Subaru Forester 2.0 TD XS Limited Plus

El nuevo todocamino del fabricante japonés adopta las líneas más convencionales de la categoría SUV y presume del flamante motor turbodiésel de cuatro cilindros bóxer. Su equipamiento y competitivo precio le convierten en una opción más que recurrente.

El Forester ya no es aquel coche pseudo familiar de antaño que recordaba a los Skoda Octavia Combi Scout y compañía. Aquel modelo, tan personal, se ha transformado  hasta convertirse en un SUV medio al uso con una carrocería sensiblemente más alta –1.780 mm, por los 1.590 anteriores- y voluminosa, que enlaza con los gustos de  esa clientela que opta por los Hyundai Tucson, Kia Sportage, Opel Antara, Toyota Rav4 y Volkswagen Tiguan, entre otros.


De todos modos, y convencionalimos al margen, sigue tratándose de un automóvil exclusivo por poco visto -en Estados Unidos la marca causa furor-, bien hecho y mejor  presentado, resolutivo para uso cotidiano y convincente con el paso de los kilómetros.

Interior

Se trata de un vehículo de amplitud razonable, que puede acomodar bien a cinco pasajeros llegado el caso. El maletero, de 450 litros, es diáfano y aprovechable,  accesible por un amplio portón -carece de vidrio de apertura independiente- y con un plano de carga situado a una altura de 65 cm, alto pero razonable.


El puesto de conducción está conseguido -el volante, revestido de cuero de serie, es regulable en profundidad y en altura, lo que facilita mucho las cosas-. Además,  los principales mandos están bien situados y organizados. Todo al alcance de la mano. Ir sentado más altos permite además entrar y salir con mayor facilidad, y  mejora la visibilidad en tráfico angosto. Precisamente, la generosa superficie acristalada del coche, en parte por lo bajo de su cintura, otorga luminosidad al habitáculo -reforzada por la tonalidad clara de los guarnecidos y tapizados-, pero también mayor ángulo de visión para maniobrar.


La calidad de los materiales es correcta y aporta cierta vistosidad, pero en ningún caso iguala la opulencia de rivales como el Volkswagen Tiguan. Abunda el plástico rígido dentro de un diseño sencillo e incluso austero. A cambio, los asientos son adecuados y en la unidad Limited Plus que probamos suman tapizado de cuero, un  guiño al confort aderezado por otros como navegador, techo panorámico, control de estabilidad VSC, llave de acceso y arranque inteligente, faros de xenón, llantas de  aluminio, climatizador… Todo de serie a cambio de unos competitivos 34.150 euros, que sólo mejoran sus contendientes coreanos.


Hay que precisar que el Forester no sabe de grandes sofisticaciones, pues no contempla -ni en opción- elementos que reforzarían la seguridad como el asistente por cambio involuntario de carril, activación automática de frenado en conducción urbana, airbag de rodilla -sí lleva los de cortina-, Pre-Crash -como el el Honda CR-V,  el modelo más vendido de la categoría el año pasado en España-, activación automática de luces -que sí montan los Audi Q5 y Mercedes GLK-…

Comportamiento y Prestaciones

Sin duda, lo mejor del Forester es el motor: el aún flamante turbodiésel de cuatro cilindros bóxer -permite un centro de gravedad más bajo y un tamaño más compacto-  y 2 litros que libera 150 CV. Resulta muy progresivo y no penaliza en regímenes bajos. De hecho, no hay lagunas de potencia desde parado, gracias también a un par máximo de 350 Nm que asoma en el rango más bajo del cuentavueltas, lo que sorprende al tratarse de una mecánica de gasóleo y se agradece, especialmente, al  considerar que traslada en vacío 1.570 kg.


Es, de paso, silencioso -no suena ni vibra aún en marcha- y despliega brío, incluso cargados, lo que permite adelantar con cierta soltura y mantener cruceros elevados con la solvencia esperada. Desde cero alcanza los primeros 100 km/h en unos destacables 10,4 segundos, y logra una máxima de 186 km/h. Además, es austero: consume 6,3 litros a los 100 kilómetros en ciclo combinado. En suma, una pequeña joya de la que también disfrutan los Impreza, Legacy y Outback.


Como buen Subaru, añade tracción a las cuatro ruedas permanente. Sin embargo, no tiene la reductora de otros coches de la marca, lo que no le iría precisamente mal  tratándose, como es, de un aprendiz de 4×4. Tampoco sabe de controles de descenso -presente en los Tiguan, BMW X3, Antara o Land Rover Freelander2, todos rivales- o  bloqueos de diferencial, pero sí de un cambio manual de seis marchas convincente y bien adaptado, que permite sacar jugo a la mecánica sin necesidad de estrujar más de la cuenta.


En todo caso, lo suyo son las pistas sin grandes complicaciones, si bien sus generosos ángulos de trabajo camperos -ataque, ventral y salida-, junto al incremento de  la altura libre al suelo hasta 226 mm -205 en el anterior-, le permiten algún que otro envite al estilo de cruces de puentes o vadeos abordados con alegría.


Además, juega con unas suspensiones de tarado netamente blando que campo a través absorben bien las irregularidades. A cambio, ese tarado consiente acusados  balanceos al atacar curvas con vidilla, sobre todo del eje trasero, que no acompaña lo esperado para cerrar la trayectoria si vamos ligeritos. Y eso que la  arquitectura independiente -delantera y trasera- de la amortiguación asegura una pisada sana. Frenos y dirección actúan con corrección.


Así pues, el nuevo Forester brilla por motor, capacidad campera -siendo, como es, un todocamino ligero-, amplitud, facilidad de conducción y precio, atractivo por lo que equipa y las tarifas que exhiben sus rivales.

Destacable

-Amplitud y confort.
-Precio y equipamiento.
-Motor satisfactorio.

Mejorable

-Suspensión demasiado blanda en carretera.
-Sin reductora.
-Ausencia de controles 4×4.

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