Renault Laguna Coupé GT 2.0T 4RD

27 febrero, 2009, modificada el 9 febrero, 2011 por

Hacía años que la marca del rombo no contaba con un coupé “de verdad”, pero la carencia ha sido subsanada con el nuevo Laguna Coupé, bien concebido, cómodo pero diámicamente eficaz. Con motor de 205 CV aporta, además, mucho dinamismo.

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Ha tardado en llegar, para ser exactos desde tiempos de los Fuego y Alpine A310, pero por fin hay un coupé con el rombo en el frontal capaz de encarar con garantías modelos tan variopintos como los Alfa Romeo Brera, Audi A5, BMW Serie 3 Coupé, Mercedes-Benz Clase E Coupé o Peugeot 407 Coupé. Es evidente que frente a algunos de ellos la marca gala no puede oponer la misma prestancia, pero en la práctica el modelo aquí probado aporta una innegable dosis de exclusividad a partir de una estética elegante y bien definida conforme a los parámetros del segmento: líneas suaves y esbeltas, dimensiones considerables -mide 4.643 mm de largo por 1.812 de ancho y 1.398, con una distancia entre ejes cifrada en 2.694 mm-, dos únicas puertas carentes de marco no especialmente aparatosas de mover...


Claro está, deriva del Laguna berlina, pero al menos de un vistazo no tiene nada que ver con aquel. Eso sí, como veremos aprovecha toda su tecnología.

Interior

Las dimensiones que hemos recogido líneas arriba dan lugar a un habitáculo razonable para cuatro ocupantes, otra seña coupé. El diseño del puesto de conducción, por cierto bien planteado, es extremadamente simétrico al del Laguna berlina -aquí han podido las sinergías-, pero los asientos van fijados un poco más cerca del suelo para conseguir una sensación más deportiva.


Estos lucen una superficie amplia y confortable, tanto por firmeza como por sujeción. Los traseros, a los que se accede sin mayores apuros -los delanteros se abaten pero recuperan su posición- son aptos para dos pasajeros que, como mucho, se acerquen a 1,80 metros. De ahí en adelante mejor desistir, porque el golpe de la cabeza con el techo está asegurado al primer bache.


En conjunto, la calidad percibida es exclente: plásticos acolchados bien ajustados, superficies gratas al tacto y la vista, ergonomía estudiada -los controloes del climatizador, aunque pequeños, están centralizados en una elevada posición-… Robustez y refinamiento no son equiparables a la suntuosidad que rezuman sus rivales germanos, pero siendo sinceros no andan lejos, mucho menos desmerece -tiene detalles como pletinas decorativas de aluminio en el cuadro, en vez de las plásticas de otros Laguna- y se aprecia sólido para no dar guerra -como “grillitos”- cuando tenga unos cuantos kilómetros a cuestas.


Una cosa más: el maletero ofrece 423 litros -bajo el piso guarda una rueda de repuesto estrecha-, dentro de la media. Además, el respaldo posterior se abate por mitades para ganar versatilidad. Eso sí, la boca -no hay portón, sino una hoja de material plástico– es angosta por el elevado, apaisado y compacto diseño de la zaga, que también condiciona, y mucho, las maniobras hacia atrás -la visibilidad es más bien justita hacia ese ángulo-. Menos mal que el sensor de aparcamiento viene incluido en el precio básico.


El equipamiento lo sitúa a buen nivel: airbag de banqueta -para lograr mayor eficacia de los cinturones en los asientos delanteros en caso de impacto-, junto a los habituales frontales, delanteros laterales y de cortina, anclajes Isofix, ESP, monitor de presión de neumáticos, faros bixenón con capacidad direccional, parabrisas atérmico, tarjeta de acceso/arranque manos libres, cuero, freno de parking electromecánico -se desconecta al acelerar suavemente y se activa al quitar el contacto, aunque tiene un mando al efecto-, climatizador doble, audio con mandos tras el volante… De hecho, la carta de opcionales relega el sistema de navegación -por 1.031 euros- y la pintura metalizada -570 más- como únicas alternativas.

Comportamiento y Prestaciones

Renault ofrece el Laguna Coupé con motores dCi de gasóleo con 150, 175, 180 y 235 CV. La apuesta en gasolina es más humilde, pero satisfactoria: 205 y 238 CV.


Nuestra unidad se valía del primero de estos últimos, un 2.0 de cuatro cilindros sobrealimentado de inyección indirecta que libera, además, 300 Nm de par máximo -considerables- a 3.000 rpm. Rápido y solvente en toda la banda de funcionamiento, se aprecia especialmente enérgico desde 4.000 vueltas -el corte de encendido se sitúa por encima de 5.000-, y tiene una facilidad que pasma para mover cualquier relación insertada, por larga que sea y aunque el coche viaje moderadamente cargado.


Precisamente el cambio, manual, es de seis velocidades. Con desarrollos ajustados -a 130 km/h y en sexta la mecánica ya rota a 3.000 rpm-, no goza sin embargo de un accionamiento tan rápido y preciso -exhibe holguritas innecesarias- como sería deseable en un conjunto que, sin ser exactamente racing, pide guerra.


Una peculiaridad de esta variante, que se aprecia firme pero cómoda en términos generales, es su chasis con mecanismo 4RD o 4Control, similar al que Infiniti emplea en algunos de sus modelos. El esquema de amortiguación delantero es independiente; no así el trasero, que adopta un a priori sencillo eje torsional. Sin embargo, y aquí viene lo bueno, un motor eléctrico mueve las ruedas posteriores para lograr capacidad direccional.

En detalle, y desde 2 km/h hasta 60, giran en sentido opuesto a las delanteras para mermar el diámetro de giro y facilitar las maniobras en parado, callejeando… Se nota, no diremos que una barbaridad, pero sí lo suficiente para hacer del Laguna Coupé, de por sí es grande, un coche que se mueve y maneja con un dedo hasta en lugares pequeños y estrechos.


A partir de 60 km/h giran unos grados en el sentido de las delanteras para ganar agilidad. Es patente abordando con alegría virajes cerrados tipo paella o curvas enlazadas, pero también al ahuecar sorpresivamente el pie del acelerador en un apoyo acusado, situación en la que se inscribe con facilidad dentro de la trazada sin “regalarnos” coletazos o extraños, o al frenar sobre firmes desigules con las cubiertas pisando asfalto poco uniforme. Dicho de otro modo: habitualmente, y salvo que forcemos mucho las cosas, parece ir sobre raíles. El invento funciona y lo desmarca frente a la tecnología de la competencia. De paso, se complementa con unos frenos mordaces pero dosificables que soportan bien un trato exigente, y con una dirección agradable y precisa en toda circunstancia que rematan un conjunto atractivo y sugerente a partes iguales.

Destacable

– Motor progresivo y enérgico.
– Dinámica muy eficaz, pero confortable.
– Equipamiento bastante completo.


 

Mejorable

– Visibilidad posterior limitada.
– Tacto y guiado del cambio mejorables.
– Boca de carga angosta.

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