Skoda Octavia RS TDI 170cv

22 Noviembre, 2006, modificada el 24 Enero, 2011 por

Rápido, austero y muy práctico, se presenta como una de las mejores alternativas para quien persiga un automóvil capaz y de alto rendimiento, y que por supuesto no penalice el bolsillo a cada paso.

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Hace unos meses -véase número 334- llevamos a cabo una interesante comparativa entre el Seat Altea FR, impulsado por la nueva motorización de gasóleo 2.0 TDI de 170 CV equipada con alimentación directa por bomba-inyector e inyectores piezoeléctricos, y el Skoda más potente de todos los tiempos: el Octavia RS, con mecánica de gasolina 2.0 TFSI de cuatro cilindros y 200 CV, que luce inyección directa y turbo. Como síntesis, nos hubiese gustado un cruce de ambos. Dicho en otras palabras: un Octavia que disfrutase de la carta de presentación de aquél -chasis más firme con llantas de 17 pulgadas y frenos potenciados, «maquillaje» exterior e interior de lo más dinámico…- con el motor del Altea FR. Pues bien, nuestros deseos se han hecho realidad y han tomado cuerpo en el modelo que protagoniza estas páginas: el Octavia RS TDI.


Lo Mejor                                                       Lo Peor
Comportamiento muy efectivo                         Mecánica áspera y rumorosa
Confort                                                           Dirección un poco lenta y pesada.
Frenos                                                            Puertas traseras algo aparatosas
Habitáculo amplio y bien acabado                   Sin opción de cambio robotizado DSG
Maletero
Rendimiento y consumo de primera
Equipamiento de serie bastante completo



EMPUJE Y AHORRO
Antes de nada, y para refrescar la memoria, diremos que el propulsor 2.0 TFSI es una auténtica maravilla. Rápido como pocos -es el mismo que en el Volkswagen Golf GTI-, resulta tan elástico como el chicle, lo que permite contar siempre con suficiente reprís sea cual sea la marcha engranada. Sin embargo, y pese a no ser especialmente sedienta, es una mecánica sensible al estilo de conducción. Y como pide «guerra», pasar de los 8,52 l/100 km que registramos de media real termina siendo demasiado fácil. Justo aquí entra en juego este RS TDI, puesto que a sus mandos rara vez pasaremos de 10 l/100 km -unos 13 en conducción «alegre» con el RS de gasolina-.


Bien al contrario, los 6,24 l/100km que refleja el cuadro de mediciones se corresponden con una conducción cotidiana y relajada. Y, sin duda, es una cifra de primera, porque el RS TDI que tienen ante ustedes, y que por cierto arroja 1.500 kilos en báscula -que no es poco-, despacha el paso de 80 a 120 km/h con la cuarta velocidad engranada -como en un rápido adelantamiento- en sólo seis segundos -7,8 en quinta y 10,7 en sexta-. Es decir, el RS 2.0 TFSI -5,6, 7,3 y 9,1 segundos de 80 a 120 km/h en cuarta, quinta y sexta marchas- puede tacharse de berlina deportiva sin exageraciones, pero este TDI no le va precisamente a la zaga.


Dicho esto, también hay que precisar que el RS de gasóleo da menos juego para soltar adrenalina. Por ejemplo, ofrece lo mejor de sí hasta 4.200 rpm, frente a las casi 7.000 a las que puede llegar su «alter ego», y como buen TDI exhibe una aspereza y una rumorosidad general -además de una sonoridad en frío- que casan mal con su rabiosa filosofía. También el tacto y el movimiento del cambio, que con todo se aprecia preciso, se nota más lento y pesado, mientras que la dirección acusa los kilos extra que soporta el eje delantero.


De cualquier forma, son aspectos a los que uno termina acostumbrándose en poco tiempo, y que sólo aflorarían ante la eventualidad de un enfrentamiento directo. El resto del coche renueva las virtudes de aquél. Hablamos, sin ir más lejos, de una calidad de terminación que poco ha de envidiar a la de un Volkswagen, de un habitáculo amplio y bien concebido, o de un maletero sensacional: arranca en 560 litros. Pero también de una sincronización -pedales, cambio, dirección…- que nos hará sentir como si lo hubiésemos conducido durante años -también ayudan los asientos, firmes y envolventes, y una posición de conducción próxima al Sobresaliente-, o de una dinámica que gusta y convence.


FIRME Y CÓMODO
Sobre ésta, el Octavia que nos ocupa sorprende favorablemente porque a pesar de contar con un tren de rodaje más firme, ideado para sujetarlo cuando abordamos tramos de curvas a elevada velocidad, no resulta seco o rebotón. Es más, en esto supera a su «hermano» de gasolina, un poco blando para el potencial extra que esconde bajo el capó.



Como por otra parte su tren delantero es incisivo -aunque el generoso par máximo se le atragante abriendo gas en virajes muy cerrados- y obediente a las indicaciones de la dirección, y los frenos tan potentes como resistentes, el coche se lleva «con un dedo», incluso rápido. Es más, para evitar males mayores no falta el correspondiente programa de estabilidad ESP, bien calibrado y desconectable para quien guste de reacciones aún más trepidantes.

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