a la hora de rascarse el bolsillo de rivales de Honda Civic o Mazda 3) de similar potencia (la tracción total y la reductora son parte de la explicación) y a la vez sí es más atractivo en la factura final que enemigos como un Audi A3 Sportback o un Serie 1 de BMW. En definitiva, la tercera generación del Impreza resulta de lo más atractivo para los que, sin renunciar a una dinámica notable, buscan ahora además espacio y sentido práctico. Multiplicará sus ventas, seguro.

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