Renault Mégane Sport dCi

14 Agosto, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

El Mégane recibe la mecánica 2.0 dCi de 175 CV, combinada con una imagen radicalmente deportiva y con un comportamiento de primera

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Marcas como Seat, Volkswagen, Audi, Toyota o BMW se adelantaron a la hora de ofrecer un motor diésel «de campanillas» bajo el capó de un modelo compacto. Pero la respuesta de Renault no se ha hecho esperar y el Mégane recibe la mecánica 2.0 dCi de 175 CV, combinada con una imagen radicalmente deportiva y con un comportamiento de primera. El «cóctel», eso sí, no tiene en la factura su mejor virtud.


Durante mucho tiempo, la gama del actual Mégane tuvo su «tope» diésel en una versión 1.9 dCi de 120 CV, que caló entre el público pero que empezó a parecer «insuficiente» frente a los compactos animados por gasóleo que iban llegando con potencias en torno a los 150 CV: las anteriores generaciones del Seat León y del VW Golf, el BMW 320td… Renault reaccionó elevando la potencia de su mecánica 1.9 turbodiésel hasta los 130 CV y equipando al Mégane con el nuevo 2.0 dCi –desarrollado en colaboración con Nissan– en versión de 150 CV.

En ambos casos, el resultado es excelente, pues el modelo francés, tanto con 130 como con 150 CV, puede satisfacer las necesidades de casi todos los clientes; pero la competencia no paraba de rearmarse y el listón volvía a situarse más arriba: León FR TDI con 170 CV, Golf GT y Audi A3 dotados de ese mismo motor, BMW 120d –primero con 163 CV y ahora con 177– o, desde hace poco, Toyota Auris 2.2 D-4D de 177 CV. Además, en noviembre llega el BMW 123d de 204 CV. O sea, que muchos usuarios acudirán ya a los concesionarios demandando enormes cifras de potencia en motores diésel. El Mégane, líder de ventas en nuestro país, satisface desde ahora también a ese sector del público gracias a la variante dCi fabricada por Renault Sport, y que comparte con su hermano de gasolina –motor turbo de 225 CV– prácticamente todo, incluida una imagen inusualmente «racing» en coches diésel.

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Consumo y mantenimiento



Comportamiento

Puede que la respuesta a bajo régimen no sea apabullante –hasta las 2.000 vueltas, cuando llega el par máximo, el empuje es tenue–, pero el motor tiene otras muchas virtudes, como una gran suavidad –ni vibra ni suena– o un margen de utilización bastante amplio, entre 2.000 y 5.000 rpm, ya que el corte de inyección se produce a 5.200 vueltas, cota infrecuente en el mundo diésel. Alta potencia –175 CV a sólo 3.750 rpm–, mucho par –36,7 mkg–, peso contenido y cambio de desarrollos bien elegidos son ingredientes que aseguran un estupendo nivel de prestaciones.


Este Mégane Renault Sport no es más rápido que sus rivales, de acuerdo, pero tampoco es más lento, pues le hemos medido un paso de 0 a 100 km/h en menos de 9 segundos y responde con prontitud en maniobras de adelantamiento, ya que recupera de 80 a 120 km/h en 6,4 segundos usando cuarta –muy buen registro–, 7,6 en quinta –buenísimo– y 10,3 en sexta –bastante bueno–.

prestaciones

Así, paragolpes, doble salida de escape o llantas son idénticos y se ha prescindido sólo del alerón trasero. Ese aspecto deportivo se extiende al interior, que tiene asientos de más sujeción tapizados en cuero, volante también en cuero y con pespunte rojo en su parte alta y pedales de aluminio. Todo, sin perder el alto nivel funcional de cualquier otro Renault Mégane, pues hay muchos huecos donde colocar cosas y también se ofrece la carrocería de cinco puertas –500 euros más cara–.


Como es lógico, Renault Sport no podía firmar sólo un trabajo «cosmético » y este nuevo Mégane con motor dCi de 175 CV presume también de una puesta a punto deportiva, a la medida del reparto de pesos específico que apareja una mecánica diésel. Delante, la barra antibalanceo de la suspensión es de 20 milímetros y tanto muelles como amortiguadores cuentan con tarados exclusivos. El resultado de todo ello es un comportamiento eficaz, sano y predecible, con un compromiso entre deportividad y confort que enamora, incluso si el firme se deteriora.


Y si el usuario busca una mayor radicalidad puede pagar los 750 euros que cuesta el chasis Cup –nuestra unidad no lo equipaba–, con amortiguadores específicos y muelles un 37 por ciento más firmes, lo que debe reducir todavía más la inclinación en curva, aunque a costa, muy probablemente, de perder un poco de comodidad. Renault Sport también lo da todo en materia de frenos, capítulo en el que otros Mégane destacan y donde nuestro protagonista lo borda. Porque circulando a 120 km/h sólo necesita 51 metros hasta detenerse –la media en el segmento es 56– y la resistencia ante los tratos intensos también cumple con nota.


La razón hay que buscarla en unos enormes discos de 312 milímetros delante –ventilados– y de 300 detrás. Eso es más de lo que encontramos en cualquier otro compacto diésel, pues el BMW 120d los lleva de 300 mm en ambos ejes y el Golf GT tiene unos de 312 delante, pero de «sólo» 286 mm detrás. La dirección, con asistencia eléctrica, nos ha gustado menos, a pesar de que ha mejorado mucho respecto a los primeros Mégane, que exigían pequeñas correcciones en curvas de radio muy amplio. Agrada que sea rápida –2,74 vueltas entre topes– y suave a baja velocidad, pero afrontando a buen ritmo un tramo de montaña no tiene un tacto muy deportivo.


Ocurre algo parecido con el cambio, rápido y de recorridos relativamente cortos, pero con un tacto ideal para un Mégane Grand Tour diésel de 105 CV, aunque no tanto para un Mégane Renault Sport de 175 CV. Es una cuestión subjetiva, pero el guiado entre marcha y marcha debería parecer más «consistente». Lo que no podemos criticar es la elección de los desarrollos del cambio, sin saltos excesivos entre cada relación y una sexta de 50 km/h por cada 1.000 revoluciones por minuto, muy utilizable en carretera. Es una transmisión que se lleva bien con el 2.0 dCi de 175 CV, un moderno propulsor de cuatro cilindros con inyección «common rail» de última generación –1.600 bares e inyectores piezoeléctricos–, que se ayuda del turbo variable, el intercooler y la culata de 16 válvulas para ofrecer uno de los rendimientos más altos del mercado: 87,7 CV por litro de cilindrada.

Consumo y mantenimiento

El contrapunto es un consumo que aumenta más de la cuenta, pues los neumáticos anchos y una aerodinámica poco favorable –Cx de 0,35– llevan la media oficial a 6,5 l/100 km. Y, lo que es peor, el promedio real en la prueba ha sido de 8,7 litros, casi un litro y medio por encima de lo gastado por el Mégane dCi de 150 CV, versión más lógica que esta pero, por supuesto, sin tanto «gancho».

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