Skoda Superb 2.0 TDI 170 CV DPF DSG

4 Mayo, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Navega entre las berlinas medias y las medio altas, ofrece la espaciosidad de un BMW Serie 7 largo, la calidad y las maneras de un VW Passat, y también su mecánica. El nuevo Superb no es perfecto, pero no anda lejos de serlo.

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Es evidente que los gustos son clave en la compra de un automóvil, y también la imagen de marca o la prestancia que ésta y otros factores transmiten. Pero desde una óptica objetiva pura hay pocos coches tan completos y redondos como el nuevo Superb, tope de gama en la firma checa del grupo Volkswagen. Si acaso, y en un escalón inferior, el último Octavia, otro Skoda que aglutina mucha lógica.


Por precio y medidas es capaz de rivalzar con modelos tan variopintos como los Audi A4 y A6, los BMW Serie 3 y Serie 5, el Mazda6, el Opel Insignia, el Toyota Avensis, el Volkswagen Passat o el Mercedes-Benz Clase E, por citar sólo algunos ejemplos. Y cuesta “sacarle punta”, porque brilla en casi todos los órdenes, y además a un nivel magnífico.

Algunos pensarán que un valor residual menor que el de modelos equiparables juega en su contra, pero lo cierto es que quien lo adquiera con la combinación probada de motor –2.0 TDI 170 CV- y cambio automático DSG se llevará un señor coche que atrapa cuanto más se usa.

Interior

La nueva generación Superb saltó a la arena comercial hace ahora un año a partir de la plataforma B6-PQ46-Q que también sirve de base a los Volkswagen Passat y Passat CC. Frente a su antecesor es más grande pero más bajo: longitud de 4.838 mm, anchura de 1.817 y altura de 1.462 mm -antes 4.803 mm por 1.765 y 1.469, en cada caso-.


Curiosamente la batalla es menor -2.761 mm frente a 2.803-, pero la habitabilidad es similar y el maletero, mucho mayor. Este parte de unos sensacionales 565 litros -antes 462- y llega a 1.670 abatiendo el respaldo trasero. Y es que una de sus peculiaridades es el portón: el coche parece de 3 volúmenes, pero en realidad es un hatchback camuflado de 2, pues su portón Twindoor es doble: abre sólo la portezuela de chapa o toda la pieza -vidrio incluído- según necesidades. Un acierto por versatilidad que hasta BMW acaba de adoptar en su ensayo Concept Serie 5 Gran Turismo. La rueda de repuesto, de medida normal, va situada bajo el plano de carga, que agrupa 6 anclajes.


Como decíamos, la habitabilidad es similar a la de su antecesor y, por cierto, fabulosa en la cota longitudinal, ni más ni menos que como la de un BMW 750Li oun Mercedes Clase S largo: un pasajero de 2 metros entra sin pega aunque se siente detrás de un conductor de esa misma talla. Ni que decir tiene, delante más de lo mismo, aunque ni un entorno ni otro son generosos en anchura. De hecho, la plaza central trasera es justa, y su fisonomía incómoda para viajar.


Acierto pleno es su calidad “made in Volkswagen”, tal cual la de un Passat y, por cierto, no lejana a la que exhiben los modelos de los aros. Ajustes sólidos, materiales refinados al tacto y la vista… Todo encaja, se maneja con precisión y se ordena con lógica intuitiva. En la versión mejor dotada Elegance 33.410 euros con el motor y el cambio probados no faltan dispositivos de última generación, como sistema de aparcamiento pilotado -visto en los Golf VI, Golf Plus y Touran, por ejemplo- por 340 euros, airbag de rodilla para conductor, navegación con disco duro y pantalla táctil -desde 1.350 euros-, bixenón direccional AFS -de serie- o climatizador de doble ambiente -también incluído-, además de asientos traseros y delanteros calefactados en opción. Curiosamente, de otros aparentemente más sencillos como el acceso y arranque inteligentes, nada de nada.

Comportamiento y Prestaciones

Las excelencias descritas para el Superb siguen en lo que toca a motor y dinámica. El primero pertenece, como el resto de la gama, al grupo V.A.G., de modo que la unidad que nos ocupa aplica el 2.0 TDI common rail de 170 CV y 350 Nm tan recurrente en el grupo alemán.

Impetuoso aunque falto de fuerza a bajas vueltas, le sienta de cine al Superb y supone poco más de 1.000 euros sobre la también recomendable -aunque menos rápida- versión de 140 CV y 320 Nm, también de 2 litros. No vibra ni suena en exceso -se aprecia bien insonorizado– y permite rápidos cruceros -0 a 100 km/h en 9 segundos y 220 km/h de máxima- con un consumo que, conforme a nuestra mediciones, orbita en torno a 7 litros cada 100 km –6,1 y 159 gr/km anuncia la marca-.


Combinado con el reputado cambio automático robotizado de doble embrague DSG, de 6 marchas y con levas de selección manual en el volante -recordemos que también ofrece una modalidad deportiva para apurar más las relaciones en posición automática pura-, permite una marcha solvente y confortable.

Precisamente, el Superb es un automóvil cómodo y sumamente estable. Es evidente que no se trata de un producto concebido para ir de carreras, pero sorprende la docilidad con la que se inscribe en las curvas -la dirección tiene una asistencia perfecta-, lo poco que balancea o lo bien que pisa. En esto hay que reconocer que el grupo V.A.G. sabe imprimir un sello inconfundible: da igual que llevemos un Audi S3 o un automóvil como el que nos ocupa, pues todos exhiben una facilidad de conducción proverbial sustentada en chasis efectivos -aquí con amortiguación independiente en los 2 ejes- y frenos tan potentes como dosificables.

Destacable

– Habitabilidad y maletero.
– Calidad de construcción.
– Rendimiento y consumo.

Mejorable

– Plaza central trasera estrecha.
– Acceso y arranque inteligente no son ni opcionales.
– Motor perezoso a bajo régimen.

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