Skoda Roomster 1.4 TDI 80 CV

31 Octubre, 2006, modificada el 24 Enero, 2011 por

La marca checa saca a la luz su cuarto modelo, el Roomster, un familiar compacto tan práctico como original

10

                                                                                                  



PRECIO: 17.690 €    
A favor                                                    En contra
Interior práctico y versátil                         Recuperaciones muy lentas
Tacto y comportamiento del cambio         Asientos tras. estrechos


Maletero muy amplio                                 Rumorosidad mecánica

Skoda siempre ha disfrutado de esa extraña habilidad de colocar sus vehículos en tierra de nadie. Esto es, apostar por un tamaño algo más generoso que el de sus rivales directos y sembrar la duda, incluso con los del segmento superior. Así fueron llegando los Fabia, Octavia o Superb. Ahora, la marca checa saca a la luz su cuarto modelo, el Roomster, un familiar compacto tan práctico como original. Tanto es así que al principio tuvimos algunas dudas para encontrarle enemigos directos. Y es que si nos fijamos en su tamaño, algo superior a los 4,20 metros, sus parejas de baile varían entre dos límites. Por naturaleza dispara, entre otros, al corazón del Nissan Note o del exitoso Opel Meriva, modelos algo más pequeños que el checo. Pero desde la propia marca el objetivo también contempla a otro superventas como el Renault Scénic, éste sí bastante más amplio.

  • Comportamiento



  • Interior y maletero



  • Consumo y mantenimiento



Comportamiento

Una vez analizado el interior, veamos cómo se mueve. La oferta mecánica en diésel ofrece tres posibilidades, dos variantes del tricilíndrico 1.4 TDI de 70 y 80 CV y un 1.9 TDI de 105 CV. En nuestro caso hemos apostado por el término medio. Los 80 CV de este brillante propulsor, dotado de inyección directa con sistema bomba-inyector, mueven con cierta soltura un conjunto que alcanza los 1.240 kilos. Al menos, con el vehículo lanzado. Más «sudores» le entran a la hora de realizar un adelantamiento si vamos cargados, donde se hace necesaria tomar cierta «carrerilla» (recordar que son sólo 80 CV). Las recuperaciones tampoco son demasiado brillantes y buena parte de culpa la tiene que el valor de par máximo lo ofrece a un elevado número de vueltas (2.200 rpm). Por eso cede ante rivales como el Note 1.5 dCi o el Meriva 1.3 CDTi, aunque con respecto a este último sí se muestra más ágil a la hora de adelantar. La razón: cuando el Roomster alcanza los 80 km/h, su régimen de giro se sitúa en 2.400 revoluciones por minuto, respirando ya, por tanto, a pleno pulmón.

Interior y maletero

Si en el tamaño es muy personal, no digamos nada de su diseño. Presume de una habitabilidad y una modularidad de primer orden, pero sus rasgos físicos mezclan varios estilos. Básicamente desea ser un monovolumen, pero también podría pasar por un familiar o, incluso, por un derivado industrial. El Roomster es un vehículo nuevo, pero si se hurga encontramos ADN ya conocido en su plataforma modular. Así, el eje delantero se toma del Fabia, mientras que el trasero es de la primera generación del Octavia (éste es el motivo de la gran diferencia existente en sus anchos de vías). Nuevo es el tramo central, que estira todo lo que puede la distancia entre ejes hasta ajustarla en 2,617 metros, o lo que es lo mismo, casi cuatro centímetros más que la de un Octavia familiar. Esos números dan una idea de la gran habitabilidad del Roomster, sobre todo en el espacio disponible para las piernas en las plazas traseras. Pero vayamos por orden. Delante no aporta nada novedoso, pero al puesto de conducción pocas pegas se le pueden poner. La situación de los mandos y el tacto general son correctos y existen huecos suficientes para dejar todo tipo de objetos, incluida una doble guantera. Los más críticos quizás levanten la voz en algunos aspectos, como la falta de un reloj con la temperatura del líquido refrigerante o la visibilidad lateral, recortada por la forma y los embellecedores opacos de los cristales.


 Detrás no encontraremos la holgura de un Scénic o la modularidad de un Meriva. El Roomster también apuesta por tres butacas individuales, pero en caso de viajar con el cartel de aforo completo mejor evitar la central, extremadamente estrecha (30,5 centímetros, o lo que es lo mismo, 15 menos que las exteriores). Todas cuentan con respaldos que se pueden ajustar 13,5º en inclinación, pero sólo las exteriores se pueden mover de forma longitudinal. El sistema VarioFlex permite configurar una confortable variante cuatro plazas, pero la maniobra no es tan «limpia» como el ingenioso FlexSpace del Meriva. En el Opel la plaza central se camufla en el suelo. En el Roomster, la operación pasa por extraer ese asiento (pesa 11 kilos). Luego las laterales se pueden mover 11 centímetros hacia el interior, para disfrutar de unas cotas de confort dignas de un vehículo de un segmento superior. La segunda fila de asientos se encuentra 46 mm más alta que los delanteros (efecto cine). Eso, unido al amplio techo de cristal panorámico (opción), confiere al interior una visibilidad y luminosidad dignas de elogio. Por supuesto, si el sol castiga, el techo dispone de unas cortinillas enrollables protectoras.

¿Y qué decir del maletero?. Pues que se trata de otro de los atractivos del Roomster. Amplio y diáfano, cuenta con un piso de carga de 74,5 centímetros de fondo por 100,5 de ancho. La capacidad mínima es de 450 litros, pasa por 530 con los asientos en su posición más adelantada y puede llegar hasta los 1.780 al extraer las tres butacas, suficientes para realizar una minimudanza. Además, la rueda de repuesto es de tamaño normal, algo de agradecer y situación cada vez más complicada de ver.

 

Consumo y mantenimiento

Para entonces, ya habremos comprobado que la suavidad y rumorosidad de este propulsor se encuentran un escalón por debajo de la tecnología «common rail». Maravilloso nos ha parecido el tacto y la precisión del cambio, notable para la dirección, buena «traductora» de lo que pasa sobre el terreno, y un aparte para los frenos. Si analizamos las distancias registradas, aprueba sin problemas. El vehículo no descompone su figura, pero en una frenada de emergencia a alta velocidad el pedal del freno de nuestra unidad no ejercía demasiada resistencia. Dinámicamente, el Roomster se muestra muy sólido, favorecido por
su generosa distancia entre ejes. En tramos sinuosos cumple sin sorpresas, debido a unos tarados de suspensión muy neutros y a la amplia cota de su vía trasera, que ayuda adulcificar la zaga e incluso limita los balanceos de la carrocería.


Como buen TDI, los consumos no se disparan (recordar que se trata de un tres
cilindros). Los 4,5 litros registrados en carretera o los 6,5 en autopista a velocidad constante le permite superar los 1.000 kilómetros de autonomía. Eso sí, al repostar debemos desbloquear el tapón del depósito con la llave, solución ya algo arcaica. Por último, el equipamiento de serie con el acabado Family que nos ocupa es correcto por los 17.690 euros que hay que desembolsar. En resumen, el Roomster no es un monovolumen al uso, aunque se apunta a esa línea por habitabilidad y modularidad. Es una alternativa original y eso siempre se agradece.

Suscríbete a nuestro boletín

Al suscribirse aceptas las condiciones del Aviso legal y la Política de privacidad de Autocasion.com

Ir arriba