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Seat Ibiza Sportcoupé 1.6 105 CV DSG

30 Diciembre, 2008, modificada el 9 Febrero, 2011 por

El primero con la nueva plataforma VAG para vehículos de segmento B. Con motor 1.6 puede llevar DSG.

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La cuarta generación del Seat más célebre de todos los tiempos vió luz en el pasado Salón del Automóvil de Ginebra. Inspirado en el paladar del prototipo Seat Tribu, el Ibiza es el primer modelo en estrenar la nueva plataforma diseñada por el Grupo Volkswagen para vehículos de segmento B. Más adelante harán lo propio el futuro VW Polo V, el Skôda Fabia III y el inédito Audi A1.


Con este colchón, notables cualidades dinámicas y las credenciales que supone acoplar por primera vez la transmisión automática DSG a un utilitario, el otrora superventas se sitúa en una posición destacada frente a sus competidores –Peugeot 207, Renault Clio, Fiat Grande Punto o Ford Fiesta– en pugna por el cetro comercial.

Interior

El nuevo Seat Ibiza es 4 cm más grande que el modelo que le precede. Hablamos de la versión Sportcoupé de 3 puertas que tuvimos ocasión de disfrutar y que ahora crece hasta los 4.034 mm. Curiosamente, no es el habitáculo el gran beneficiado, sino el maletero el que aumenta su capacidad en 17 litros hasta cubicar un total de 284. Relativamente grande dentro del segmento y con una boca de carga que favorece su aprovechamiento.


El interior mejora en cuanto a calidad percibida y nivel de acabado: se aprecia enjuto y en líneas generales bien ensamblado. Mejorables son por ejemplo los ajustes del techo interior a la altura del parabrisas. La calidad de los materiales es correcta, sin más. Tuvimos ocasión de probar la versión Sport que se sirve con volante grueso de tres radios -ajustable en extensión y altura- y palanca de cambio forrados de cuero. Destaca la accesibilidad de los elementos del cuadro: cada cosa está en su sitio y no faltan varios espacios portaobjetos. Sin embargo, la guantera es pequeña y no está iluminada. Este aspecto es uno de los lunares del habitáculo del Ibiza, ya que la iluminación es escasa en las plazas delanteras e inexistente en las traseras.


Otros puntos negativos son el funcionamiento del equipo de audio -incluye puerto USB compatible con Ipod y conexión Bluetooth manejable a través de los mandos situados en la columna de dirección-, farragoso, o la ubicación del apoyabrazos central, presente en nuestra unidad y con un coste de 100 euros: hasta plegado entrorpece al cambiar de marcha en modo secuencial.


La posición de condución es excelente, unos 20 mm más baja respecto al Ibiza anterior, lo que se traduce en mayor sensación de deportividad. Una reminiscencia de su hermano mayor, el León. La sujeción de las butacas es adecuada, si bien es cierto que en este punto echamos en falta unos asientos de trazas algo más deportivas. Por lo demás, las plazas traseras admiten dos adultos sin grandes pegas -no gana gana mayor espacio para las piernas sobre lo visto en la anterior generación-. No convencen sin embargo los reposacabezas, con un único punto de anclaje: queda demasiado baja para personas de estatura media, con la consiguiente merma de seguridad en caso de colisión o alcance.


Como en todos los Ibiza 2008, esta versión equipa de serie control de estabilidad ESP y testigo de pérdida de presión en los neumáticos. También sistemas de seguridad activa y pasiva como control electrónico de tracción TCS, sistema anti-retroceso en pendiente Hill Hold y faros antiniebla con función estática direccional. Los sensores de lluvia y parking -acústico trasero- se agrupan en el llamado Paquete Técnico, que supone 345 euros.


En la parcela de confort apareja control de velocidad además de elevalunas eléctricos y cierre centralizado con mando remoto. Por 400 euros añade llantas de aleación de 17 pulgadas, por 345 climatizador unizonal, por 640 techo eléctrico panorámico de cristal, y por 50 fijación -en la zona central del tablero- para navegadores portátiles tipo Tom-Tom. Ojo. La unidad que probamos carecía de sensor de luz o faros bi-xenón -665 euros con función direccional AFS-, disponibles en el menú de opciones.

Comportamiento y Prestaciones

El Ibiza 1.6 analizado monta un bloque tetracilíndrico de 16 válvulas e inyección indirecta multipunto. Ofrece una potencia de 105 CV y un par máximo de 153 Nm a 3.800 rpm. En este caso, el conjunto motopropulsor se asociaba a la conocida transmisión automática de doble embrague DSG del Grupo Volkswagen, que otorga mayor aceleración -alcanza los 100 km/h en 10,1 segundos saliendo desde 0-, y por encima de todo un gran confort de marcha. Comprobamos así que el modelo de la marca española es ideal para cubrir con solvencia necesidades de movilidad, sobre todo urbana.


Sin renunciar a su tradicional espíritu deportivo, el Ibiza SC se muestra fresco y jovial, muy apropiado para desplazarse por ciudad gracias a la comodidad que garantiza el cambio automático de 7 velocidades. A priori la séptima marcha permite ajustar el consumo hasta 6,7 litros a los 100 km en ciclo mixto, según cifras oficiales. En la práctica no nos resultó tan comedido; más bien en el entorno de los 7,5 litros, que no está mal pero que a nuestro juicio podría mejorarse.


Y eso que, sin dejar de reconocer las virtudes de un cambio cuyas prestaciones se sitúan por encima de la mayoría de automáticos equivalentes, en el Ibiza el DSG no se muestra tan excepcional como acostumbra. Tiende por defecto a manejarse en marchas largas. Esto supone que si se usa con brio el pedal derecho para realizar adelantamientos o maniobras urbanas comprometidas se acaba incrementando el gasto. Ahí la transmisión, algo más lenta que otros DSG probados, reduce una o dos velocidades y apura todo el rango de revoluciones del motor, hasta acariciar el corte de inyección -cambia al límite-. En ese tramo el motor acentúa su rumorosidad de forma apreciable.


Por lo demás, la sustancial mejora del actualizado Chasis Ágil enfátiza una dinámica de conducción en la que todos los elementos interactúan con suficiencia. La suspensión de la versión Sport que nos ocupa es lo suficentemente firme para remarcar la pisada sin comprometer el confort. El coche agarra bien y no sabe de acusados balanceos, aspecto al que contribuyen sus escasos 1.428 mm de altura. A todo ello, los amortiguadores de este acabado son un 25% más rígidos que en la versión Confort.


La dirección, eléctrica, es correcta y recuerda a la de modelos más prestacionales del Grupo alemán. Está asistida en su justa medida y se endurece a medida que se incrementa la velocidad para lograr una respuesta más fiel. Los frenos, por el contrario, nos han parecido simplemente correctos: el pedal está algo duro y parece que en ciertos momentos cueste retener el coche con precisión. Por cierto, aporta sistema antibloqueo ABS y servofrenado de emergencia.


Fiel a sus propósitos este 1.6 litros de 105 CV cumple en todo aquello que se espera. Se desenvuelve con soltura en la urbe y su respuesta es predecible. Agil, dinámico, alegre a la vista… Sus consumos son ajustados si practica una conducción sosegada, y el DSG eleva el confort a cotas hasta ahora desconocidas dentro del segmento B. Ahora bien, los 1.300 euros que implica determinan una factura que ronda 17.000. No son pocos, pero creemos que los vale.

Destacable

– Utilitario con cambio DSG.
– Confort de marcha.
– Mejoras prestacionales.

Mejorable

– Compromete el consumo.
– Rumorosidad del motor.
– Frenos mejorables.

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