Probamos a fondo el Renault Mégane 1.9 diésel

16 Junio, 2011, modificada el 22 Junio, 2011 por

El modelo más vendido de la firma del rombo es siempre una interesante opción por su equilibrio, precio razonable y buen equipamiento. Este 1.9 dCi de 130 CV convence pero no enamora.

No valorado

Destacable

  • Facilidad de conducción.
  • Tarjeta de arranque.
  • Asientos delanteros.

Mejorable

  • Tacto de la dirección.
  • Manejo del cambio.
  • Espacio plazas traseras.

Puestos a buscar detalles a mejorar en el Mégane, pocos, muy pocos son aquellos en los que Renault debería intervenir. En su versión de carrocería de cinco puertas, la relación entre precio y equipamiento es favorable, en marcha ofrece comodidad y un buen tacto de conducción, unos elevados niveles de seguridad y una calidad y unos ajustes interiores más que correctos.

La versión probada es una edición limitada, denominada Bose Edition, equipada con el motor turbodiésel 1.9 dCi de 131 CV, que ofrece prestaciones y unos consumos más que interesantes, por un precio de 22.100 euros. Cantidad que incluye un equipamiento donde prácticamente no se echa nada en falta. La denominación responde al magnífico equipo de audio Bose que incorpora de serie. En cuanto al navegador Carminat TomTom Live, este es uno de los pocos extras que monta esta unidad, a un precio de 500 euros.

Imagen discreta

Estéticamente la actual generación del Mégane no impacta tanto como la anterior, algo que no debe verse como un defecto. Renault no ha querido arriesgar en esta ocasión y ha conseguido una carrocería ampliamente aceptada cuya zona más elaborada -y vistosa- es la parte trasera. Aquí la forma y el tamaño de los pilotos así como lo tendido que se encuentra la luneta son los detalles más característicos.

Dentro el panorama es similar. El diseño no enamora pero la calidad visual de los elementos es buena, lo mismo que su ajuste. Los plásticos más visibles cuentan con una goma blanda muy agradable al tacto. No ocurre lo mismo con otros ubicados en zonas más escondidas, demasiado duros y de apariencia algo endeble.

Cabe destacar lo espacioso de la parte delantera, donde es fácil viajar cómodo, sobre todo gracias a unos asientos, tapizados en tela y símil cuero, que sujetan perfectamente el cuerpo. Los reposacabezas pueden regularse de tal manera que puedan ir lo más cerca posible de la cabeza.

Una vez al volante, la mayoría de los mandos se encuentran muy a mano. El conductor cuenta con un mando en la columna de la dirección con el que, una vez aprendido su funcionamiento, puede manejar el teléfono y el audio sin dejar de prestar atención a la carretera. Otro dispositivo muy útil es el mando de control que hay detrás de la palanca de cambio -con botones tipo iDrive de BMW-, con el que se maneja el navegador.

En las plazas traseras no se viaja tan cómodo como delante. El ancho está un poco limitado para que vayan tres personas adultas y el espacio para las piernas resulta justo. La tercera plaza central, como ocurre en muchos coches, no convence por su dureza y cuenta con un túnel central voluminoso que impide un cómodo apoyo de los pies.
Para dejar objetos menudos, el Mégane cuenta con muchos huecos distribuidos por todo el habitáculo. Pero los de la consola central carecen del tamaño suficiente como para llevar todas las cosas del bolsillo. El maletero cumple perfectamente con su cometido tanto por su capacidad  –405 litros– como por lo aprovechable de sus formas.

Arranque con tarjeta

Uno de los puntos que más me ha gustado de este Mégane es la tarjeta de arranque. Cuenta con un tamaño adecuado y funciona a la perfección. El sistema, al detectar la tarjeta en el momento de acercarnos al coche, desbloquea las puertas y permite arrancar con tan sólo apretar un botón sin necesidad de introducir la tarjeta en ningún sitio. Al abandonar el vehículo, el sistema reconoce el alejamiento de la tarjeta y procede a bloquear las puertas. Dicha tarjeta dispone de unos botones que sirven igualmente para abrir o cerrar el vehículo.

Una vez arrancado el motor, se visualiza una instrumentación que combina una aguja para el cuentarrevoluciones y unos indicadores digitales para la velocidad y los niveles de combustible y refrigerante. Si ser un desecho de diseño, la instrumentación cumple con su cometido. En los días soleados puede llegar a ser una molestia los brillos que se reflejan en la instrumentación.

Fiel compañero

Me pongo en marcha una vez soltado el freno de asistencia, que actúa por medio de una tecla. El sonido del motor no resulta excesivamente incómodo. Introduzco la primera y salgo suavemente. Subo de marchas y lo primero que me doy cuenta es del gran empuje del motor en marchas largas, tanto que es posible ir en sexta a 60 km/h acariciando levemente el acelerador. Una maravilla a la hora de olvidarse de estar constantemente accionando la palanca de cambios y para reducir al máximo el consumo de combustible.

Dejo atrás la ciudad no sin antes comprobar la buena maniobrabilidad del Mégane entre el tráfico urbano. La visibilidad es buena desde todos los ángulos excepto hacia  atrás, dada la forma y el tamaño de la luneta. En carretera prácticamente no se percibe ruido mecánico alguno. La dirección ha mejorado respecto a la anterior generación del Mégane ya que ahora, sin ser un dechado de virtudes, ofrece más precisión y un mejor guiado. Al cambio le ocurre lo mismo, las marchas entran con soltura aunque sigue sin gustarme el tacto de la palanca y su amplio recorrido.

La estabilidad y los frenos, más que correctos. Renault apuesta por un eje trasero semi independiente, en vez del multibrazo de la mayoría de sus rivales, muy bien tarado y ajustado con las ruedas delanteras. En curva el comportamiento es prácticamente intachable. Los balanceos son inexistentes y, gracias a un buen compromiso entre dureza y comodidad, no hay bache que suponga una gran molestia para los ocupantes.

El veterano motor 1.9 dCi de 130 CV recibe una serie de mejoras -nueva geometría variable en el turbo e inyectores con mayor número de orificios- para hacerlo más elástico y reducir el consumo. Un mejor funcionamiento para mantener unas prestaciones más que suficientes –205 km/h de velocidad punta y 9,5 segundos en aceleración 0-100 km/h, datos oficiales-, con un gasto de combustible real por debajo de los 6 litros/100 km.

En definitiva, un buen coche que cumple perfectamente su cometido como vehículo familiar válido para utilizarlo a diario y como transporte para los viajes de fines de semana y vacaciones. No destaca por nada en especial pero tampoco cuenta con puntos negativos que deban ser subsanados de manera urgente. Por precio y equipamiento se encuentra bien posicionado dentro de la media del segmento de los compactos.

3 Comentarios

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