Saab 9-5 2.3t BioPower Wagon

31 Agosto, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Apenas hay estaciones de servicio que comercialicen etanol, pero Saab ya ofrece a sus clientes los 9-5 BioPower, capaces de funcionar con gasolina –como siempre– pero también con E85, un nuevo carburante ecológico.

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Apenas hay estaciones de servicio que comercialicen etanol, pero Saab ya ofrece a sus clientes los 9-5 BioPower, capaces de funcionar con gasolina –como siempre– pero también con E85, un nuevo carburante ecológico, derivado de productos agrícolas, que incrementa de forma soprendente las prestaciones del coche sueco. Aunque, por desgracia, el consumo crece en proporción.


Leyendo la entradilla, muchos se preguntarán, con razón, qué hay de ecológico en un vehículo que al usar un moderno carburante –el E85 lleva un 85 por ciento de alcoholes vegetales y sólo un 15 de gasolina– corre más pero también consume más. Porque la propia Saab afirma que el gasto medio se eleva un 30 por ciento si repostamos E85, combustible que en Suecia cuesta un 25 por ciento menos que la gasolina y que en España, a día de hoy, sólo vende en tres estaciones de servicio.

Es un dato, el del consumo, que nosotros hemos corroborado, aunque a lo largo de nuestra prueba la diferencia rondó el 22 por ciento: 10,6 l/100 km de media usando gasolina de 95 octanos –la recomendada, aunque se puede emplear de 98– y 12,9 l/100 km al utilizar E85, que hoy se puede conseguir en Madrid, Vitoria y pocos sitios más. Ese mayor gasto no es constante, pues en ciudad y a ritmos «vivos» sale más perjudicado el E85, mientras que a velocidad sostenida la «sed» del motor con uno y otro carburante es más parecida.

Lo ecológico del asunto radica en la procedencia de ambos líquidos, pues si la gasolina proviene del petróleo –se agotará en unos 80 años–, el etanol es un alcohol obtenido a partir de cereales, maíz, colza o remolacha, cultivos casi infinitos… salvo que los topillos se empeñen en lo contrario. Y no es que la combustión del etanol y sus derivados –como el E85– no contamine, sino que las emisiones de dióxido de carbono generadas por los vehículos que lo usen están compensadas con la cantidad de ese gas eliminado de la atmósfera al crecer los cultivos.

Y ahí está la ventaja frente al petróleo, que se quema y emite un CO2 no compensado de modo alguno. Es decir, que usando E85 evitaríamos, a la larga, un 80 por ciento de dióxido de carbono en el aire que respiramos. Y eso, francamente ¡¡es maravilloso!! Tanto que seríamos capaces de pasar por alto algún «detalle», como la reducción de la autonomía en viajes –por fortuna, el 9-5 tiene un depósito de 75 litros–, un cierto olor a «freiduría» detectable a los pocos minutos de arrancar –como si en el maletero llevásemos unas garrafas de aceite de girasol– o la mayor frecuencia de mantenimiento –cambios de aceite y filtro cada 15.000 kilómetros, en lugar de los 30.000 km establecidos para el resto de la gama–.

Y del precio del maíz, del trigo y de la leche no hablaremos esta vez, pero los expertos temen que la creciente demanda de biocombustibles repercuta en los precios de alimentos de primera necesidad –en México o Brasil ya saben algo de esto–. Centrándonos en el 9-5 que nos ocupa, Saab sólo nos pide 1.000 euros más por un 2.3t BioPower que por un 2.3t «normal», cifra que parece razonable, pues hasta la extensión del E85 por nuestra geografía podremos usar gasolina.

Además, el coche no «obliga» a decantarse por uno u otro carburante para siempre, pues sólo hay un depósito y podemos repostar lo que queramos y cuando queramos, ya que la mecánica se adapta a la mezcla que llevemos en el tanque. Si en el depósito hay gasolina «pura», tendremos bajo el pie 185 CV y si llevamos sólo E85, la potencia será de 210 CV. Pero, lógicamente, si aún nos quedan 30 litros de gasolina y rellenamos con E85, el motor –un cuatro cilindros con 2,3 litros, turbo e intercooler– rendirá entre 185 y 210 CV.

El 9-5 2.3t es un coche rápido y agradable de por sí, pues los 185 CV mueven bien una carrocería que es ligera incluso en esta variante Wagon, de notable capacidad interior. Ahí están, por ejemplo, los 9,1 segundos empleados en acelerar de 0 a 100 km/h, o los 8,3 que requiere para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta –el cambio tiene sólo cinco marchas–. Pero si repostamos E85, el propulsor se transforma –como el Doctor Jekyll, en Mister Hyde–, lo que se hace patente hasta en la sonoridad: al ralentí se deja oír menos, pero a velocidades medias y altas se generan más decibelios, aunque nunca resulta molesto.

En cuanto a prestaciones, si Saab habla de 35 caballos extra y un 15 por ciento más de par, nosotros hemos podido comprobar que el E85 hace «volar» al 9-5. Por ejemplo, para alcanzar 100 km/h desde parado tarda un segundo menos y para recuperar de 80 a 120 km/h en cuarta ahorramos un segundo y medio. Pero es al usar quinta cuando el carburante a base de etanol se manifiesta como una pócima mágica, pues de 80 a 120 km/h sólo empleamos 10,1 segundos, frente a los 14,7 requeridos con gasolina.

Y esa diferencia, trasladada a una maniobra de adelantamiento, es decisiva si la traducimos a metros: 282 con E85 y 404 metros con gasolina. Del resto de capítulos, señalar que el 9-5 cumple perfectamente por amplitud, confort y seguridad general, sobre todo si montamos la suspensión deportiva, que reduce el balanceo del coche. Si acaso, podríamos achacar al modelo sueco una excesiva veteranía interior, tanto por diseño como por un equipo de serie sólo correcto, incluso en este acabado superior Vector.

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